En ocasiones hay temas que nos suscitan una reflexión más profunda o un reportaje más detenido. En nuestro blog dedicaremos ese espacio cronológico a ello e iremos anunciándolo en la  PÁGINA DE INICIO.

MORAL STAMINA

Esto se acaba, amigos. Nos quedaron muchas cosas de las que hablar; sabíamos que no daría tiempo y aún así lo intentamos, cegados por un idealismo imbécil que convertía una realidad imposible en un acto de heroicidad.

Leo a Pessoa y me veo reflejado en sus palabras, cuando dice:

 

 

 

De todo quedaron tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,

la certeza de que había que seguir,

y la certeza de que sería interrumpido

antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda… un encuentro.

 

No creo haber podido enseñar todo lo que podría; acaso estábamos empezando cuando, pluf, se terminó. Aunque también es verdad que en arte hay poco que enseñar, más es cuestión de aprender, practicando, indagando, experimentando y descubriendo. Creo que bastantes alumnos han podido descubrir esto gracias al cuaderno de artista que propusimos en Plástica en la última evaluación. Y por eso quiero a ellos dedicarles esta última entrada, por haberse lanzado a explorar mundos sin respuestas, superando el miedo a sentirse perdidos y dejándose ir con el lápiz o la pluma.

En mis tiempos estudiábamos que si una cosa caracterizaba al ser humano era la racionalidad, que nos diferenciaba de los animales. Más allá de la razón y como demuestra la música, la poesía, la pintura y en general todas las artes quisiera destacar nuestra capacidad de simbolizar como singularidad inherente al ser humano: es ésta la parte que encuentro más enigmática e interesante de nosotros mismos.

Se ha colgado hace poco en el mismo muro donde hemos ensayado posibles graffitis en el último mes un cartel con el ideario del Instituto. Nada más necesario para llevar a cabo una educación exitosa que conocer sus objetivos, el marco teórico que le da sentido.

Quiero acabar volviendo a como comencé en mi primera entrada, hablando esta vez no del profesor como agente que posibilita la educación dentro de ese ideario, sino del vínculo capaz de producirse entre el profesorado y el alumnado tras del cual se hace posible el aprendizaje de esas cualidades.

Educar tiene sin duda algo de artístico: desconocer cuál será el resultado final al comenzar (a pintar), tener paciencia para adaptarse en cada momento a las vicisitudes del proceso, saber asumir las contrariedades y acoplarse al ritmo de la obra. El alumnado no deja de ser un lienzo que se va configurando por sí mismo ante la presencia de un adulto que da pautas o aconseja. Podremos como profesorXs señalar u omitir las imperfecciones, pero no somos nosotros los que tenemos el pincel para pintar el cuadro y aplicarle los colores. Nuestro mayor cometido es crear unas condiciones en las que sea posible que la persona se vea en situación de querer expresarse, se sienta confiada para utilizar sus propios recursos y así, a medida que vaya “pintando”, la persona se irá dibujando a sí misma, conociéndose más y mejor, viendo incluso esa parte suya de sombra que le hace aborrecer parte de una materia (por ejemplo, el dibujo lineal, las derivadas e integrales, la química inorgánica o el Lazarillo de Tormes) y aún dándose cuenta de eso que no le gusta, siga buscando en su interior con la curiosidad como motor; porque es esa curiosidad la que nos impulsa a querer saber más de las cosas, a profundizar en los temas, a resolver los conflictos, conocer personas, lugares físicos y áreas de conocimiento; sin curiosidad nos estancaremos y nos conformaremos con el estado actual de las cosas. Y por eso constantemente buscamos algo con lo que saciar nuestra curiosidad, ese ansia de saber, de conocer, de experimentar… sensaciones, alegrías, risas, amores… a través de los amigos, las ciencias, el arte, la lectura, la novedad del sexo… y que también, a veces, nos trae decepciones, amarguras, sinsabores, decepciones, llantos y tristeza.

 

Todo esto es a lo que nos hemos expuesto en este curso: estados de muy diversa índole que nos van ayudando (a todos) a conocernos a nosotros como personas y también a la relación que entablamos con los demás. Y gracias a todo lo que hemos vivido, vamos creciendo y madurando, creciendo y madurando, creciendo y madurando… Así que ¡¡adelante!! Que el camino sigue…

 

Go ahead 

 

 NOTA: como todo es pasajero, “la columna de PACO” también morirá para poder regenerarse en un mundo paralelo; se preve su autodestrucción para el 30 de junio de 2017.

 

CATÁLOGO DE IMÁGENES DE TRABAJOS DE PLÁSTICA.

 

 

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MALWARE

Malware es el término que se usa en inglés para designar al software malicioso.

Por software se entiende cualquier aplicación instalable en un ordenador.

El problema del malware es que se instalan sin permiso del propietario, lo mismo que los graffitis que estamos dando en Plástica, que los dibujan los graffiteros sin permiso del propietario del muro que toman por lienzo. Por eso les explico a mis alumnos que el graffiti, por muy bonito y artístico que sea no es legal, mientras que la pintura mural, que se hace en un muro con autorización del propietario, sí lo es.

Esto, tan sencillo de entender, es algo que, sin embargo, a muchos no les han explicado en la escuela. No sé si se habrán fijado cuando caminan por la ciudad la cantidad de graffitis (a menudo ni siquiera con un mínimo sentido artístico) que inundan las paredes, basuras y mobiliario urbano. No es fácil reparar en ellos; a menudo nos cuesta ver esos pequeños detalles que pasan inadvertidos si uno no se fija mucho. Es necesario ir con el “chip” activado para darse cuenta. Pero fíjense y verán, porque los hay, nos rodean por doquier.

Una de las señas de identidad de los graffiteros es su inconformismo; el graffiti se realiza como símbolo de protesta, para reivindicar una serie de ¿cosas? (no me pregunten cuales) a una sociedad que no satisface las demandas de algunos ciudadanos. El graffiti es, en sí mismo, destructivo, porque rompe con el sistema pre-establecido y se jacta de ir “en-contra”… lo que no nos dice nos dejan claro es qué es lo que denuncia. Su intención se basa más en negar y rechazar la realidad, que en construir una nueva más armónica.

Volviendo al malware, quiero dejar clara la diferencia entre malware y virus. Mientras un virus te indispone para seguir con tu actividad normal, te impide seguir trabajando o hasta puede eliminarte archivos, el malware te permite continuar con tu actividad “normal”, sin dejar inutilizado el ordenador. El malware se conforma con infiltrarse entre los archivos e impedir una experiencia plena de navegación o de uso de los programas… más o menos como una ampolla en la planta del pie, que no te impide seguir andando pero convierte seguir andando en algo incómodo y hasta doloroso.

Cuando entra un malware en el ordenador uno actúa con normalidad; al principio molesta un poco que salgan ventanas emergentes que hay que ir cerrando, o que aparezcan archivos extraños que uno no ha creado ocupando espacio. Se soporta con un poco más de paciencia al principio pero, poco a poco, uno se va enfadando más y más, cuando ve que se convierte en rutina el tener que ir cerrando ventanas flotantes cada vez que se abre el navegador de internet.

Casi prefiero ese otro tipo de malware que, sin decirme a mí nada, recaba información personal de mis costumbres de navegación o incluso de mis datos personales. A mí, mientras no me entere, la verdad, que no me importa. Lo mismo que mi madre, que a veces le tira a mi padre la caja del vídeo beta o las instrucciones de la nevera de hace 20 años que ya no está en garantía porque, total, para que estén ahí ocupando espacio, mejor limpiar.

Ignorar el perjuicio que a uno le hacen, a veces puede aliviar el daño. Sin embargo, mi amigo informático al que llevo el ordenador una vez al año, para hacer limpieza no opina lo mismo. Para él es mucho peor un virus que te destruye la información que un malware, con el que puedes convivir y seguir trabajando, por muy molesto que sea. Yo siempre le digo: “Mira Juan, a mí que se me meta alguien en mi vida sin yo darle permiso me parece un ataque a mi intimidad; me lo formateas entero y ya está…”.

Recientemente hemos sufrido según los medios de comunicación un ataque de un virus a gran escala que ha afectado a los ordenadores de grandes empresas e instituciones. Yo creo que ha sido más la alarma que el perjuicio real provocado. Aunque, la verdad, lo desconozco. Los medios de comunicación es lo que tienen, que a veces pueden crear una enorme onda expansiva de una mosca que ha caído en un vaso de leche.

Lo que sí es cierto, según informes oficiales es que los ataques cibernéticos están creciendo de forma exponencial en los últimos años. Y si hay tantos graffitis y tanto malware malintencionados yo creo que es porque algo “falla” en la sociedad que cada vez hay más gente disconforme que no sabe cómo dar escape a su frustración. Y es por ese descontento que algunos intentan llamar la atención para que nos fijemos en su dolor y su sufrimiento, porque necesitan que todos nos demos cuenta de lo mal que lo están pasando. Supongo que cuando uno no está a gusto, consuela ver que los demás tampoco lo están.

Por eso considero yo importante saber sobrellevar la angustia, la desazón, el desánimo, porque si no aprendemos a convivir con el dolor, no podemos diferenciarlo de la satisfacción y el bienestar y dejaremos que nuestras acciones se impregnen de ese malestar que, inevitablemente, se contagia.

Pero claro, para aceptar el dolor también hay que saber “ablandarse”: porque hay quien se percibe duro y seguro de sí mismo, como una piedra y en su convicción de que “tiene la razón” no se da cuenta de que es incapaz de cambiar, de asumir las críticas, las verdades bien dichas y entonces cuando alguien le dice algo que le causa dolor se pone a la defensiva y piensa que le están atacando… y a veces hasta ataca para no sentir su propio dolor. También los hay a los que ya todo “les resbala”, y ni siquiera se inmutan cunado le dicen algo (con ellos no va la historia). Y por último estamos los más “débiles”: aquellos a los que todo nos afecta, probablemente más sensibles pero también más inseguros; somos los que peor lo pasamos, porque no podemos evitar sufrir con el mínimo atisbo de dolor, a veces nos basta con imaginarlo.

Alguien a quien tengo cada día en más alta estima me sorprendió esta semana detectando en mi respiración cierta inquietud (¿podría ser la inquietud una forma de dolor?). Es curioso ver que hay gente que puede solo con sentirte percibir tu estado, sin mediar palabra. Según parece todos estamos expuesto a algún tipo de bloqueo respiratorio: unos abusamos de la inspiración y lo reflejamos con una postura corporal contraída, porque creemos que nos va a faltar el aire; otros abusan de la espiración y se muestran corporalmente “aplatanados”, tienden más a la relajación o al esparcimiento, sin saber que también pueden ocupar su espacio en el mundo.

Un ejercicio genial para liberarse la contracción para aquellos que sentimos que nos ocupan el espacio es soplar (véase el punto 7 de este link7 ). Por eso creo yo que soplamos las velas en las tartas de cumpleaños, porque así mientras soplamos, echamos todo el estrés del año y podemos comenzar otro año más vaciados de todo lo malo que nos ha pasado. Y por eso, seguramente, cuantos más años cumplimos más velas ponemos, no porque seamos más viejos, sino porque el paso de la vida trae siempre muchas amarguras y tenemos que dedicar más tiempo a soplar para echarlas fuera.

Y así, sin saberlo, el niño inconscientemente se sopla el dedo cuando se hace pupa pensando que así se le va a pasar el dolor; o resoplamos los adultos ante una dificultad muy grande, para aligerarnos de la carga que se nos avecina.

Pero hoy no quiero explayarme mucho, que estamos en época de exámenes y yo también tengo mucho que estudiar. Así que les voy a ofrecer un final abierto a mi entrada, para que ustedes mismos decidan como quieren terminar, así de paso demuestro a mi querida Pilar que la voluntad y la fe puede mover montañas :D.

Con lo que para terminar, les dejo a elegir el final de la entrada…

Si usted desea terminar esta entrada sabiendo más sobre: Cómo puede ayudar a su hijo/a el sencillo acto de soplar pulse aquí

B)  Si usted quiere conocer cómo puede ayudarle en su vida asumir el dolor pulse aquí

C)  Si no quiere leer tonterías y usted lo que quiere es arreglar su pendrive porque se le ha infectado con un malware que le ha convertido las carpetas en accesos directos, pulse aquí

 

 

Y por hoy, fin, Suerte a todos y todas con vuestros menesteres de fin de curso ;)

A LAS MADRES

Hay algo equivocado en “el día de la madre”.

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Hoy tengo miedo de escribir, no por mí, sino por mis lectoras, por cómo puedan recibir estas palabras. Probablemente la reacción que más me asuste de todas sea la de mi propia madre, que también “me sigue en el blog”.

Cuando alguien me dice que “lee lo que escribo”, no sé bien qué contestar; lo recibo con perplejidad, porque no sé en realidad qué quieren decir con eso ¿será buena o mala señal? Lo cierto es que reconforta saber que alguien me escucha; aunque el propósito de escribir para mí es, sobre todo, catártico (escribo más para liberarme que para ser comprendido) es extraño darse cuenta de que la difusión en una plataforma como ésta tiene necesariamente una repercusión. No es que ello vaya a hacerme cambiar. Afortunadamente este centro da cabida a todas las opiniones y es muy pluralista en ese sentido, así que me siento lo suficientemente libre como para expresarme sin restricciones.

Sin embargo, debo confesar que una de las opiniones que sí me influye y de las que me resulta más difícil liberarme es la de mi madre: a menudo me dice después de leer mis entradas que aprenda a ser más sintético, que me voy por las ramas contando historias, que empiezo con una idea y voy enlazando otras sin orden ni concierto y que al final todo queda confuso y no se comprende bien el tema, el mensaje… ¡¡como si hubiera un mensaje que comprender!! Yo me siento honrado de que por lo menos me lea, y que ejerza su crítica, porque eso es señal inequívoca de que se interesa por mí y nos comunicamos, aunque lo cierto es que hace ya mucho tiempo que dejé de aspirar a que me comprenda. Dos personas que piensan diferente no pueden nunca llegar a comprenderse; todo lo más se aceptarán. Y ese esfuerzo, el de quererme tal como soy, es el que yo reconozco que mi madre ha hecho siempre y por el cual le estaré eternamente agradecido.

Y por eso mamá, porque te quiero mucho, escribo esta entrada pensando en ti, aunque te pueda doler, para que entiendas que no por ser madre mía mi vida va a depender siempre de la tuya al igual que la tuya puede ser independiente de la mía. Así que con esa idea de soltar y dejar ir me gustaría que aceptes estas letras no como puñales que hieren sino como manos tendidas que desaparecen para que tu niño interior aprenda a sujetarse por sí solo sin ayuda de nadie.

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Decía E. Wenger en un libro sobre comunidades de práctica que si queremos innovar nuestra visión de futuro, debemos de olvidar nuestras estructuras mentales y adaptarnos a nuevas maneras de pensar, porque si mantenemos un patrón establecido de pensamiento, no seremos receptivos a nuevas ideas y nos parecerá descabellado todo lo que se salga de las estructuras previamente asumidas.

Es por eso que he empezado la entrada de hoy con una frase tan ¿desagradable?, para intentar dar una vuelta de rosca a la monotonía de un día que se ha convertido, como el de los enamorados, o el del padre en una tradición con cierto tufillo comercial. Así que siguiendo el ejemplo de autenticidad que nos dio Daniel en su presentación del libro, espero siendo claro desde el principio, poder desafiar los mecanismos cursis y sentimentaloides que se ocultan detrás de la institucionalización de un día dedicado a las madres.

En relación a la condición de madre, hace poco terminé de ver la tremenda serie Happy Valley. Salí tan excitado como conmocionado de ver cómo la protagonista (una mujer sargento de policía) sacrificaba su vida si hacía falta por vengar la muerte de su hija. Bien podría aplicársele - aunque con mucha más clase y autenticidad - la horripilante frase de la incalificable Belén Esteban de “por mi hija mato”. No obstante y por poco que me guste Belén Esteban, lo cierto es que se esconde una gran verdad detrás de esa rotunda afirmación y es que el vínculo que une a una madre con su hijo/a es de una fuerza indestructible. En la serie en cuestión la sargento Catherine muestra una iniciativa y valor que muchos hombres quisiéramos para nosotros; no sé si es innata esa resistencia infatigable ante un entorno hostil, pero tal como aparece retratada, yo diría que es la muerte de su hija el detonante de tanta fortaleza, como si a partir de entonces, se hubiera dado cuenta la madre de que, sin su hija, ya no es nada. Incapaz de olvidarla, encomienda su vida a hacer justicia persiguiendo al causante de su muerte y comienza a cuidar de lo único que le queda de ella (su nieto) a pesar de que éste le haga revivir el recuerdo de las dramáticas circunstancias de su pérdida.

