Inauguramos esta sección de relatos, a la que hemos llamado CUENTOS INDOCENTES. En ella  queremos recoger algunas letras propias o ajenas que de alguna manera estén relacionadas con esta tarea docente que nos ocupa. Cuentos in-docentes, jugando con el sonido de las palabras inexistentes, cuentos metidos dentro de nuestro cuerpo de docentes, que narran de nosotros y con nosotros. 

 


CANCIONES DE TIZA

 

(Relato de José Carlos Pino Jiménez)

In memoriam José Antonio Torija

(Profesor del IES Joaquín Rodrigo de Vicálvaro)

 

Había algo raro en el aula del edificio C este año. No supe lo que era al principio, pero me invadió una extraña sensación de vacío.

 

 

Recordé el día en que descubrí que no era el único en hacer repicar las pizarras a golpes de tiza. Es Tori, me dijeron los chicos, que le da todavía con más fuerza que tú. He de reconocer que en un primer momento debió de molestarme perder una exclusividad que no era tal. Pero pronto descubrí que era divertido jugar a una suerte de comunicación a través de la pared de cuyos lados colgaban sendas pizarras. Me resultaba gracioso pensar que mientras yo arrojaba docenas de corcheas sobre el encerado, al otro lado se despeñaban los números que con dificultad habían entrado en un problema. Me provocaba oír el golpeteo sonoro e insistente y aceleraba la resolución de un ejercicio o cambiaba de actividad con la excusa de replicar a la sutil llamada de Tori desde el otro lado. 

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C O R R E C T I V O

 

(Un cuento de José Carlos Pino Jiménez)

 

 

“nunca quiso este tiempo hacer mudanza de luz en sombra y frío”

A. G. C.

 

 

Cuentan que nada ocurre porque sí, y a veces hasta un escéptico incorregible como yo está tentado de dejarse convencer. Y es que andaba el otro día revolviendo papeles de mi tío -una de esas personas que a uno lo conducen al lugar que ocupará en su vida- en busca de unas partituras que quería ver si podían ser rescatadas del olvido. Y al remover en el desorden -sólo aparente- de aquella pila documental, cayó hasta el borde de la mesa, como quien resbala con elegancia, lo que parecía una carta. Desdoblé los pliegues medidos e intactos y me encontré con aquella letra estilizada y menuda, y en la tinta azul inconfundible de la pluma de mi tío.

 

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