A la inversa, también el traer una madre al mundo a un bebé es algo que veo, por experiencia ajena, que confiere a la mujer una fuerza sinigual. Me viene a la cabeza aquella madre embarazada que visitaba la academia en la que nos preparábamos para la última oposición de Secundaria que, lejos de sentirse cansada, tenía la firme convicción de sacarse una plaza para asegurar el futuro del retoño que estaba por llegar. Y vaya que si sacó la plaza, no hubo nadie que la superara… Mi madre también sacó su plaza de funcionaria estando embarazada, para que luego digan que se discrimina a las mujeres en el mundo laboral.

Desde mi ignorancia para comprender cómo es el contacto con un ser que ha salido de tus entrañas diría que debe tener algo reptiliano, como el rabo de la lagartija, que una vez separado del cuerpo, sigue moviéndose como si estuviera en incomprensible conexión con el cuerpo del animal del que se ha escindido. La controvertida discusión sobre si los gemelos univitelinos sienten lo mismo o no, se torna indiscutible cuando se trata de hablar de los sentimientos de una madre hacia su hijo. Erich Fromm lo describía como “amor incondicional” al amor que una madre profesaba por su hijo, porque no se pone jamás en duda, independientemente de si el objeto amado se comporta de una manera o de otra.

Tal vez radique ahí el sufrimiento de una madre cuando quiere a un hijo, en que, precisamente, haga el vástago lo que haga, ella está perennemente “condenada” a quererlo.

Trayendo a colación planteamientos teóricos de la psicología - de esos que tanto me gustan -citaré aquí la teoría de las relaciones objetales, que establece que la evolución del infante pasa por un estado inicial de estado de fusión indiferenciada con la madre que va desarrollándose progresivamente hacia una mayor autonomía como individuo hasta darse finalmente la separación plena, que ocurre cuando la persona se forja con un Yo diferenciado. Ni que decir tiene que este proceso, por muy espontáneo que sea no está exento de crisis y es probablemente en la adolescencia donde más evidentes se hagan, debido a la necesidad del adolescente de adquirir su propia identidad.

También conviene decir que en España las estancias de los hijos en la casa de sus padres se prolongan por mucho más tiempo que en otros países del mundo, lo cual muy posiblemente influya en que haya más tiempo de convivencia, con el consiguiente peligro de originarse disputas familiares. La obligación de compartir un espacio conjunto hasta una edad avanzada es lógico que produzca tensiones en los vínculos familiares cuando llegados a un punto, cada uno necesita su “espacio” en unos pisos que tienden a ser cada vez más reducidos debido al alto precio de la vivienda - la culpa siempre es de los políticos, ya se sabe -.

Cuando hablo con algunos alumnos, padres o madres a menudo me asaltan recuerdos de mi propia infancia y de cosas que me decía mi madre. Pero me cuesta, si me preguntan, dar consejos sobre cómo puede actuar una madre con un alumno, porque ni creo estar capacitado para ello ni me gusta intervenir en cómo debe nadie educar a sus hijos. Aunque imagino que en el fondo, debe ser parecido a cuando pintas, que a veces uno está tan saturado ya después de haber pasado tanto tiempo enfrente del lienzo, que necesitas que alguien te haga alguna observación para separarte un poco y observar el paisaje desde la distancia, sin afectación.

En mi caso el problema es que nunca me separé lo suficiente del cuadro y por eso nunca supe diferenciar lo bueno y lo malo que había en cómo actuaba mi madre. Para mí ella siempre fue divina, la única y la mejor. En mi memoria aún guardo las pocas peleas que tuve de pequeño en el colegio, que siempre e indefectiblemente tuvieron la misma causa: En mis tiempos cuando alguien quería ofenderte te insultaba abiertamente, porque aún no existían métodos tan sofisticados como el internet y todos sabían que las agresiones físicas tenían consecuencias graves que era mejor evitar. Así que la palabra era la única forma que quedaba de agredir. No era yo un alumno dado a los conflictos, más bien me recuerdo como alguien alegre, pacífico y trabajador pero esa forma de ser tan cordial y “modélica” según algunos profesores levantaba inevitablemente  las envidias de otros compañeros; así es que a veces, solo a veces, fruto de esas envidias, me acuerdo que fui objeto de insultos por parte de los “peores de la clase”, cuando me negaba a prestarles los apuntes en víspera de exámenes; impotentes al ver que no me dejaba soliviantar por unas cuantas palabras malsonantes, sí que hubo una vez en que, tras hacer caso omiso de todos los improperios que me decía uno, estallé para mi sorpresa instintivamente cuando me llamó hijo de puta abalanzándome sobre él con toda mi rabia. No recuerdo cuáles fueron las consecuencias pero sí que guardo mi satisfacción de haber dado su merecido a aquel desgraciado. Es curioso: ni su nombre ni su cara me vienen ahora a la memoria; solamente la sensación… ¡Parece mentira cómo se advierte en estos automatismos la reciprocidad de un hijo hacia el amor de su madre!

Y a esto es a lo que voy cuando me refiero a lo erróneo de haber acuñado un “día de la madre”, como si de una mártir se tratase que hubiera que santificar, que soporta carros y carretas sin inmutarse lo más mínimo, sin objetar lo más mínimo. Lo que importa no es la madre prototípica e idealizada que se ha convertido en arquetipo social de la bondad sino la relación que, cada uno, hayamos tenido con la nuestra, que no tiene por qué ser ni siquiera cercana a la que nos venden con frases estereotipadas del estilo “madre no hay más que una” o “amor de madre”.  Porque por muy santa que sea una madre, también ellas tienen derecho a ser malas, a pensar en ellas mismas y ser egoístas y a no estar siempre pendiente de los demás para que lo estén más de ellas, de lo que quieren y desean, o de aquello que les falta por haberse entregado, tal vez en demasía, a los demás, prescindiendo incluso de sus anhelos para satisfacer los de otros.

 

Así es que desde aquí me niego a celebrar el día de la madre, como si de una ceremonia de pontificación se tratase en la que encumbrar a la madre como objeto. Porque tampoco todas las madres saben hacer lo mejor para sus hijos, por mucho que lo hagan lo mejor que puedan y sepan. A veces, de hecho, también una madre terriblemente buena puede resultar “terriblemente mala”. Pero, sobre todo, me niego a entender la maternidad como la máxima realización de una mujer, y por eso, ruego a todas las madres, empezando por la mía, para que no se preocupen de si lo han hecho bien o mal; preocúpense menos por los demás y no se olviden de sí mismas, tengan sus proyectos de vida, independientemente de los de su familia y sobre todo, no se decepcionen si, como a veces ocurre, los hijos no satisfacemos vuestros deseos incumplidos. Porque mamá: “Yo soy yo y tus sueños sueños son”.

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NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA

Queridos lectores:

 

Hoy traigo buenas noticias: ¡¡Todavía estamos a tiempo de mejorar el mundo!!

 

Me he levantado esta noche a mitad de un sueño de esos poco comprensibles en los que mi compañero Alberto y yo íbamos puerta por puerta haciendo preguntas a gente desconocida para que participasen en una quiniela. De repente me he encontrado preguntándome a mí mismo “Y ¿para qué hacemos esta “porra”?”. E instintivamente he abierto los ojos de súbito. Al despertarme estaba aún la radio encendida a un volumen que, comparado con el silencio de la noche, resultaba algo molesto por el contraste que suponía. Así que he alargado la mano para apresurarme a apagarla; en lo que extendía mi mano al interruptor, me he dado cuenta de que hablaban en la noticia que se emitía de las “porras” de unos policías durante un ataque a unos insurgentes. Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia en el significante entre las palabras en la radio y las que yo pensaba en mi sueño. ¿Será posible que puede haber tal conexión entre mi persona interna y el entorno externo cuando duermo? Sin duda este hecho lo sugiere. Otra cosa sería poder probarlo… Y si fuera así, imagino que podría pasar con todos los seres humanos, porque aunque sí es cierto que soy un poco “bicho raro”, tampoco creo que sea tan especial como para que este hecho solamente se manifieste en mí, como si fuera uno de los personajes de la serie “Héroes” con “superpoderes”.

En eso de probar científicamente estoy yo precisamente ahora. Me está costando horrores ponerme a escribir este año el supuesto último trabajo que tengo que hacer para la Universidad. No paro de leer; tengo ya información como para diez trabajos, pero escribir… ay, amigos, escribir es otro cantar. Lo postergo todo cuanto puedo con el afán de no escribir palabras banales, de darles consistencia y carácter de verdad. El conocimiento científico es algo muy serio y no se puede frivolizar con él. En los últimos años en la Universidad cada vez se ha ido incrementando más la importancia de investigar. Ya no solo vale con “dar clase”. Esta fiebre por saber más y más la padecemos también los estudiantes, que, cada vez más, nos vemos abocados a escribir más trabajos y menos exámenes. Seguro que gran parte de mi alumnado se alegrará de conocer estas noticias…

 

Sea como fuere, el azar ha entrado en juego entre sueño y sueño y me ha hecho retomar el contacto en estos días con una antigua amiga a la que le inquieta bastante encontrar leyes universales que den sentido a la vida. A través de ella he sabido de una teoría algo extravagante aunque también extraordinaria que, según parece, se ha probado recientemente por la comunidad científica. Se trata de la “Teoría del Desdoblamiento del Tiempo” de Jean Pierre Garnier Malet. Sin ningún ánimo proselitista voy a aprovechar este espacio para comentarles algunas conjeturas que hace el científico francés, a ver qué opinan: lo que postula el Sr. Garnier no es sino una aplicación práctica de la teoría de la relatividad, que además no es nada nuevo, pues ya en la Edad Media en la época de los Templarios se tenía conocimiento de la capacidad de la persona y del tiempo de desdoblarse. El secreto parece radicar en abandonar la noción de tiempo real como algo continuo y asumir la existencia de aperturas temporales entre instante e instante a una velocidad mucho más rápida que la que habitualmente vivimos. Algo así como lo que ocurre con el tiempo paradójico durante los sueños, del cual tenemos una percepción totalmente diferente a la que percibimos en estado de vigilia. Así, de igual modo que podemos soñar historias largas en milésimas de segundo, podría entenderse a través del pensamiento la posibilidad que tenemos de ser varias personas en una. El pensamiento, en este sentido, es la función creadora de energía que hace materializarse en actos algunas de las posibilidades que pasan por nuestra cabeza. Por tanto, podría decirse que el mero pensamiento es, de por sí, energía pura que promueve la realización, atrayendo hacia nosotros que ocurra una cosa u otra, dependiendo de cómo sea nuestra manera de mirar la vida.

 

Algo así pensé yo justamente en una de las reuniones que celebró uno de los muchos Sindicatos antes de Semana Santa para informarnos al profesorado de los cambios que se habían acordado en la Mesa Sectorial con el Gobierno para esta legislatura. En varias ocasiones surgió la frase “El enemigo es la Administración” y yo no hacía más que pensar. “¿Tan mala es la Administración?”. Y por más que lo pensaba, me parecía más perversa la persona que decía la frase que la Administración en sí. Con ganas me quedé de decir a unos cuantos: “¡¡Tú sí que eres malo, por hablar mal de la Administración!!” pero me callé por cobardía, porque pienso que no soy lo suficientemente valiente para defender a la Administración.

Sí que me vine con ganas de transmitir a mis alumnos/as que, por favor, no piensen que el profesorado es “el enemigo”, porque todo lo contrario: estamos para ayudar y queremos ayudaros. A pesar de las regañinas, los castigos y las malas notas que a veces podamos poner, nuestro fondo es siempre benevolente y si veis que no lo es, por favor, hacérnoslo saber desde el respeto. “Escuelas activas de educación respetuosa”, según he sabido estas vacaciones, hay ya bastantes por toda la geografía española, y me alegra mucho saber que las tendencias que desde el Equipo de Convivencia del IES Alfredo Kraus se implantan, van siendo extensivas como ideario educativo en otros centros. Pero eso es tema de otro artículo que no quiero abarcar ahora mismo.

 

Lo más interesante que quería comentar sobre la Teoría de Jean Pierre Garnier es que todo el mundo tiene acceso a ese doble temporal que materializa quién habla y actúa por uno a través del pensamiento y también que es cuestión de decisión propia encontrar qué parte del yo queremos que se materialice en nuestro cuerpo en cada situación.

Para ello, según se cuenta, se utiliza el mismo principio vital que utiliza el bebé para mamar leche del pecho de su madre, es decir, esencialmente es instintivo, como instintiva es la reacción que solemos tener cuando de adultos damos respuesta a las preguntas que se nos plantean. El único inconveniente es que a menudo que vamos creciendo, vamos aumentando el hábito al dar respuestas, de modo que tendemos a recurrir siempre al mismo “yo desdoblado” para que nos ayude a elegir entre el amplio abanico de posibles respuestas. De este modo, si una persona se acostumbra a utilizar el patrón de la queja, acabará por estar siempre quejándose de la temperatura, por ejemplo, que puede hacer en un sitio, o de lo sucio que está o del poco tiempo que tiene para comer o hacer los deberes, o de lo mal que le salen las cosas. En cambio, si uno tiene el patrón de la alegría dará igual si hace sol, nieva o llueve, que siempre verá un motivo para pasarlo bien, y si se le pierde un cuaderno verá en ello la oportunidad de comprarse uno nuevo más bonito o si le dan exceso de trabajo, verá la ocasión de aprender más o, porqué no, de poner límites y decir “ya no más, que estoy saturado”.

En realidad todo depende de con qué “yo desdoblado” quiera uno hablar.

 

Le preguntan al Sr. Garnier en una entrevista que está publicada en internet - de la cual no pongo el link porque estoy hoy perezoso - si él sabe reconocer a la gente que está más en contacto con su “yo desdoblado”. Como él es francés contesta “bien sûr” y dice seguidamente que “los niños son los que más fácil acceso tienen al yo desdoblado”, porque son capaces de estar llorando en un instante y riendo al momento siguiente. Y pensando, pensando, me doy cuenta de que también yo he experimentado este cambio tan radical en las maneras de ser que tan extraño sería en un adulto: porque tras una semana de muchos enfados después de dar las notas parece de repente haberse acabado la convulsión emocional y hemos llegado a Semana Santa con unas clases en mucha calma y mucha paz. Y no sé si será por el viaje de inmersión de los grupos de 1º, la llegada de la Semana Santa que vuelve a todos más “buenos” o porque aún no está del todo forjada la personalidad de los alumnos y son capaces de adoptar posturas y formas de ser diversas en función de la circunstancia. Me gusta pensar que es más por esto último, porque no se aferran a ser de una única forma y saben mirar también qué viven y experimentan los demás antes de elegir qué “yo” desean manifestar.

 

Y es más, estoy casi seguro, porque así me lo demostraron el año pasado un grupo de alumnos de Diver, que me dio a conocer los documentales del “Zeitgeist”, de que ellos saben de esto mucho más que yo. Y con ese convencimiento volveré a clase no porque haya ido a la Iglesia y me sienta muy buena persona, sino porque sé que no soy yo el que les va a enseñar cómo aprender y adaptarse al mundo, sino que son ellos los que van a elegir qué quieren aprender. Lo único que puedo hacer yo es ofrecerles un camino posible, más o menos agradable, bonito o feo. Decidir si tomarlo (o no) es solo cuestión de que cada alumno dialogue con su “yo desdoblado” y vea cómo quiere actuar.

 

Feliz regreso a las aulas a todos mis alumnos/as lectores y a sus lectores desdoblados. Recordadles, por favor, que os recuerden llevar el cuaderno de artista, el lápiz blando, la agenda y las ganas de experimentar. :D

 

 

 

 

Dedico este artículo a Pilar, por todo el tiempo que llevamos compartido dentro y fuera del centro. Gracias, Pilar, por tu preocupación en difundir mis pensamientos, que de otra manera se quedarían solo en eso, pensamientos. Y gracias también por modificarlos de vez en cuando voluntaria o involuntariamente. Me gusta saber que hay un filtro entre lo que pienso-escribo y lo que se publica. Me da mucha tranquilidad. Ojalá podamos seguir materializando ideas no uno, sino muchos años más ;). Un abrazo sin manchas y con mucho glamour para ti.

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TALLER AFECTIVO-SEXUAL CON ADOLESCENTES

En el Kraus entendemos la educación como un todo. Educación holística, se llama ahora. Una educación basada en el conocimiento, el espíritu crítico, la relación con el mundo y con la persona misma. Y en esa dimensión humana entra de lleno la educación afectivo-sexual. En ningún caso pretendemos suplantar el papel de la familia en este sentido, sino complementarlo, ofrecerle otros cauces y otras visiones.

Los chicos y chicas son reacios a hablar sobre estos temas en casa y, a la pregunta de ¿pero esto lo hablas con tu  padre o tu madre? siempre chocamos con un rotundo y casi unánime Noooooooooo, me resulta muy incómodo.

Y la realidad es que en plena era de la comunicación, cuando todo está a golpe de clic, la desinformación es casi la misma que en nuestra época. Porque efectivamente la información está al alcance de un ratón o un smartphone pero ¿a qué información acceden? ¿con quién contrastan? ¿quién les hace esa curación de contenidos, tan de moda hoy?

Un taller de estas características puede parecer controvertido, pero siempre nos parece fundamental para el alumnado de estas edades, sobre todo si sirve para desmontar falsos mitos, desterrar tabúes y avanzar hacia una aceptación normal y plena de la propia sexualidad.

El curso pasado las familias tuvisteis ocasión de tener un taller con Lupe García Rodríguez, educadora y sexóloga, y de ella surgió el compromiso de que interviniera en el aula. Este curso nos encontramos con que nuestro alumnado tiene un año más y mil preguntas más; tienen más interrogantes y más situaciones en los que planteárselos. Así que, a instancias de Lupe, instalamos un buzón de preguntas anónimas que recogimos para luego pasárselas a ella y sobre ellas montar el taller. Las preguntas están recogidas íntegramente en la presentación que tenéis a continuación y que, os dará idea del desconocimiento de muchos y la madurez de otros.

Y con todas nuestras preguntas y nuestras ganas de respuestas nos embarcamos esa mañana con 60 personitas por sesión en las que resultaba difícil contener el nerviosismo, las risas, los comentarios, los cuchicheos, los gestos...

Podríamos contaros mil anécdotas, mil situaciones cómicas o cuanto menos, curiosas. Pero hoy nos interesa sacar conclusiones que nos puedan servir para seguir acompañando a estos chicos y chicas en este difícil momento de la adolescencia.

El momento en el que se sitúan estos chicos y chicas es muy distinto para unos y otras. Algunas chicas comunican mediante lenguaje no verbal su todavía rechazo al sexo, en tanto que otros asienten cuando se habla de temas que les interesa y empiezan a conocer. Seguramente las conclusiones que sacaron fueron muy distintas en ambos casos.

El tema del AUTOCONOCIMIENTO es fundamental en ambos sexos; pero en el caso de las chicas por razones obvias, el desconocimiento de su cuerpo, incluso el claro rechazo a hablar de ello, resulta muy significativo. Lupe les habló con claridad de su cuerpo, de sus órganos sexuales externos que apenas conocen y que ni siquiera saben nombrar. A todo el mundo le quedó claro lo que es el CLÍTORIS (a pesar de sus variantes como clitorix y clitrix, con el que lo vimos nombrado), pero nadie parecía saber de su existencia con anterioridad. Que el primer paso para tener una futura sexualidad sana, compartida y satisfactoria es el autoconocimiento fue una de las ideas en las que más se insistió y que les quedó muy clara.

La ORIENTACIÓN SEXUAL diversa y asumida desde el respeto tanto en las familias como en sus propios ambientes, fue también otro de los temas tratados. Una pregunta que siempre aparece es ¿cómo abordarías tú la homosexualidad de tu amigo o amiga? ¿cómo afrontarías la tuya propia? ¿cómo lo asumirían en tu familia?... Resultaría interesante que nos paráramos también las personas adultas en ella.

Las dudas en cuanto a las PRIMERAS RELACIONES y las PRÁCTICAS SEXUALES fueron muchas. La sexualidad que se nos vende en los medios está centrada en el coito rápido, inmediato, y por supuesto, satisfactorio para ambos. Nuestra educadora intentó hacerles ver que la sexualidad es mucho más amplia que eso, que no hay por qué abordarla centrada en ello, sino como algo más complejo en el que caben muchas más formas de comunicación en pareja.

Que no hay que tener prisa para hacer NADA PARA LO QUE NO ESTEMOS PREPARADXS fue también un punto fundamental. No hay que hacer nada para lo que aún no te sientas preparadx, ni siquiera por presión social o de la pareja. Intentar saltarse etapas e ir directamente a aquello que vemos en las pelis puede llevarnos a la frustración y a la insatisfacción.

En este sentido cabe hacer un inciso para recalcar el mensaje que dio, sobre todo a las chicas: si tú no estás preparada, no te apetece, no quieres hacerlo... SIEMPRE TIENES DERECHO A DECIR NO. NO es NO, incluso aunque hayas llegado a un punto del que no quieres pasar. La realidad nos indica que muchas veces las chicas se sienten coaccionadas por el chico para hacerlo Porque si no, no me quieres, Porque todas lo hacen, Porque eres una estrecha...Y ahí no solo tenemos que educar a las chicas, sino también, ojo, a los chicos. La violencia de género en los adolescentes tiene mucho que ver con todo esto.

Si tuviéramos que hacer un balance de lo que vimos y oímos podríamos quedarnos con el lado negativo de que cuarenta años después de haber vivido una educación marcada por la represión y la culpa en el tema del sexo, quizá se ha eliminado el elemento represor y pecaminoso; pero los miedos, la desinformación y los tabúes son muy parecidos. Pero también podemos destacar y quedarnos con el lado positivo y pensar que la actitud a la hora de preguntar, la comodidad con la que se sentían la mayoría, a pesar incluso de la presencia de sus profesoras y profesores; la curiosidad no cercenada,  nos invitan al optimismo y a pensar que están en disposición de informarse adecuadamente y crecer hacia esa plenitud que les hará personas maduras para vivir su sexualidad y sus relaciones de forma sana.

Por último quisiéramos incidir en el hecho de que:

HABLAR ABIERTAMENTE DE SEXO NO IMPLICA QUE LES ESTEMOS ANIMANDO A ELLO, 

SINO QUE LES ESTAMOS DANDO HERRAMIENTAS PARA VIVIR SU SEXUALIDAD

DE MANERA PLENA Y MADURA.

HABLAR DE ORIENTACIONES SEXUALES DISTINTAS NO SUPONE QUE LES ANIMEMOS A TOMARLAS, SINO A RESPETARLAS.

HABLAR DE PREVENCIÓN Y ANTICONCEPCIÓN NO INVITA A QUE LOS USEN,

SINO A SER MÁS CONSCIENTES DE LOS PELIGROS.

 

Muchos de los profesores y profesoras tuvimos que continuar resolviendo sus dudas, que seguían siendo muchas, cuando volvieron a clase; pero ahora os toca a vosotros, queridos padres y madres. Si con sus profes son capaces de hablar abiertamente es porque saben que no los vamos a juzgar y que les vamos a responder. Busquemos pues el ambiente adecuado y sereno para que puedan hacerlo también en la familia.

En el Kraus siempre hemos apostado por la educación compartida y la comunicación con vosotros y vosotras. En este partido nosotros hemos lanzado el primer balón, ahora os toca recoger y dirigir los rebotes.

 

Por último, no quisiéramos terminar sin agradecer a Lupe su dedicación, su esfuerzo a pesar del ambiente, su claridad y su empatía con nuestros chicos y chicas. Seguro que volvemos a tenerla en el Kraus.

 

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HISTORIA DE UNA VIDA

Con motivo del 8 de marzo, el Día de la mujer, algunas mujeres cercanas nos han aportado su visión y su experiencia personal como mujeres. 

La presencia de Mari Carmen, la abuela de una de nuestras alumnas nos ha conmovido particularmente. Escuchar su experiencia de mujer luchadora nos ha encantado y ella ha querido compartirlo con nosotros.

GRACIAS MARI CARMEN

 

Buenos días, vengo a contaros cuál ha sido mi experiencia en el mundo laboral, para que podáis ver las diferencias que existen entre mi época y la época actual en relación a las mujeres trabajadoras.

Yo nací y me crié en Segovia, una pequeña ciudad cerca de Segovia. Cuando tenía 14 años, más o menos la edad que tenéis ahora vosotros, dejé de estudiar. Yo era buena estudiante pero en aquella época era muy habitual que las familias decidieran que las chicas dejaran de estudiar con 14 años, bien para ponerse a trabajar y ayudar a sus familias o para quedarse en casa con las madres y así aprender las tareas de una casa para cuando ellas tuvieran una familia y una casa.

En el caso de los chicos era diferente, la mayoría de las familias permitían que los chicos siguieran estudiando para que así aprendieran un oficio con el que en el día de mañana pudieran ganar dinero y mantener a una familia.

Mi familia como la mayoría decidió que yo dejará los estudios, pero en vez de quedarme en casa con mi madre buscaron un taller de costura donde yo pudiera aprender el oficio de modista. En este taller no me pagaban, se supone que ya estaba pagada aprendiendo a ser modista; sin embargo, en los dos primeros años que estuve allí mis únicas tareas eran barrer el taller, comprar botones y entregar la ropa que las otras modistas cosían en casa de las clientas. Mi horario era de 9 de la  mañana a 8 de la noche.

Hasta el tercer año de estar allí no me empezaron a enseñar a coser. Yo estaba contenta, tenía muchas amigas que habían dejado el colegio al mismo tiempo que yo y que no hacían otra cosa que estar en su casa con su madre aprendiendo las tareas de la casa, yo estaba prendiendo un oficio aunque no me pagaran por ello.

En Segovia había un par de fábricas y había muchas chicas de mi edad que trabajaban en ellas, mi madre prefería que estuviera en el taller de costura a que trabajara en una fábrica y a mí me parecía bien.

Después de 3 años en el taller, con 17 años, tuve la suerte de entrar a trabajar en una tienda de ropa y de mercería que abrieron nueva en Segovia. Yo estaba muy contenta, el horario también era desde las 8 de la mañana a las 8 de la noche pero ya recibía un sueldo por mi trabajo. Todo lo que yo ganaba se lo daba a mis padres, era lo normal, yo no tenía dinero mío propio y si necesitaba algo, aunque estuviera trabajando, se lo pedía a mis padres

Las tiendas de antes no eran como las que conocéis hoy en día, las clientas llegaban y pedían la ropa en el mostrador, no como en las de ahora que tú entras y puedes coger la ropa y probarte los modelos o las tallas que tú quieras. En esa época tenías que ir sacando en el mostrador los diferentes modelos, las tallas….

Todos mis compañeros eran hombres, excepto una compañera y yo. Cuando llegaban las clientas ellos siempre eran los que las atendían, les sacaban toda la ropa para que se probaran, para que comparasen y eligiesen, pero sin embargo ellos nunca volvían a colocar las cosas en su sitio, ese trabajo lo dejaban para que lo hiciéramos mi compañera y yo.

Cuando llegaba mercancía nueva había que sacarla de las cajas, ponerles el precio, colocarla…. Todo ese trabajo había que hacerlo después de cerrar la tienda, en horas extras que no se pagaban, mis compañeros hombre nunca hacían esas tareas, daban por supuesto que eso lo teníamos que hacer las chicas.

Como veis el ambiente laboral era muy machista. Ellos, como tenían que mantener una familia, ganaban más sueldo que nosotras y además recibían una comisión de cada venta que hicieran. Mi compañera y yo, aunque ayudáramos en la venta sacando y guardando la mercancía no recibíamos ninguna comisión.

En el trato entre compañeros tampoco éramos iguales, cuando era el cumpleaños de alguno de ellos al salir de trabajar se invitaban a ir juntos a tomar algo, sin embargo a nosotras nunca nos invitaban.

Hartas de la situación un día fuimos a hablar con nuestro jefe, a comentarle que no nos parecía justa la situación que estábamos viviendo. Coincidió que era la época del año de venta de vestidos de comunión y nuestro jefe nos dijo que podíamos atender a las clientas cuando vinieran a pedir vestidos de comunión para las niñas.

Comenzamos a atender a las clientas que venían a buscar vestidos de comunión con tan buena suerte que a las mamás de las niñas les gustaba mucho como probábamos a las niñas los vestidos, como se los colocábamos, como elegíamos los vestidos, tanto que había  clientas que preferían que las atendiéramos nosotras y no mis compañeros chicos.

Fue una gran experiencia pues demostrábamos que podíamos ser igual de válidas que ellos para atender a los clientes.

Estuve 5 años trabajando allí y lo dejé cuando me casé, esto también era habitual, dejar de trabajar cuando te casabas. Aquí tengo que contaros que el día que me casé mis padres me dieron todo el dinero que yo había ganado en la tienda en esos años, yo se lo había ido dando pero ellos me lo habían guardado.

Tuve tres hijos y me vine a vivir a Madrid. Cuando mis hijos empezaron a ser un poco más mayores y a ir al cole tuve la oportunidad de poder trabajar en mi casa como modista, cosiendo ropa para una boutique de Madrid. Pude tener este trabajo gracias a que en el taller que estuve de joven aunque no me pagaron me enseñaron a coser. También por saber coser toda mi vida me he podido hacer mi ropa y la de mis hijas o incluso la de mis nietas. Ya hago pocas veces cosas aunque tengo una nieta de 4 años a la que todavía la hago vestidos.

Cuando cosía para esta boutique no tenía ningún contrato laboral, trabajaba desde mi casa y al mismo tiempo me hacía cargo del cuidado de mi familia y de mi casa, cosiendo mucho por la noche, antes de que mis hijos se levantaran, mientras estaban en el colegio…. Así estuve 15 años.

Mi espalda quedó bastante resentida y cuando ya mis hijos fueron más mayores lo dejé.

Como veis la vida de mi generación ha sido bastante diferente a la que puedan haber tenido vuestras madres o la que tendréis vosotros, no es que haya sido mejor o peor, simplemente ha sido diferente. Lo que sí me gustaría que tuvierais en cuenta es que mi generación ha tenido las mismas inquietudes y ganas de hacer cosas y de vivir la vida que las que podáis tener vosotros, si no hemos hecho más cosas es porque las circunstancias del momento no nos lo han permitido. Prueba de ello es que yo y muchas de mis amigas de mi edad ahora en nuestra edad no dejamos de tener ganas de viajar, hacer actividades (yo hago yoga, manualidades, llevo un grupo de ancianas…) de hacer deporte…

Y por último, me gustaría haceros un comentario acerca de lo que yo veo en cómo son las familias hoy en día y como se sigue actuando con las mujeres. Veo a mi alrededor que en la mayoría de las familias trabajan fuera de casa tanto el padre como la madre y sin embargo, veo que se le siguen exigiendo muchas más responsabilidades en los temas de la casa a las madres, me refiero en general, seguro que en algunas de vuestra familias no es así.

Me gustaría que vosotros como hijos penséis que no hay que ser tan exigentes y que no hay que exigir tanto, en especial a las madres, en la familia toda podemos aportar.

 

Y esto es lo que os puedo contar acerca de mi experiencia en el mundo laboral, muchas gracias por vuestra atención.

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LOS COLORES DE LA VOZ

“No tengo trabajo. Llevo 6 años en paro. Antes era un jodido autónomo y me quedé sin nada. Me divorcié y ahora me veo obligado a tener que pedirles una ayuda. Lo que buenamente puedan. Que pasen una buena tarde. Les agradezco mucho su atención. Thank you for everybody.”

 

Esto es lo que decía en el metro un hombre pobre con barba, que bien podía parecer la de Noé, el del arca que llevaba animales de todas las especies para que no se extinguieran durante el diluvio.

Lo que más me llamó la atención no fue su lenguaje, sino el tono de su voz, grave, muy, muy profunda, de una solidez que no encajaba del todo con su discurso. Si hubiera sido director de un programa de radio, sin dudarlo le hubiera hecho un contrato a aquel pobre hombre.

 

Llevo unos meses saciando una vieja inquietud: educar mi sentido de la voz. ¿Es la voz un sentido? A ver… vista, oído, tacto, olfato, gusto. ¡Anda! Pues no. Será que no nos sirve para percibir el entorno y por eso no la han puesto. Pero sin duda la voz es una herramienta básica para relacionarnos.

 

En unas charlas sobre el lenguaje que escuché recientemente contaba la ponente que la palabra era lo que diferenciaba al ser humano de los animales, ya que es por ella por la que simbolizamos nuestras demandas. El recién nacido, sin embargo, no tiene aún adquirida la facultad del lenguaje y por eso se expresa con gemidos, llantos, sollozos o gritos apelando a sus instintos para satisfacer sus deseos. Se puede decir que el sonido no transformado en palabras es la parte más instintiva que tenemos que todavía tenemos en común con los animales no racionales.

 

Desarrollar y educar la voz es para todo profesor/a que se precie una preocupación básica. Por suerte, casualidades del destino, este año me encontré leyendo en uno de esos panfletillos gratuitos a los que no se les da importancia un artículo de Makiko Kitago, y me pareció tan sugerente lo que contaba que no pude por menos que apuntarme a un taller de voz que iniciaba para aprender a usarla.

 

No voy a describir los pormenores porque sería un atrevimiento mayor que intentar explicar la música de Sigur Ros o de Alva Noto. Sin embargo sí que puedo a mis compañeros transmitir algún ejemplo de lo que he ido descubriendo hasta ahora en las clases. Imagino que, el que más o el que menos, alguna vez habrá sufrido afonía debido al esfuerzo de tener que alzar la voz para que te oigan todo el alumnado. En un mundo ideal en el que las clases se desarrollaran en absoluto silencio, esto no ocurriría. Aunque también hay que decir que entonces sería todo mucho más aburrido. Pues bien, al parecer, para evitar problemas de garganta, debemos aprender a no utilizar solo las cuerdas vocales para subir el volumen, sino buscar otras partes del cuerpo (estómago, nariz, boca, cráneo…) para crear resonancia y llenar el sonido de armónicos que confieran mayor potencia.

 

¡Ojo! No confundir esto con chillar, que es lo que habitualmente entendemos por hablar con mayor volumen. Ha de tenerse en cuenta, especialmente las mujeres, que la emotividad tiende a hacer trabajar más las cuerdas vocales, haciendo elevarse el lugar donde se genera el sonido, hasta producirse en su totalidad por la vibración de las cuerdas vocales, con el consiguiente tono más agudo y crispante. Un ejemplo de esto se puede ver en el protagonista de la escabrosa “El tambor de hojalata” de Volker Schlöndorf.

Tradicionalmente se han venido asociando las tonalidades graves con rasgos más “masculinos” y las agudas con rasgos “femeninos”, considerándose que las masculinas dan mayor sensación de autoridad o firmeza y las segundas más dulzura y sensibilidad. Existen incluso teorías que asocian la desaparición con cuadros patológicos, como en el caso de la disfonía histérica.

También en este aspecto la sociedad está muy masculinizada. La relación entre voz, género y poder ha sido ampliamente estudiada, si bien no está demasiado popularizado el abanico de connotaciones que se le atribuye. Pueden leer más al respecto en este interesante artículo de Teresa Villaverde donde se habla de cómo también a través de la “castración” de la voz natural se puede ejercer la violencia de género.

El control de la voz es, acaso, uno de los más sutiles que podemos practicar para llegar a ser conscientes de nuestro cuerpo. Justamente la voz es el recurso que más empleamos para “tocar” a los demás; y precisamente para un gremio como el del profesorado en el que el contacto con el alumnado se ha convertido desgraciadamente en algo peligroso, saber controlarla resulta primordial.

 

Los colores de la voz se pueden modular y trabajar para producir una amplia gama; no solo eso, sino que mediante su ejercicio se pueden incentivar variadas y creativas combinaciones, como las que realiza David Eskenazy (de visita obligada). A la inversa, los hay quienes se empeñan en extender el mismo ritmo a todas las situaciones, como hace aquí Jon Sudano al encajar de manera admirable en un amplio repertorio de canciones la letra de una canción de Smashmouth. La voz se puede, como el color, difuminar o empastar, teniendo incluso más matices que una pintura si multiplicamos sus posibilidades por lo variopinto de cada lengua (vean si no aquí las diferentes versiones de “La sirenita” en función del idioma en que se cante).

 

De todas formas, no hace falta tampoco cambiar de idioma para darle cromatismo a la voz. Ya se encargan de ello los sentimientos. Mismamente cuando nos gusta alguien, sin saberlo, cambiamos la voz. En la cadencia de la voz se puede percibir si hay alegría, ira, inseguridad o asertividad. No es lo mismo cuando se alarga el sonido de las letras de forma vacilante al decir “¿me quieres?” que cuando se acortan las palabras de forma contundente, por ejemplo, en un “te-he-dicho-que-no”. Los niños son especialmente sensibles al tono de voz; por eso no se recomienda gritarles para educarles  aunque a veces son tan insistentes que, la verdad, cuesta aguantarse…

 

Nacemos de manera innata con un timbre de voz concreto pero también es cierto que influyen mucho los medios de comunicación a la hora de educarnos en la querencia o rechazo de ciertos timbres o tonos de voz. Incluso por efecto de la evolución natural y la adolescencia ésta nos puede llegar a cambiar.

 

¿Quién no ha visto algún anuncio o serie y ha pensado perplejo “anda, mira, si es la voz de Bruce Willis“ o se ha sorprendido al escuchar en directo la voz de un famoso o un juez que nunca habla y sale, de repente, haciendo una entrevista con una tesitura que no esperábamos? La biología, evidentemente, nos dota de una constitución determinada, pero como todo en la vida es alterable hasta cierto punto.  Un truco muy sencillo puede ser incrementar la cantidad de aire en la voz: ello permite modular la voz haciéndola más o menos suave en función de si se aporta más o menos cantidad de aire. Vean si no cómo lo hace Mariah Carey.

 

Para los que hablamos bajito “de fábrica” nos puede ayudar el dirigir el “chorro de voz” con la posición del cuerpo y proyectar así la voz. Especialmente para los profes cuidar que el volumen es el correcto favorece mucho la transmisión del mensaje y nos aporta mucha más confiabilidad y claridad al mensaje. En cambio, si hablamos muy bajo, se puede asociar con falta de seguridad.

 

Una cosa de la que yo me doy cuenta en clase es que de vez en cuando me salen “gallos”, no sé si es por empatía con los adolescentes o porque no gestiono bien el aire. ¿Igual por las dos cosas? En cualquier caso, lo que sí veo claro es que el cambio de volumen, aún siendo algo que exalta mucho a la audiencia, funciona muy bien para atrapar la atención del alumnado. ¿Cuántos no se habrán asustado este año con mis sobresaltos? ¡Ay, profe, no me asustes! Nada como sentirse vivos y en alerta para estar atentos.

 

Hablando de sustos, me viene a la cabeza ese momento en las películas que antecede al instante en que la protagonista está a punto de estallar en un grito, esos silencios plagados de miedo agónico que presagian el terror. Aunque se pasa muy mal con el cojín apretado entre los brazos, debo reconocer que esos momentos encierran un halo de solemnidad. Algo similar habrán vivido muchos en los exámenes, donde suele reinar un silencio sepulcral que casi permite ver los pensamientos volando sobre las cabezas. ¡Qué tensión!

 

Pero también los espacios pueden provocar sensación de silencio e infinitud. No olvidaré nunca las termas de Peter Zumthor en Vals (Suiza). ¿Cómo puede un edificio transmitir tanta paz y silencio? No sé si serán los materiales o la simplicidad de sus formas lo que confiere un claro resquicio de espiritualidad a la materia. La experiencia de sumergirse en el agua caliente en un entorno gélido rodeado por la calma de las montañas de los Alpes no es fácil de olvidar.

 

Para terminar quiero mostrarles unas escenas de cómo se despierta la voz en este estudiante tartamudo al que le costaba hablar. Para él fue toda una conquista. Y como toda hazaña que se logra atravesando dificultades, la recompensa es siempre una gran satisfacción.

 

  

Y ahora me callo, para que puedan retomar ese cálido silencio. Que ustedes lo escuchen bien.

 

Shhhh…

 

  

Recomendaciones para escuchar:

 

Este dúo de Bobby MacFerrin improvisando con miembros del público en un concierto en Viena y el fundido de voces apasionadas de PJ Harvey y Nick Cave en Henry Lee.

 

 

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CANCIONES DE TIZA


In memoriam José Antonio Torija

(Profesor del IES Joaquín Rodrigo de Vicálvaro)

 

Había algo raro en el aula del edificio C este año. No supe lo que era al principio, pero me invadió una extraña sensación de vacío.

 

Recordé el día en que descubrí que no era el único en hacer repicar las pizarras a golpes de tiza. Es Tori, me dijeron los chicos, que le da todavía con más fuerza que tú. He de reconocer que en un primer momento debió de molestarme perder una exclusividad que no era tal. Pero pronto descubrí que era divertido jugar a una suerte de comunicación a través de la pared de cuyos lados colgaban sendas pizarras. Me resultaba gracioso pensar que mientras yo arrojaba docenas de corcheas sobre el encerado, al otro lado se despeñaban los números que con dificultad habían entrado en un problema. Me provocaba oír el golpeteo sonoro e insistente y aceleraba la resolución de un ejercicio o cambiaba de actividad con la excusa de replicar a la sutil llamada de Tori desde el otro lado.

 

Durante años miramos nuestros horarios el primer día de clase buscando coincidencias en esas aulas de pizarra contra pizarra, y casi todos los cursos tuvimos la suerte de poder continuar nuestro juego inocente. Aprendimos a interpretar la canción que cada día el otro cantaba: el resbalón cansino de los días de agotamiento, la energía de los días en que uno explicaba con pasión, la rabia de un mal día, el golpe grácil de un chiste, la caída del trozo roto de tiza que no aguantaba la presión.

 

Durante años nos miramos al salir de clase, esbozando apenas una sonrisa tímida, sabiendo que el otro sabía que sabíamos. Y no decíamos nada. Hasta la siguiente clase, en que hablarían de nuevo las tizas.

 

Y por eso hay algo raro en el edificio C este año, José Antonio. ¿Sabes? Ya no hay quien haga repicar las pizarras a golpes de tiza. Ya no hay quien haga cantar a las ecuaciones.

  

 

josé carlos pino jiménez

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TIEMPO, ENGAÑO Y RENDICIÓN

Bueno, bueno… vaya semanita :D. Por fin se acabaron los agobios para el estudiantado. Los que no hayan estudiado se habrán sentido más desubicados esta semana, aunque creo que en tan magnífico centro como éste son muy contadas las excepciones de alumnos o alumnas que han tirado la toalla. A esas excepciones les deseo coraje y voluntad para afrontar su parte de responsabilidad cuando reciban las notas. Las notas son, en definitiva, un resultado del trabajo: puede que se ajusten más o menos a nuestras expectativas, pero al final, lo que está claro es que nos sitúan en la realidad, nos avisan de si el mucho o poco esfuerzo realizado ha sido rentabilizado. Obviamente, una nota numérica no deja de ser una llamada a la eficacia, pero a falta de un sistema mejor es lo que tenemos, busquemos la utilidad que tiene y sepamos aprovechar sus bondades.

 

Una de las cuestiones más evidentes que se manifiestan en la semana de exámenes es la falta de tiempo. El alto número de asignaturas impartidas obliga al alumnado a aprender a organizarse. Cada cual se sirve de las herramientas que mejor le funcionan (la agenda, la memoria, las notas escritas en la mano, el grupo de whatsapp, el amigo empolloncillo que adquiere popularidad al final de evaluación, etc.). Los hay más o menos inteligentes con la gestión del tiempo: hay quien se limita a hacer única y exclusivamente lo que le mandan y no más, y hay quien se empeña en dedicarle todo su tiempo y esfuerzo porque menos de un 10 le resulta un fracaso. También hay quien no logra abordarlo todo o se dedica mucho tiempo a algo y luego le falta tiempo para lo otra cosa. Quienes llevan sus tareas al día notarán menos la presión del final de evaluación, porque han ido repasando semana a semana, otros se encontrarán con un montón de apuntes, trabajos y entregas que realizar para los que puede que les falte tiempo material.

Es muy divertido escuchar en los pasillos las frases a la salida de un examen: “Oye, ¿tú qué has puesto en la 3? Ah, ni idea, me la he inventado” o “Uff, pues no era tan difícil…” o también “Jo, me ha caído justo lo que no me había estudiado”. Las reacciones son tan variopintas como personas en el aula.

Desde la asignatura de plástica se ha dejado la última semana sin tareas, para poder terminar las que estuvieran pendientes y se ha pospuesto la animación para que puedan hacerla después de exámenes en los días del puente. “Jo, pues vaya fastidio, yo que me iba a ir a Port Aventura…” eso mismo digo yo, “¡vaya fastidio tener que corregir en el puente!”.  A veces hay que aceptar las cosas como vienen. ¡Qué le vamos a hacer!

Aún con todo no siempre el tiempo estira lo que uno quiere y por más que queramos sacarlo de debajo de las piedras es difícil ver de qué cosas podemos prescindir para sacar más tiempo para estudiar… porque claro, de comer y dormir no puede uno privarse, ese tiempo no se puede reducir ¿o sí? “Bueno, pues dejo de ir a los entrenamientos que total, como ya no nos vamos a clasificar…” “Mamá, hoy tengo mucho que estudiar, ¿puedo dejar de ir a inglés?” “No, no, el ordenador no me lo quites que si no, me muero.” “¿Y éstas cuándo estudian si no paran de escribir en el grupo?” “Ay, con lo que me gusta ver un poco la tele después de cenar, déjame un poquito más…”

Los ladrones de tiempo están a la orden del día y lo peor es que no nos damos ni cuenta de que nos lo roban. Así que lo más rentable va a ser quejarse, que además es lo que se estila ahora, reivindicar y luchar por nuestros derechos: “Pero profe, que yo también tengo una vida propia, ¿tú qué te crees?” “Que tenemos más exámenes…” “¿Un tema en una semana? ¿Tú estás loco?”. A veces la cosa funciona y otras no, ante lo cual podemos o protestar más o acatar lo que dice el profesor/a.

 

Los más creativos/as buscarán otras estrategias sin perder ni un minuto de sueño en pensarlo. “Ah, pues a ver, ¿qué profesor/a es más probable que atienda a mis peticiones? Ah, pues ahí voy a ir a poner cara de pena, a ver si me perdona un examen o un trabajo.” “¿No? ¿Y no podría entregarlo la semana que viene?” “Pero, ¿cuándo ponéis las notas?” “Bueno, pues te lo entrego el día antes y ya está, ¿no? Mira que eres, de verdad…”

 

A veces el cuerpo ya no puede más y somatiza los nervios. Resulta inquietante el incremento del malestar físico entre el alumnado en estos días. Aunque lo más característico de cada persona es ver lo que hace con ese malestar: ¿sucumbe ante él y falta a clase o se esfuerza por ir aunque solo sea para hacer el examen que tenía a tercera hora? Cambiar un examen la semana antes del término de una evaluación no siempre es fácil para un profesor/a, pero claro, esto ya depende de lo “buena” o “mala” persona que sea el profesor/a. A veces por más que se quiera ni haciendo malabarismos en el horario es posible hacerlo.

 

Con lo que sí se pueden hacer juegos de magia es con los trabajos, y sobre todo con los de plástica. Esta evaluación el profe va pasando por las mesas para hacer comentarios personalizados a cada alumno/a. “Ya ves tú, lo que me importará a mí lo que me diga, si a mí con que me apruebe me basta.” “Pues no sé porqué no recoge todos los trabajos y les pone nota y ya está.” “Ah, bueno, pues ya sé lo que voy a hacer, como hay ahí unas máscaras que no ha recogido nadie me la cojo y digo que es mía.” “Hala, tía, cómo te pasas, mira que si es de alguien…” “¡Qué va a ser de nadie!... ¡Si lleva ahí dos semanas! Ya la habrían cogido...” “Bah, no te arriesgues, que mira que si luego te pillan…” Hay gente a la que el factor de incertidumbre no le asusta y se lanza a la aventura. Ya me había encontrado otros años con láminas con el nombre escrito sobre una tira de typpex. Lo que no había visto nunca hasta este año es a alumnas que entregaran un trabajo con el nombre de otra alumna y pretendieran que se lo corrigiera como si fuera de ellas. Desde luego el día de la mujer ha calado bien porque todavía tengo que justificar la decisión de no poner nota a esos trabajos y hasta me piden explicaciones por no querer evaluarlo.

 

Así es que como a mí a veces también me come el tiempo he decidido yo también tirar por la vía rápida y no dar explicaciones, sino sencillamente actuar y ya está. Y como la forma más rápida para educar es siempre la autoridad, me vuelvo autoritario. Y dejo de quedar en los recreos para hablar individualmente con cada alumno/a que se ha portado mal en clase y prescindo ante la necesidad de tiempo de explicar pacientemente a séptima hora en qué perjudica a la clase y al propio alumno/a su conducta. Y el que quiera que aprenda y el que no, no. Así es que asumo mi limitación humana, mi imposibilidad de estirar el tiempo por más que frunzo el ceño y me concentro en rentabilizar el mío, desistiendo de educar como a mí me gustaría a través de la comprensión. Hasta he comenzado a poner partes para agilizar los trámites ante ciertas conductas que ya son reincidentes y me doy cuenta de que no se pueden solucionar fácilmente por la vía del diálogo. “Adolfo, que te he dicho ya diez veces que no interrumpas las explicaciones, no te lo repito más”. “Pero, ¿otra vez sin material?” “¿Y tú a qué vienes a clase?” “Bueno, por lo menos no te has olvidado de traer la ropa, menos mal.” “¿Otra vez aquí? ¿Es que no has oído la campana para ir a clase?”. A veces pienso que hay quien no visita con la suficiente frecuencia al médico para que le quiten la cera de los oídos. No se lo creerán pero se acumula. Yo me quedé pasmado las bolas que sacó mi doctora cuando fui la primera vez a que me mirara una otitis pasajera que tenía. Con solo una jeringuilla y agua sacó unas pelotas que yo no sé cómo podía aquello haberse escondido en mi oreja. Pues sí, es bien importante “la higiene orejuna”. Aunque oye, también puede ser una buena excusa para quien se sigue encaramando a los retretes del baño, o le pregunta por 5ª vez a un profesor la misma cosa. “¡Ah! Es que no te había escuchado, perdona.”

 

Sea como fuere, lo que es difícil de cambiar es la dinámica de los comportamientos; porque cuando uno está acostumbrado a que todo se soluciona hablando en los descansos o en un recreo, no es sencillo comprender que recibir un parte de amonestación supone un grado de reincidencia que requiere una medida más contundente, porque igual el profesor ha decidido que ya está bien de dar oportunidades, y que prefiere no dedicar más tiempo a un alumno/a al que ni siquiera la expulsión del aula le hace ver lo inapropiado de un comportamiento.

Y ofende, ofende mucho cuando alguien no quiere hablar contigo ni darte explicaciones, porque fastidia que te hagan de menos, que tu opinión no cuente y que por más que te rebeles la cosa no va a cambiar, lo mismo que no cambia la LOMCE o tantas otras leyes que el gobierno de manera tan autoritaria nos ha impuesto a los ciudadanos. ¿Será un castigo que nos han puesto por algo que hemos hecho? “Pero bueno, ¿y qué hemos hecho nosotros para merecer esto?” “Ah, pues no, pues yo me quejo y hago huelga si hace falta, pero por ahí no paso.” “Y además, estoy en todo mi derecho de hacerla y de faltar a mis obligaciones para reclamar mis derechos.”

 

Pero si es por tu bien, Jaimito. Cuando seas mayor ya lo entenderás. “Pero si ya soy mayor, papá.” Sí, eso es verdad, mayor vamos a llegar a ser todos como sigamos a este ritmo, que no va a haber quien nos pague las pensiones, la educación y la sanidad, al ritmo que vamos. “Ah, no, eso no.” “Privatizar no, de ningún modo.” “¿Y de dónde sacamos el dinero si desciende el porcentaje de trabajadores? Es que no va a haber quien pague esos servicios.” “Ah, pues eso es por la corrupción que ahora no tenéis para pagar, seguro, seguro.” “¿Corrupto yo? Si acabo de tomar el cargo.” “Pues si no tú el que estaba antes de ti.” “Mira, como se privaticen servicios públicos yo hago huelga.” “Pues si tú haces huelga, yo más.” Pues hala, todos a dejar de trabajar y a ver si así se arregla la cosa.

 

 

 

PD: quisiera adjuntar aquí una anécdota que recibí en un mensaje por Whatsapp que me ha parecido muy graciosa, relacionada con el “taponamiento de oídos” al que hacía alusión en esta entrada. Que la disfruten:

 

Confidencias y confesiones de un profe de inglés.

 

"Esta trascripción, aunque parezca exagerada, es verídica y exacta. Esto me pasó dando una clase con 1º ESO (12 años) un jueves a 5º hora. Sólo es un ejemplo. Los nombres de los alumnos son ficticios para que su ignorancia quede en la intimidad de la clase.

 

Yo: Bueno chicos, hoy vamos a estudiar el vocabulario de las comidas en inglés: Copiad estas 5 categorías (las escribo en la pizarra) y escribís en cada columna todas las palabras que os sepáis.

Amanda: ¿En inglés?

Yo: Sí, mejor que en Ruso, en inglés.

Luis: Profe, ¿cuántas categorías?

Yo: 5. Las que hay en la pizarra.

Luis: A mi no me caben.

Yo: Pues prueba a poner la hoja apaisada

Luis: ¿Qué significa apaisada?

Yo: Horizontal, o sea: así (lo demuestro)

Juan: ¿Qué título ponemos?

Yo: Prueba con “Food”, que es el que he escrito en la pizarra.

Fran: ¿Puedo hacerlo a lápiz?

Yo: No, no puedes. Ya sabes que en el cuaderno sólo se escribe con bolígrafo.

Jessika:¿Cómo se dice pepino?

Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros. No el que sepa yo.

Noel: ¿El huevo es una verdura?

Yo: No, no es una verdura

Federico: ¿Qué título ponemos?

Yo: Lo he dicho ya dos veces.

Amanda: ¿Se puede poner “rechicken”?

Yo. No, porque repollo no se dice así en inglés (risas generalizadas)

Nieves : ¿Cómo se dice calamar?

Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros.. No el que sepa yo.

Jesús : ¿Hay que escribirlo en el cuaderno?

Yo: Pues a no ser que quieras escribirlo en la mesa...

Ricardo: Profe, ¿Pero, qué hay que hacer?

Yo: ¿Pero tú te has lavado las orejas esta mañana?

Nieves: ¿Puedo poner zumo en la categoría de postres?

Yo: Mejor ponlo en la de líquidos.

Fran: ¿Puedo poner pollo en la categoría de postres?

Yo: En este continente, no.

......................................

 

10 minutos después

 

Yo: Bueno, ahora vamos a empezar. Levantáis la mano y vais diciendo palabras; yo las escribo en el encerado. Empezamos con las verduras.

 

(Levantan la mano 10 alumnos y todos gritan a la vez distintas verduras)

 

Brócoli!

Carrots!

Salad!

Pepination!

Eggs!

 

Yo: He dicho que los huevos no son una verdura. Y por favor, levantad la mano y esperad a que yo os nombre para decir la palabra porque no tengo diez orejas para entenderos a todos al mismo tiempo. ¡Arturo, no le pases notitas a María que se las leo al resto de la clase!

 

Arturo: ¿Con cuál empezamos?

Yo: Con las verduras. Empieza tú, Marisol.

Marisol. Es que se me ha olvidado el cuaderno en casa.

Yo: ¿Y qué llevas haciendo estos 15 minutos, criatura? A ver, hazlo tú, Pepe.

Pepe: ¿quién, yo?

Yo: Eres el único Pepe que hay en la clase, así que vas a ser tú.

Pepe: Orange

Yo: La naranja me la pones en frutas, por favor.

Juan: Profe, el otro día oí un chiste verde, ¿puedo contarlo?

Yo: Pues aunque haya verduras de por medio, no, no puedes contarlo.

María: ¿Esto cae en el examen?

Yo: Bueno, puede que tengáis suerte y para entonces esté recuperándome de esta clase en un sanatorio mental, y entonces no habrá examen.

Todos: ¡¡¡BIEEEEEN!!!"

 

¡Y luego dicen que tenemos demasiadas vacaciones! Yo os aseguro que con cuatro de estas clases al día alguno ya estaría pensando si tirarse al tren o al autobús de línea...

 

¡¡Como la vida misma!!

 

 

¡¡EXTENSIBLE A CUALQUIER ASIGNATURA!!

 

 

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Goosebumps, heebie-jeebiers or also...get the willies (cuando los pelos se ponen de punta)

¡Qué bonita es la lengua inglesa! Me resultan francamente fascinantes la sonoridad de algunas de sus palabras.  El otro día salió en clase la palabra “juggling”; ¿no me digan ustedes que no tiene un tinte onomatopéyico? Significa hacer juegos malabares. Visualícenlo, por favor: alguien con tres pelotas para arriba y para abajo, sin orden aparente… juggling y juggling. ¿No les parece que hay parte de ese movimiento de bolas en la lengua cuando se pronuncia seguida la palabra? Juggling-juggling-juggling. A veces me hubiera gustado ser sinestésico, pero no, no pudo ser… Quiero recordar que Mondrian lo era, ¿y quién es Mondrian? Un pintor, aaaah, vale.

Igual a Mondrian no le conocen pero seguro que conocen a Marilyn Monroe, o a Steve Wonder o a Jimi Hendrix. También lo eran. Y para los más jóvenes… ¿tendré lectores jóvenes? Lady Gaga y Pharrell Williams ¡también lo son!

 

“¿Y eso tiene que ver con el tema de hoy, profe? Pero, ¿cuándo empezamos la clase? ¿Esto entra en el examen?”

 

“Ok, ok, wait a minute!! Everything is impoootant” (en inglés no se pronuncia la r después de vocal así que siempre intento alargar la vocal, para que se note… pero no lo notan), lo mismo que el famoso “guoookin” o “toooquin” (que vaya manía que tienen algunos de decir “talking” o “walking” que se me clava esa “l” en mi neurona madre. Pero bueno, tampoco es que sea yo el que mejor pronuncia, así que no soy quien para decir nada. La asistente de inglés es quien debe salir destrozada de clase… lo que debe sufrir, la pobre… :S

 

Retrocedamos en el tiempo… En realidad he llegado a la sinestesia buceando por Internet. Quería saber de dónde proviene la expresión “ponerse los pelos de punta”. No lo he encontrado. Hay cosas que no están en internet, mira tú. Viene alguna acepción relativa a cuando éramos más“animales y hacíamos como los gatos, que ante una situación de nerviosismo, tensión o miedo se levantaban los pelos para aumentar el volumen y asustar al enemigo. La carne de gallina es uno de estos vestigios de la evolución que aún nos queda de nuestros antepasados homínidos, con mucho más pelo.

 

Esto me recuerda a una charla muy interesante sobre la evolución de las culturas a lo largo de la historia y los genes multialelos que tuve esta semana en la sala de profes. Hay gente muy culta entre el profesorado, debo decir… no ya en este centro, en general. Me honra formar parte de un gremio que sabe tanto y alardea tan poco. Gracias Chus, gracias Ana.

 

A lo que iba. Voy:

 

Esta semana se me pusieron los pelos de punta. Fue con música, en un concierto. Es una sensación para mí poco familiar; me desconcierta ver que a veces no puedo controlar mi propio cuerpo. Ya hace tiempo que me va ocurriendo; de hecho creo que desde que nací me hicieron con esta capacidad, solo que ha sido de adulto cuando he empezado a darme cuenta; he podido percibir, a base de fijarme mucho, que suele venirme asociado a momentos excelsos de gran agitación, y es por eso que ya, si me pasa, lo dejo estar, no me resisto, porque sé que es positivo. Pero sigue siendo extraño cuando me recorre ese escalofrío de abajo arriba y noto esa vibración que levanta los pelos instintivamente. El cuerpo es muy sabio y detecta cuándo algo le conmociona. Seguro que recuerdan su primer beso, pero ¿recuerdan cómo se sintieron después de darlo? ¿Y durante? ¿Cómo lo describirían? Seguro que de esto muchas familias no hablan con sus hijos. Ahora parece que solo interesa el coito (…).

 

Quería haber conservado esta sensación de “pelos de punta” y compartirla con ustedes pero tuve un mal día con un grupo de 2º al día siguiente de haberla vivido y  sin yo quererlo, la vivencia quedó sepultada bajo unas cuantas protestas de incomprendidos e incomprensibles pre-adolescentes con los que a veces me cuesta  más comunicarme en clase. (La comunicación no siempre es fácil, ni viable, ni posible).

 

La cuestión es que una vez que perdí el contacto con el estado de esa sensación, me ha resultado muy difícil volver a experimentarlo, con lo que tuve que abortar mi ilusión de poder escribir sobre ella. Y por más que lo intenté, no pude lograrlo, porque sencillamente “no viene” y no es algo que se pueda buscar, porque es algo que llega sin más y no sabe uno bien por qué.

 

Afortunadamente, mira por donde, la vida decidió volvérmelo a ofrecer en una forma diferente. Fue con un grupo de 1º con los que me atrevo más a probar cosas más “novedosas” sobre todo porque son más dóciles y disciplinados que los chicos y chicas de 2º que empiezan a tener las hormonas ya a flor de piel.

Decidí hacer una encuesta para ver qué nivel de sufrimiento tenía el alumnado de un grupo. A mí siempre me dio mucha rabia cuando decían mis padres. “Ay, hijo, verás cuando crezcan y tengas problemas de verdad.” ¡Como si mis problemas no fueran importantes! ¿Es que hay problemas banales? – me preguntaba yo -; un problema siempre es un problema. No hay problemas pequeños. Además, cuando uno se concentra en un problema, por pequeño que sea, puede hacerlo crecer hasta hacerse gigante. Como esos granos en la nariz que parece que no son nada y empieza uno a rascarse y de repente sale un bulto to´colorao que te da luego vergüenza salir a la calle porque piensas que todo el mundo te va a mirar.

 

Consciente de la importancia que tiene en la adolescencia el amenazante mundo exterior, decidí preguntar en una clase cuántos de los 30 alumnos consideraban “no tener ningún problema”. ¿Cuántos piensan que salieron? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Menos? ¿Diez? Pues salieron… tres (3) ¡¡solo tres!!

Ante esta situación, la tentación inmediata sería intentar ver qué problemas son los que atormentan a tantos alumnos/as. ¿Serán graves o los podrán sobrellevar?

Sin embargo, decidí no enterrar esta vez las buenas vibraciones y preguntar a los tres alumnos/as que se identificaron como los únicos de clase SIN problemas: “¿Qué consejo daríais a vuestros compañeros de clase que tienen problemas?

Curiosamente eran tres estudiantes que por norma general pasan desapercibidos. Diría que me sentí aliviado, porque dada la ratio cada vez mayor en el aula, me preocupo especialmente si veo que hay alguien de quien me falta información para poder atender sus necesidades. Y éstos tres justamente eran de esos alumnos que, como suelen ir bien y no arman mucho jaleo, uno tiende a despreocuparse. Así que para compensar mi falta de atención decidí darles un protagonismo que sin duda no habían tenido hasta entonces.

Escuchar el timbre de una voz poco conocida permite prestar más atención a las palabras. Pero más allá de la sonoridad de las voces, lo que me dejó impactado fue la contundencia sus respuestas:

El tercer alumno aconsejó que cuando llegaran a casa se tumbaran en el sofá y se relajaran. La segunda (alumna) recomendó con una sonrisa “don´t worry; be happy”. Y claro, todos rieron. Y el primero… ¿qué creen que recomendó el primero? Ni corto ni perezoso dijo “Live (in) the present” (Vive el presente).

 

Lo más asombroso es que según me dijo después de clase este último, nadie le había dicho nada, ni lo había leído, sino que lo había aprendido por sí mismo. A lo que uno no puede por menos que preguntarse:

 

¿De dónde aprenden hoy día los niños/as las cosas?

 

En ocasiones escucho hablar de la “excelencia” en educación; no sé muy bien a qué se refiere el término, pero yo creo que si es que se puede hablar de algún tipo de excelencia ¿? debería ir orientada a alimentar el espíritu. Y si hay asignaturas que sirvan para tal servicio seguramente sean las más vilipendiadas por las leyes de educación (la filosofía, la música, las artes…) que son las que Maslow, sin duda, pondría en la cúspide de la pirámide después de tener cubiertas las necesidades básicas y más funcionales, ligadas a las tareas productivas.

 

Si algo aprendí con la intervención de estos tres alumnos fue que a veces hay que poner el énfasis en dar liderazgo a los que tienen confianza y que esas voces que reclaman atención constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

Quiero terminar hoy haciendo un homenaje a Neil Hannon, por terminar el concierto que dio en Madrid con su magnífico “Tonight, we fly”. Y dedico esta entrada a las tres madres de los tres intervinientes de 1º, no solo por sus hijos, sino por las palabras de gratitud que me brindaron al teléfono, que me hicieron recuperar al colgar el auricular la sensación perdida de “pelos de punta”. Gracias a vosotras por emocionarme.ión constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

 

 

 

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MORAL STAMINA

Esto se acaba, amigos. Nos quedaron muchas cosas de las que hablar; sabíamos que no daría tiempo y aún así lo intentamos, cegados por un idealismo imbécil que convertía una realidad imposible en un acto de heroicidad.

Leo a Pessoa y me veo reflejado en sus palabras, cuando dice:

 

 

 

De todo quedaron tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,

la certeza de que había que seguir,

y la certeza de que sería interrumpido

antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda… un encuentro.

 

No creo haber podido enseñar todo lo que podría; acaso estábamos empezando cuando, pluf, se terminó. Aunque también es verdad que en arte hay poco que enseñar, más es cuestión de aprender, practicando, indagando, experimentando y descubriendo. Creo que bastantes alumnos han podido descubrir esto gracias al cuaderno de artista que propusimos en Plástica en la última evaluación. Y por eso quiero a ellos dedicarles esta última entrada, por haberse lanzado a explorar mundos sin respuestas, superando el miedo a sentirse perdidos y dejándose ir con el lápiz o la pluma.

En mis tiempos estudiábamos que si una cosa caracterizaba al ser humano era la racionalidad, que nos diferenciaba de los animales. Más allá de la razón y como demuestra la música, la poesía, la pintura y en general todas las artes quisiera destacar nuestra capacidad de simbolizar como singularidad inherente al ser humano: es ésta la parte que encuentro más enigmática e interesante de nosotros mismos.

Se ha colgado hace poco en el mismo muro donde hemos ensayado posibles graffitis en el último mes un cartel con el ideario del Instituto. Nada más necesario para llevar a cabo una educación exitosa que conocer sus objetivos, el marco teórico que le da sentido.

Quiero acabar volviendo a como comencé en mi primera entrada, hablando esta vez no del profesor como agente que posibilita la educación dentro de ese ideario, sino del vínculo capaz de producirse entre el profesorado y el alumnado tras del cual se hace posible el aprendizaje de esas cualidades.

Educar tiene sin duda algo de artístico: desconocer cuál será el resultado final al comenzar (a pintar), tener paciencia para adaptarse en cada momento a las vicisitudes del proceso, saber asumir las contrariedades y acoplarse al ritmo de la obra. El alumnado no deja de ser un lienzo que se va configurando por sí mismo ante la presencia de un adulto que da pautas o aconseja. Podremos como profesorXs señalar u omitir las imperfecciones, pero no somos nosotros los que tenemos el pincel para pintar el cuadro y aplicarle los colores. Nuestro mayor cometido es crear unas condiciones en las que sea posible que la persona se vea en situación de querer expresarse, se sienta confiada para utilizar sus propios recursos y así, a medida que vaya “pintando”, la persona se irá dibujando a sí misma, conociéndose más y mejor, viendo incluso esa parte suya de sombra que le hace aborrecer parte de una materia (por ejemplo, el dibujo lineal, las derivadas e integrales, la química inorgánica o el Lazarillo de Tormes) y aún dándose cuenta de eso que no le gusta, siga buscando en su interior con la curiosidad como motor; porque es esa curiosidad la que nos impulsa a querer saber más de las cosas, a profundizar en los temas, a resolver los conflictos, conocer personas, lugares físicos y áreas de conocimiento; sin curiosidad nos estancaremos y nos conformaremos con el estado actual de las cosas. Y por eso constantemente buscamos algo con lo que saciar nuestra curiosidad, ese ansia de saber, de conocer, de experimentar… sensaciones, alegrías, risas, amores… a través de los amigos, las ciencias, el arte, la lectura, la novedad del sexo… y que también, a veces, nos trae decepciones, amarguras, sinsabores, decepciones, llantos y tristeza.

 

Todo esto es a lo que nos hemos expuesto en este curso: estados de muy diversa índole que nos van ayudando (a todos) a conocernos a nosotros como personas y también a la relación que entablamos con los demás. Y gracias a todo lo que hemos vivido, vamos creciendo y madurando, creciendo y madurando, creciendo y madurando… Así que ¡¡adelante!! Que el camino sigue…

 

Go ahead 

 

 NOTA: como todo es pasajero, “la columna de PACO” también morirá para poder regenerarse en un mundo paralelo; se preve su autodestrucción para el 30 de junio de 2017.

 

CATÁLOGO DE IMÁGENES DE TRABAJOS DE PLÁSTICA.

 

 

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NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA

Queridos lectores:

 

Hoy traigo buenas noticias: ¡¡Todavía estamos a tiempo de mejorar el mundo!!

 

Me he levantado esta noche a mitad de un sueño de esos poco comprensibles en los que mi compañero Alberto y yo íbamos puerta por puerta haciendo preguntas a gente desconocida para que participasen en una quiniela. De repente me he encontrado preguntándome a mí mismo “Y ¿para qué hacemos esta “porra”?”. E instintivamente he abierto los ojos de súbito. Al despertarme estaba aún la radio encendida a un volumen que, comparado con el silencio de la noche, resultaba algo molesto por el contraste que suponía. Así que he alargado la mano para apresurarme a apagarla; en lo que extendía mi mano al interruptor, me he dado cuenta de que hablaban en la noticia que se emitía de las “porras” de unos policías durante un ataque a unos insurgentes. Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia en el significante entre las palabras en la radio y las que yo pensaba en mi sueño. ¿Será posible que puede haber tal conexión entre mi persona interna y el entorno externo cuando duermo? Sin duda este hecho lo sugiere. Otra cosa sería poder probarlo… Y si fuera así, imagino que podría pasar con todos los seres humanos, porque aunque sí es cierto que soy un poco “bicho raro”, tampoco creo que sea tan especial como para que este hecho solamente se manifieste en mí, como si fuera uno de los personajes de la serie “Héroes” con “superpoderes”.

En eso de probar científicamente estoy yo precisamente ahora. Me está costando horrores ponerme a escribir este año el supuesto último trabajo que tengo que hacer para la Universidad. No paro de leer; tengo ya información como para diez trabajos, pero escribir… ay, amigos, escribir es otro cantar. Lo postergo todo cuanto puedo con el afán de no escribir palabras banales, de darles consistencia y carácter de verdad. El conocimiento científico es algo muy serio y no se puede frivolizar con él. En los últimos años en la Universidad cada vez se ha ido incrementando más la importancia de investigar. Ya no solo vale con “dar clase”. Esta fiebre por saber más y más la padecemos también los estudiantes, que, cada vez más, nos vemos abocados a escribir más trabajos y menos exámenes. Seguro que gran parte de mi alumnado se alegrará de conocer estas noticias…

 

Sea como fuere, el azar ha entrado en juego entre sueño y sueño y me ha hecho retomar el contacto en estos días con una antigua amiga a la que le inquieta bastante encontrar leyes universales que den sentido a la vida. A través de ella he sabido de una teoría algo extravagante aunque también extraordinaria que, según parece, se ha probado recientemente por la comunidad científica. Se trata de la “Teoría del Desdoblamiento del Tiempo” de Jean Pierre Garnier Malet. Sin ningún ánimo proselitista voy a aprovechar este espacio para comentarles algunas conjeturas que hace el científico francés, a ver qué opinan: lo que postula el Sr. Garnier no es sino una aplicación práctica de la teoría de la relatividad, que además no es nada nuevo, pues ya en la Edad Media en la época de los Templarios se tenía conocimiento de la capacidad de la persona y del tiempo de desdoblarse. El secreto parece radicar en abandonar la noción de tiempo real como algo continuo y asumir la existencia de aperturas temporales entre instante e instante a una velocidad mucho más rápida que la que habitualmente vivimos. Algo así como lo que ocurre con el tiempo paradójico durante los sueños, del cual tenemos una percepción totalmente diferente a la que percibimos en estado de vigilia. Así, de igual modo que podemos soñar historias largas en milésimas de segundo, podría entenderse a través del pensamiento la posibilidad que tenemos de ser varias personas en una. El pensamiento, en este sentido, es la función creadora de energía que hace materializarse en actos algunas de las posibilidades que pasan por nuestra cabeza. Por tanto, podría decirse que el mero pensamiento es, de por sí, energía pura que promueve la realización, atrayendo hacia nosotros que ocurra una cosa u otra, dependiendo de cómo sea nuestra manera de mirar la vida.

 

Algo así pensé yo justamente en una de las reuniones que celebró uno de los muchos Sindicatos antes de Semana Santa para informarnos al profesorado de los cambios que se habían acordado en la Mesa Sectorial con el Gobierno para esta legislatura. En varias ocasiones surgió la frase “El enemigo es la Administración” y yo no hacía más que pensar. “¿Tan mala es la Administración?”. Y por más que lo pensaba, me parecía más perversa la persona que decía la frase que la Administración en sí. Con ganas me quedé de decir a unos cuantos: “¡¡Tú sí que eres malo, por hablar mal de la Administración!!” pero me callé por cobardía, porque pienso que no soy lo suficientemente valiente para defender a la Administración.

Sí que me vine con ganas de transmitir a mis alumnos/as que, por favor, no piensen que el profesorado es “el enemigo”, porque todo lo contrario: estamos para ayudar y queremos ayudaros. A pesar de las regañinas, los castigos y las malas notas que a veces podamos poner, nuestro fondo es siempre benevolente y si veis que no lo es, por favor, hacérnoslo saber desde el respeto. “Escuelas activas de educación respetuosa”, según he sabido estas vacaciones, hay ya bastantes por toda la geografía española, y me alegra mucho saber que las tendencias que desde el Equipo de Convivencia del IES Alfredo Kraus se implantan, van siendo extensivas como ideario educativo en otros centros. Pero eso es tema de otro artículo que no quiero abarcar ahora mismo.

 

Lo más interesante que quería comentar sobre la Teoría de Jean Pierre Garnier es que todo el mundo tiene acceso a ese doble temporal que materializa quién habla y actúa por uno a través del pensamiento y también que es cuestión de decisión propia encontrar qué parte del yo queremos que se materialice en nuestro cuerpo en cada situación.

Para ello, según se cuenta, se utiliza el mismo principio vital que utiliza el bebé para mamar leche del pecho de su madre, es decir, esencialmente es instintivo, como instintiva es la reacción que solemos tener cuando de adultos damos respuesta a las preguntas que se nos plantean. El único inconveniente es que a menudo que vamos creciendo, vamos aumentando el hábito al dar respuestas, de modo que tendemos a recurrir siempre al mismo “yo desdoblado” para que nos ayude a elegir entre el amplio abanico de posibles respuestas. De este modo, si una persona se acostumbra a utilizar el patrón de la queja, acabará por estar siempre quejándose de la temperatura, por ejemplo, que puede hacer en un sitio, o de lo sucio que está o del poco tiempo que tiene para comer o hacer los deberes, o de lo mal que le salen las cosas. En cambio, si uno tiene el patrón de la alegría dará igual si hace sol, nieva o llueve, que siempre verá un motivo para pasarlo bien, y si se le pierde un cuaderno verá en ello la oportunidad de comprarse uno nuevo más bonito o si le dan exceso de trabajo, verá la ocasión de aprender más o, porqué no, de poner límites y decir “ya no más, que estoy saturado”.

En realidad todo depende de con qué “yo desdoblado” quiera uno hablar.

 

Le preguntan al Sr. Garnier en una entrevista que está publicada en internet - de la cual no pongo el link porque estoy hoy perezoso - si él sabe reconocer a la gente que está más en contacto con su “yo desdoblado”. Como él es francés contesta “bien sûr” y dice seguidamente que “los niños son los que más fácil acceso tienen al yo desdoblado”, porque son capaces de estar llorando en un instante y riendo al momento siguiente. Y pensando, pensando, me doy cuenta de que también yo he experimentado este cambio tan radical en las maneras de ser que tan extraño sería en un adulto: porque tras una semana de muchos enfados después de dar las notas parece de repente haberse acabado la convulsión emocional y hemos llegado a Semana Santa con unas clases en mucha calma y mucha paz. Y no sé si será por el viaje de inmersión de los grupos de 1º, la llegada de la Semana Santa que vuelve a todos más “buenos” o porque aún no está del todo forjada la personalidad de los alumnos y son capaces de adoptar posturas y formas de ser diversas en función de la circunstancia. Me gusta pensar que es más por esto último, porque no se aferran a ser de una única forma y saben mirar también qué viven y experimentan los demás antes de elegir qué “yo” desean manifestar.

 

Y es más, estoy casi seguro, porque así me lo demostraron el año pasado un grupo de alumnos de Diver, que me dio a conocer los documentales del “Zeitgeist”, de que ellos saben de esto mucho más que yo. Y con ese convencimiento volveré a clase no porque haya ido a la Iglesia y me sienta muy buena persona, sino porque sé que no soy yo el que les va a enseñar cómo aprender y adaptarse al mundo, sino que son ellos los que van a elegir qué quieren aprender. Lo único que puedo hacer yo es ofrecerles un camino posible, más o menos agradable, bonito o feo. Decidir si tomarlo (o no) es solo cuestión de que cada alumno dialogue con su “yo desdoblado” y vea cómo quiere actuar.

 

Feliz regreso a las aulas a todos mis alumnos/as lectores y a sus lectores desdoblados. Recordadles, por favor, que os recuerden llevar el cuaderno de artista, el lápiz blando, la agenda y las ganas de experimentar. :D

 

 

 

 

Dedico este artículo a Pilar, por todo el tiempo que llevamos compartido dentro y fuera del centro. Gracias, Pilar, por tu preocupación en difundir mis pensamientos, que de otra manera se quedarían solo en eso, pensamientos. Y gracias también por modificarlos de vez en cuando voluntaria o involuntariamente. Me gusta saber que hay un filtro entre lo que pienso-escribo y lo que se publica. Me da mucha tranquilidad. Ojalá podamos seguir materializando ideas no uno, sino muchos años más ;). Un abrazo sin manchas y con mucho glamour para ti.

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HISTORIA DE UNA VIDA

Con motivo del 8 de marzo, el Día de la mujer, algunas mujeres cercanas nos han aportado su visión y su experiencia personal como mujeres. 

La presencia de Mari Carmen, la abuela de una de nuestras alumnas nos ha conmovido particularmente. Escuchar su experiencia de mujer luchadora nos ha encantado y ella ha querido compartirlo con nosotros.

GRACIAS MARI CARMEN

 

Buenos días, vengo a contaros cuál ha sido mi experiencia en el mundo laboral, para que podáis ver las diferencias que existen entre mi época y la época actual en relación a las mujeres trabajadoras.

Yo nací y me crié en Segovia, una pequeña ciudad cerca de Segovia. Cuando tenía 14 años, más o menos la edad que tenéis ahora vosotros, dejé de estudiar. Yo era buena estudiante pero en aquella época era muy habitual que las familias decidieran que las chicas dejaran de estudiar con 14 años, bien para ponerse a trabajar y ayudar a sus familias o para quedarse en casa con las madres y así aprender las tareas de una casa para cuando ellas tuvieran una familia y una casa.

En el caso de los chicos era diferente, la mayoría de las familias permitían que los chicos siguieran estudiando para que así aprendieran un oficio con el que en el día de mañana pudieran ganar dinero y mantener a una familia.

Mi familia como la mayoría decidió que yo dejará los estudios, pero en vez de quedarme en casa con mi madre buscaron un taller de costura donde yo pudiera aprender el oficio de modista. En este taller no me pagaban, se supone que ya estaba pagada aprendiendo a ser modista; sin embargo, en los dos primeros años que estuve allí mis únicas tareas eran barrer el taller, comprar botones y entregar la ropa que las otras modistas cosían en casa de las clientas. Mi horario era de 9 de la  mañana a 8 de la noche.

Hasta el tercer año de estar allí no me empezaron a enseñar a coser. Yo estaba contenta, tenía muchas amigas que habían dejado el colegio al mismo tiempo que yo y que no hacían otra cosa que estar en su casa con su madre aprendiendo las tareas de la casa, yo estaba prendiendo un oficio aunque no me pagaran por ello.

En Segovia había un par de fábricas y había muchas chicas de mi edad que trabajaban en ellas, mi madre prefería que estuviera en el taller de costura a que trabajara en una fábrica y a mí me parecía bien.

Después de 3 años en el taller, con 17 años, tuve la suerte de entrar a trabajar en una tienda de ropa y de mercería que abrieron nueva en Segovia. Yo estaba muy contenta, el horario también era desde las 8 de la mañana a las 8 de la noche pero ya recibía un sueldo por mi trabajo. Todo lo que yo ganaba se lo daba a mis padres, era lo normal, yo no tenía dinero mío propio y si necesitaba algo, aunque estuviera trabajando, se lo pedía a mis padres

Las tiendas de antes no eran como las que conocéis hoy en día, las clientas llegaban y pedían la ropa en el mostrador, no como en las de ahora que tú entras y puedes coger la ropa y probarte los modelos o las tallas que tú quieras. En esa época tenías que ir sacando en el mostrador los diferentes modelos, las tallas….

Todos mis compañeros eran hombres, excepto una compañera y yo. Cuando llegaban las clientas ellos siempre eran los que las atendían, les sacaban toda la ropa para que se probaran, para que comparasen y eligiesen, pero sin embargo ellos nunca volvían a colocar las cosas en su sitio, ese trabajo lo dejaban para que lo hiciéramos mi compañera y yo.

Cuando llegaba mercancía nueva había que sacarla de las cajas, ponerles el precio, colocarla…. Todo ese trabajo había que hacerlo después de cerrar la tienda, en horas extras que no se pagaban, mis compañeros hombre nunca hacían esas tareas, daban por supuesto que eso lo teníamos que hacer las chicas.

Como veis el ambiente laboral era muy machista. Ellos, como tenían que mantener una familia, ganaban más sueldo que nosotras y además recibían una comisión de cada venta que hicieran. Mi compañera y yo, aunque ayudáramos en la venta sacando y guardando la mercancía no recibíamos ninguna comisión.

En el trato entre compañeros tampoco éramos iguales, cuando era el cumpleaños de alguno de ellos al salir de trabajar se invitaban a ir juntos a tomar algo, sin embargo a nosotras nunca nos invitaban.

Hartas de la situación un día fuimos a hablar con nuestro jefe, a comentarle que no nos parecía justa la situación que estábamos viviendo. Coincidió que era la época del año de venta de vestidos de comunión y nuestro jefe nos dijo que podíamos atender a las clientas cuando vinieran a pedir vestidos de comunión para las niñas.

Comenzamos a atender a las clientas que venían a buscar vestidos de comunión con tan buena suerte que a las mamás de las niñas les gustaba mucho como probábamos a las niñas los vestidos, como se los colocábamos, como elegíamos los vestidos, tanto que había  clientas que preferían que las atendiéramos nosotras y no mis compañeros chicos.

Fue una gran experiencia pues demostrábamos que podíamos ser igual de válidas que ellos para atender a los clientes.

Estuve 5 años trabajando allí y lo dejé cuando me casé, esto también era habitual, dejar de trabajar cuando te casabas. Aquí tengo que contaros que el día que me casé mis padres me dieron todo el dinero que yo había ganado en la tienda en esos años, yo se lo había ido dando pero ellos me lo habían guardado.

Tuve tres hijos y me vine a vivir a Madrid. Cuando mis hijos empezaron a ser un poco más mayores y a ir al cole tuve la oportunidad de poder trabajar en mi casa como modista, cosiendo ropa para una boutique de Madrid. Pude tener este trabajo gracias a que en el taller que estuve de joven aunque no me pagaron me enseñaron a coser. También por saber coser toda mi vida me he podido hacer mi ropa y la de mis hijas o incluso la de mis nietas. Ya hago pocas veces cosas aunque tengo una nieta de 4 años a la que todavía la hago vestidos.

Cuando cosía para esta boutique no tenía ningún contrato laboral, trabajaba desde mi casa y al mismo tiempo me hacía cargo del cuidado de mi familia y de mi casa, cosiendo mucho por la noche, antes de que mis hijos se levantaran, mientras estaban en el colegio…. Así estuve 15 años.

Mi espalda quedó bastante resentida y cuando ya mis hijos fueron más mayores lo dejé.

Como veis la vida de mi generación ha sido bastante diferente a la que puedan haber tenido vuestras madres o la que tendréis vosotros, no es que haya sido mejor o peor, simplemente ha sido diferente. Lo que sí me gustaría que tuvierais en cuenta es que mi generación ha tenido las mismas inquietudes y ganas de hacer cosas y de vivir la vida que las que podáis tener vosotros, si no hemos hecho más cosas es porque las circunstancias del momento no nos lo han permitido. Prueba de ello es que yo y muchas de mis amigas de mi edad ahora en nuestra edad no dejamos de tener ganas de viajar, hacer actividades (yo hago yoga, manualidades, llevo un grupo de ancianas…) de hacer deporte…

Y por último, me gustaría haceros un comentario acerca de lo que yo veo en cómo son las familias hoy en día y como se sigue actuando con las mujeres. Veo a mi alrededor que en la mayoría de las familias trabajan fuera de casa tanto el padre como la madre y sin embargo, veo que se le siguen exigiendo muchas más responsabilidades en los temas de la casa a las madres, me refiero en general, seguro que en algunas de vuestra familias no es así.

Me gustaría que vosotros como hijos penséis que no hay que ser tan exigentes y que no hay que exigir tanto, en especial a las madres, en la familia toda podemos aportar.

 

Y esto es lo que os puedo contar acerca de mi experiencia en el mundo laboral, muchas gracias por vuestra atención.

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Goosebumps, heebie-jeebiers or also...get the willies (cuando los pelos se ponen de punta)

¡Qué bonita es la lengua inglesa! Me resultan francamente fascinantes la sonoridad de algunas de sus palabras.  El otro día salió en clase la palabra “juggling”; ¿no me digan ustedes que no tiene un tinte onomatopéyico? Significa hacer juegos malabares. Visualícenlo, por favor: alguien con tres pelotas para arriba y para abajo, sin orden aparente… juggling y juggling. ¿No les parece que hay parte de ese movimiento de bolas en la lengua cuando se pronuncia seguida la palabra? Juggling-juggling-juggling. A veces me hubiera gustado ser sinestésico, pero no, no pudo ser… Quiero recordar que Mondrian lo era, ¿y quién es Mondrian? Un pintor, aaaah, vale.

Igual a Mondrian no le conocen pero seguro que conocen a Marilyn Monroe, o a Steve Wonder o a Jimi Hendrix. También lo eran. Y para los más jóvenes… ¿tendré lectores jóvenes? Lady Gaga y Pharrell Williams ¡también lo son!

 

“¿Y eso tiene que ver con el tema de hoy, profe? Pero, ¿cuándo empezamos la clase? ¿Esto entra en el examen?”

 

“Ok, ok, wait a minute!! Everything is impoootant” (en inglés no se pronuncia la r después de vocal así que siempre intento alargar la vocal, para que se note… pero no lo notan), lo mismo que el famoso “guoookin” o “toooquin” (que vaya manía que tienen algunos de decir “talking” o “walking” que se me clava esa “l” en mi neurona madre. Pero bueno, tampoco es que sea yo el que mejor pronuncia, así que no soy quien para decir nada. La asistente de inglés es quien debe salir destrozada de clase… lo que debe sufrir, la pobre… :S

 

Retrocedamos en el tiempo… En realidad he llegado a la sinestesia buceando por Internet. Quería saber de dónde proviene la expresión “ponerse los pelos de punta”. No lo he encontrado. Hay cosas que no están en internet, mira tú. Viene alguna acepción relativa a cuando éramos más“animales y hacíamos como los gatos, que ante una situación de nerviosismo, tensión o miedo se levantaban los pelos para aumentar el volumen y asustar al enemigo. La carne de gallina es uno de estos vestigios de la evolución que aún nos queda de nuestros antepasados homínidos, con mucho más pelo.

 

Esto me recuerda a una charla muy interesante sobre la evolución de las culturas a lo largo de la historia y los genes multialelos que tuve esta semana en la sala de profes. Hay gente muy culta entre el profesorado, debo decir… no ya en este centro, en general. Me honra formar parte de un gremio que sabe tanto y alardea tan poco. Gracias Chus, gracias Ana.

 

A lo que iba. Voy:

 

Esta semana se me pusieron los pelos de punta. Fue con música, en un concierto. Es una sensación para mí poco familiar; me desconcierta ver que a veces no puedo controlar mi propio cuerpo. Ya hace tiempo que me va ocurriendo; de hecho creo que desde que nací me hicieron con esta capacidad, solo que ha sido de adulto cuando he empezado a darme cuenta; he podido percibir, a base de fijarme mucho, que suele venirme asociado a momentos excelsos de gran agitación, y es por eso que ya, si me pasa, lo dejo estar, no me resisto, porque sé que es positivo. Pero sigue siendo extraño cuando me recorre ese escalofrío de abajo arriba y noto esa vibración que levanta los pelos instintivamente. El cuerpo es muy sabio y detecta cuándo algo le conmociona. Seguro que recuerdan su primer beso, pero ¿recuerdan cómo se sintieron después de darlo? ¿Y durante? ¿Cómo lo describirían? Seguro que de esto muchas familias no hablan con sus hijos. Ahora parece que solo interesa el coito (…).

 

Quería haber conservado esta sensación de “pelos de punta” y compartirla con ustedes pero tuve un mal día con un grupo de 2º al día siguiente de haberla vivido y  sin yo quererlo, la vivencia quedó sepultada bajo unas cuantas protestas de incomprendidos e incomprensibles pre-adolescentes con los que a veces me cuesta  más comunicarme en clase. (La comunicación no siempre es fácil, ni viable, ni posible).

 

La cuestión es que una vez que perdí el contacto con el estado de esa sensación, me ha resultado muy difícil volver a experimentarlo, con lo que tuve que abortar mi ilusión de poder escribir sobre ella. Y por más que lo intenté, no pude lograrlo, porque sencillamente “no viene” y no es algo que se pueda buscar, porque es algo que llega sin más y no sabe uno bien por qué.

 

Afortunadamente, mira por donde, la vida decidió volvérmelo a ofrecer en una forma diferente. Fue con un grupo de 1º con los que me atrevo más a probar cosas más “novedosas” sobre todo porque son más dóciles y disciplinados que los chicos y chicas de 2º que empiezan a tener las hormonas ya a flor de piel.

Decidí hacer una encuesta para ver qué nivel de sufrimiento tenía el alumnado de un grupo. A mí siempre me dio mucha rabia cuando decían mis padres. “Ay, hijo, verás cuando crezcan y tengas problemas de verdad.” ¡Como si mis problemas no fueran importantes! ¿Es que hay problemas banales? – me preguntaba yo -; un problema siempre es un problema. No hay problemas pequeños. Además, cuando uno se concentra en un problema, por pequeño que sea, puede hacerlo crecer hasta hacerse gigante. Como esos granos en la nariz que parece que no son nada y empieza uno a rascarse y de repente sale un bulto to´colorao que te da luego vergüenza salir a la calle porque piensas que todo el mundo te va a mirar.

 

Consciente de la importancia que tiene en la adolescencia el amenazante mundo exterior, decidí preguntar en una clase cuántos de los 30 alumnos consideraban “no tener ningún problema”. ¿Cuántos piensan que salieron? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Menos? ¿Diez? Pues salieron… tres (3) ¡¡solo tres!!

Ante esta situación, la tentación inmediata sería intentar ver qué problemas son los que atormentan a tantos alumnos/as. ¿Serán graves o los podrán sobrellevar?

Sin embargo, decidí no enterrar esta vez las buenas vibraciones y preguntar a los tres alumnos/as que se identificaron como los únicos de clase SIN problemas: “¿Qué consejo daríais a vuestros compañeros de clase que tienen problemas?

Curiosamente eran tres estudiantes que por norma general pasan desapercibidos. Diría que me sentí aliviado, porque dada la ratio cada vez mayor en el aula, me preocupo especialmente si veo que hay alguien de quien me falta información para poder atender sus necesidades. Y éstos tres justamente eran de esos alumnos que, como suelen ir bien y no arman mucho jaleo, uno tiende a despreocuparse. Así que para compensar mi falta de atención decidí darles un protagonismo que sin duda no habían tenido hasta entonces.

Escuchar el timbre de una voz poco conocida permite prestar más atención a las palabras. Pero más allá de la sonoridad de las voces, lo que me dejó impactado fue la contundencia sus respuestas:

El tercer alumno aconsejó que cuando llegaran a casa se tumbaran en el sofá y se relajaran. La segunda (alumna) recomendó con una sonrisa “don´t worry; be happy”. Y claro, todos rieron. Y el primero… ¿qué creen que recomendó el primero? Ni corto ni perezoso dijo “Live (in) the present” (Vive el presente).

 

Lo más asombroso es que según me dijo después de clase este último, nadie le había dicho nada, ni lo había leído, sino que lo había aprendido por sí mismo. A lo que uno no puede por menos que preguntarse:

 

¿De dónde aprenden hoy día los niños/as las cosas?

 

En ocasiones escucho hablar de la “excelencia” en educación; no sé muy bien a qué se refiere el término, pero yo creo que si es que se puede hablar de algún tipo de excelencia ¿? debería ir orientada a alimentar el espíritu. Y si hay asignaturas que sirvan para tal servicio seguramente sean las más vilipendiadas por las leyes de educación (la filosofía, la música, las artes…) que son las que Maslow, sin duda, pondría en la cúspide de la pirámide después de tener cubiertas las necesidades básicas y más funcionales, ligadas a las tareas productivas.

 

Si algo aprendí con la intervención de estos tres alumnos fue que a veces hay que poner el énfasis en dar liderazgo a los que tienen confianza y que esas voces que reclaman atención constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

Quiero terminar hoy haciendo un homenaje a Neil Hannon, por terminar el concierto que dio en Madrid con su magnífico “Tonight, we fly”. Y dedico esta entrada a las tres madres de los tres intervinientes de 1º, no solo por sus hijos, sino por las palabras de gratitud que me brindaron al teléfono, que me hicieron recuperar al colgar el auricular la sensación perdida de “pelos de punta”. Gracias a vosotras por emocionarme.ión constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

 

 

 

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EL PLANETA IMAGINARIO: la brutalidad de lo macabro

 

*esta entrada puede dar lugar a polémica, porque trata temas que afecta a la (in)sensibilidad, como son la adicción al juego, a la pornografía o a la violencia y la barbarie.

 

 

 

Nunca me gustó demasiado la Bruja Avería; me parecía demasiado malhablada y un tanto soez. Su estética estrafalaria y caótica debo reconocer que me producía cierto rechazo. Sin embargo, me encantaba eso de levantarme los sábados por la mañana temprano y encender la tele del salón a las 8:45 para ver el comienzo de “La bola de cristal”. Mi madre, que era más madrugadora que mi padre, consentía no-sé-bien-porqué en que estuviéramos toda la mañana del sábado absorbiendo rayos catódicos mi hermana y yo. No sabría ahora mismo decir si la presencia de mi hermana frente a la pantalla era real o es solo un recuerdo de mi pasado; mi atención se centraba tanto en las historias que contaban que podría perfectamente haber habido un terremoto sin que yo me enterara.

Me costaría elegir un momento del programa si me hicieran escoger aquel que más me gustara. ¿Cómo podría diseccionar la experiencia cuando era la sucesión de minutos, uno a uno, la que contribuía a aquella felicidad plena? No puedo hablar con conocimiento de causa, ya que ahora no consumo tele, pero me pregunto si habrá ahora programas parecidos a aquellos que disfrutábamos los de mi generación, que nos permitían a los espectadores juveniles estar extasiados y llenos de goce durante horas y horas.

Aunque es difícil evocar un recuerdo concreto de la bola de cristal, imagino que todos los que la disfrutaron en su infancia compartirán la musiquilla que daba pie al comienzo de la emisión. Sin duda Alaska marcó un hito en la historia musical de aquella época con aquella canción.

 

Hay todavía otra banda sonora que recuerdo también con gran emoción. El programa en el que se emitía tal vez no fuera muy conocido. Se llamaba “el planeta imaginario”. Lo que sí es cierto es que me trasladaba a un lugar de ensoñación, como si me situara en otra dimensión. Hoy he vuelto a escuchar esta canción en una película - “la profesora de historia, se titulaba -. Personalmente me resulta un recurso muy barato recurrir a sonidos que están en el inconsciente colectivo para hacernos sumergir en la emocionalidad de una escena, pero si he de ser franco, lo cierto es que funciona. Es escuchar las primeras notas y de repente, parece que algo se activa en mi interior, como si me hubieran dado una inyección a cuyos efectos soy incapaz de resistirme.

Solamente hay un hándicap: cuando me cambian “el fondo de la escena”: Me cuesta horrores asociar una música que tengo ligada a ciertas situaciones con historias diferentes a las que tengo por costumbre. En según qué películas, los directores se toman la licencia de juntar música e imágenes que originariamente no se pensaron para formar un conjunto.

Esta contradicción se magnifica todavía más cuanto más se enfatice el contraste entre la imagen y la música, como ocurre, por ejemplo, en esas películas de guerra en las que en pleno fuego cruzado de una batalla, se muestra el sonido real de las balas y los misiles silenciado y en lugar del clamoroso rugir de los proyectiles surcando el aire y las bombas explotando, al director se le antoja hacer un guiño irónico y sustituir los efectos sonoros “reales” por una tranquila, suave y distendida pieza de música clásica. Lejos de dulcificar la escena, se consigue entonces el efecto contrario, retratando más  la crudeza de la masacre bélica hasta volverlo, si cabe, aún más macabro.

 

Para escenas brutales en el cine, les recomiendo ver la película Shoah, sobre el holocausto nazi. Se trata de una película documental, en la que el director entrevista a supervivientes de los campos de concentración. Más que lo impactante de las imágenes, que yo diría que impactan, en verdad, menos que muchas películas sangrientas a las que están más que acostumbrados los adolescentes, lo que sorprende es la falta de sentimiento de algunos de los entrevistados. Como muestra pueden ver estos 15 minutos de una de las escenas en las que el director Claude Lanzmann entrevista a un peluquero que trabajó cortando el pelo a judíos antes de mandarlos a la cámara de gas en los campos de exterminio.

 

Véanlo aquí.

 

Según me contaron en un seminario al que asistí el año pasado, el caso de este peluquero es un típico caso de enajenación/bloqueo de emociones. El shock al que este hombre se exponía era tan grande que como único remedio para sobrevivir ante un episodio tan traumático acabó por desarrollar un distanciamiento de la realidad tal que le “desactivó” la capacidad de sentir. Obviamente esta estrategia no se pone en funcionamiento de forma premeditada, sino que surge como respuesta inconsciente para superar una realidad que desborda toda expectativa imaginable. Es así como, inmunizado ante cualquier atisbo de sentimiento o de culpa, el peluquero logra acallar el dolor e incluso, dejar de sentirlo. Asombra ver la frialdad y el “temple” de sus palabras, que apenas sí dejan resquicio para el remordimiento o la pena.

 

Cuento esto porque asistí recientemente a un taller de Aprendizaje basado en Juegos sobre el que me gustaría comentar algunas ideas que apunté, para no olvidar:

·         La primera cuestión es si debemos, o no, los educadores, padres (o madres) meternos en las aficiones de los jóvenes. La adolescencia es una etapa muy crítica en la que, evidentemente, un niño precisa de un mayor espacio de intimidad. Están desarrollando su propia identidad y para ello necesitan más espacio para construirla. Como hombre que fui niño una vez, recuerdo haber dejado de buscar a partir de 6º de E.G.B. los besos de mi madre; mi interés por compartir mi tiempo con una mujer “nutriente” y “protectora” que me amaba incondicionalmente se vio sustituido por el interés hacia la mujer como figura más “sexualizada”, que unas veces daba placer y otras, por qué no decirlo, atormentaba. Como buen pre-adolescente yo también anhelaba convertirme en un ser real, formar parte de una realidad externa en la que quería participar. Y, nos guste o no, las hormonas de un adolescente masculino no conocen la marcha atrás y tienden por instinto a desviar la atención imagínense a dónde.

·         Precisamente la virtualidad que rodea al mundo de los videojuegos evita que ese cambio hacia lo físico y real se produzca o, cuanto menos,  favorece la introducción de ciertos temas por medio de una realidad artificial modificada a través del filtro de la pantalla. La transición a la etapa adulta se realizará en cualquier caso, pues el cambio hormonal no es algo que nadie pueda controlar; pero podemos, sin embargo, interesarnos por las condiciones externas en las que dicho cambio se produce, informarnos de qué influencias están teniendo y cómo guían estas influencias su comportamiento para afrontar el cambio.

·         En relación a la psicoformación en videojuegos y gamificación, surgieron en el taller al que asistí muchas preguntas interesantes. Algunas de ellas eran:

 

o   ¿Existen en alguno de los videojuegos a los que juega su hijo/a comportamientos antisociales manifiestos? (Ej. Call of Duty, Grand Theft Auto, etc).

o   ¿Cuál es el tiempo de exposición diario a las imágenes del juego? ¿Es un tiempo puntual, consensuado y controlado o se queda su hijo/a el día entero jugando?

o   ¿Qué ánimo tiene cuando comienza a jugar? ¿Y cuándo termina? ¿Está más tranquilo o más alterado? ¿Le sirve el juego para desahogar su agresividad o se la acrecienta? ¿Desarrolla estrategias para gestionar su ira o sus emociones?

o   ¿Para qué jugamos? ¿Buscamos mera diversión y entretenimiento o es una forma de no enfrentarnos a los problemas?

o   ¿Es consciente de lo que está pasando? ¿Hay un pensamiento crítico hacia la filia que está desarrollando?

 

·         Me llamó la atención un pensamiento que formuló la ponente del taller: decía que las nuevas tecnologías (TIC) son como el bilingüismo, que han llegado para quedarse y queramos o no, debemos de convivir con ella. Negarlas sería un acto de necedad. Amigas o enemigas, nos vemos impelidos a comprenderlas, para ver cómo podemos, como docentes, en nueve meses que tenemos de acompañamiento con el alumnado, utilizarlas para establecer el vínculo necesario entre profesorado y alumnado, de cara a fomentar los aprendizajes.

 

Imagino que como todo en la vida habrá defensores y detractores, pero a mí, personalmente me convencieron algunos argumentos que expongo a continuación:

Parece ser que en el entorno militar se utilizan los simuladores para permitir vivir la realidad sin riesgos; así, por ejemplo, se puede aprender a pilotar un avión sin miedo a equivocarse y estrellarlo por un fallo humano, pues se sabe a priori que no habrá consecuencias materiales ni accidentes que impliquen bajas humanas. Si bien esto es claramente una aplicación positiva de los simuladores, existe también la otra cara: cuando la simulación estriba en incrementar los reflejos para “matar al enemigo” se da una progresiva desconexión emocional, desvinculando la emoción propia de un acto de violencia del acto en sí de matar. Al deteriorarse el vínculo emocional con la persona sobre la que se actúa se posibilita la finalidad de la acción, ocasionando relaciones que son, por norma general, menos profundas que las que pueden existir en una relación cara a cara, más afectiva.

 

Volvemos al tema que surgió en mi última entrada: el del mundo real y el mundo idealizado. Cuando se nos invita en un juego a asociar nuestra identidad con un avatar, se nos induce, en realidad, a crear un vínculo afectivo con nuestro personaje, con el yo ficticio con el que vamos a participar, haciéndonos creer que somos esa proyección de nuestra fantasía. Lo mismo, en términos algo diferentes, ocurre a los adultos con las imágenes de marca. Aún recuerdo cuando fui al concesionario para escoger mi último coche y el vendedor me tentaba diciéndome: “Señor, yo le veo en un Mercedes, sofisticado, juvenil e innovador. Le pega este coche, ¿en qué color le gustaría?”. ¿Hablaba el vendedor del coche o de mí? Hmmm…

¿Quiénes somos en verdad? ¿Sabemos diferenciar lo que somos de la imagen que damos? ¿Coincide esta imagen con lo que queremos que otros vean de nosotros? ¿La utilizamos para suplir una carencia o es reflejo de nosotros mismos?

 

Algunos estudios aseveran que hasta los siete años un niño necesita para aprender de experiencias vivenciales REALES y que éstas no se producen en dos dimensiones sino en tres o más dimensiones (espacio, tiempo, tacto…). Frente a estudios que aseguran que cuando un niño pequeño utiliza un ipad incrementa la velocidad de procesamiento y acelera la capacidad de reacción y los actos reflejos, otros indican que un tiempo de exposición excesivo a la pantalla (retroiluminada) puede desarrollar insomnio y/o sintomatologías (que no diagnóstico) propios de personas con autismo. Lo que parece estar claro, en cualquier caso, es que el desarrollo afectivo, emocional y psicomotriz se ve alterado en función del tipo de juego al que se someta el niño/a.

 

Cierren por un momento los ojos y visualicen los primeros juegos que vivieron cuando eran pequeños. ¿Dónde tenían lugar? ¿Con quién estaban? ¿Cómo era el juego? ¿Qué sentían? El juego es probablemente el aprendizaje más natural de todos, con el que se empieza a conocer y explorar el mundo; un juego incita a la curiosidad, a la sociabilidad, a experimentar. Desgraciadamente a medida que crecemos vamos perdiendo la habilidad de jugar; las obligaciones nos inundan y olvidamos hacer lo que más nos gusta, porque tenemos que atender a otras obligaciones. Aún así, buscamos equilibrar la balanza entre “querer y deber” de la manera que mejor podemos.

 

Siempre me han encantado las actividades extraescolares; desde que era muy pequeño me encantaba hacer cosas después del colegio (deporte, baile, idiomas, boy-scouts…). Hoy día los juegos ya no son tan colectivos como antes. Los videojuegos han producido un cambio hacia lo individual, o tal vez no, desde que salieron los juegos online multiplataforma. En todo caso, los números no engañan: seguimos jugando aunque de otra manera. No en vano, un 53% de la población se confiesa jugadora de algún tipo de videojuego. De entre los jóvenes de 18 a 29 años el 76% manifiesta jugar de vez en cuando y entre 30 y 44 años todavía cerca de la mitad (54%) se autocalifica como “jugona”. Por sexos la edad media de las jugadoras (mujeres) es de 43 y si hablamos de hombres la edad media de los jugadores desciende hasta los 35. El género masculino, en este sentido, parece “consumir” más videojuegos; de ahí, probablemente, que las temáticas y la apariencia de los personajes tiendan a menudo a sexualizarse y pecar de ser un tanto “micromachista”, para así buscar el impacto dentro del mercado entre los destinatarios potenciales del producto: los hombres.

 

Especialmente interesante me resultó conocer algunos intríngulis del diseño de videojuegos, como saber que los tiempos que utilizan los videojuegos para dar recompensas se han visto reducidos en los últimos años, para incentivar el interés de los jugadores; parece ser que acostumbrados como estaban a tiempos inferiores a un segundo, su interés decrecía a medida que jugaban más, por lo que para seguir interesados en el juego a pesar de largos tiempos de exposición al mismo, debía motivárseles con más premios en un menor período de tiempo. La paciencia y la perseverancia no son valores a considerar a nivel comercial. Satisface solamente aquello que está por llegar, que está al alcance de la vista. Y cuando logramos nuestro objetivo, parece que ya nos deja de satisfacer y buscamos avistar lo siguiente que queremos obtener. Parece, así, que viviéramos en una insatisfacción continua, donde el resultado ya no es gratificante y en su lugar es la búsqueda de lo que nos falta la que nos hace activar nuestro deseo. (De nuevo Lacan y la disyuntiva entre deseo y goce)…

 

Llenar esos puntos muertos de aburrimiento en los que hablé ya en otra entrada ha resultado un filón para muchas empresas de comunicación y tecnología. Hoy día, si un adolescente se aburre, dispone de un móvil para matar el aburrimiento. Como escribía mi “muy-me” José Carlos, el aburrimiento nos ayuda a devanarnos los sesos y exprimir nuestra creatividad para ingeniarnos formas nuevas de pasar el rato, incluso sin tener nada.

 

Hace poco me sentí como un mono de feria hablando con una madre. Me decía ésta que era mi obligación motivar al alumnado, buscar la forma en que tuviera interés de realizar los contenidos de mi asignatura. Me sé de memoria la teoría, el cono de aprendizajes y las metodologías de enseñanza de Cody Blair. Tal vez por eso de que a veces nos gusta “tirar pelotas fuera” me encantó la frase que escuché de que la motivación mayor del jugador se encuentra en sí mismo, no en la actividad a la que juega. Al diseñar los juegos, según me contaron, existe una actitud existencial de predisposición al juego que se adquiere ya en los primeros años de vida, en función del ambiente que ha rodeado a un bebé en sus estadios iniciales. Si éste ha estado más expuesto a estímulos externos, se le activarán más fácilmente las alertas para poner la atención en los cambios exteriores; por el contrario, si no se educa a un bebé en la interacción con otras personas, tenderá a aislarse y retraerse, incrementando su capacidad de introspección en detrimento de sus habilidades sociales.

 

El problema fundamental que veo yo en las próximas generaciones es que vienen muchos alumnos/as ya tan sumamente “fogueados” a clase, que resulta cada vez más difícil buscar actividades que les motiven. No cabe duda de que los adolescentes de hoy tienen un abanico de posibilidades mucho mayor que el que tuvimos los profesores/as cuando fuimos (etariamente) jóvenes. Sin embargo el incremento del número de opciones disponibles no ha llevado aparejado un incremento de las experiencias que reportaran emociones; más bien al contrario, lo que se ha producido es un aumento gradual de situaciones a costa de una menor sensibilización frente a las experiencias vividas.

 

Lo ilustraré con un ejemplo muy bizarro:

Imagínense jugando con doce años a clavar clavos con un martillo: Usted fijaría el clavo a la madera, procurando mantenerlo recto con una mano y con la otra cogería un martillo, lo levantaría a media altura, apuntaría al clavo y calcularía la fuerza necesaria para introducirlo, poco a poco, golpeando sobre la cabeza con cuidado de no golpear sus dedos. Así una y otra vez…

El mismo juego en un videojuego tendría que ser diferente: convertir la experiencia real en virtual pasaría por prescindir de la experiencia multisensorial para tener que reducirla al sentido de la vista, por lo que sería necesario magnificar el impacto visual para hacerlo más atractivo: se diseñarían primeros planos del clavo, de los dedos sujetando el clavo, del martillo alzándose en alto. Seguramente convendría enfatizar con un plano contrapicado el momento en que el martillo estuviera a punto de descender, para darle más majestuosidad e importancia al punto álgido; me imagino una palanca (o un botón) para acumular la fuerza con la que se va a dar propulsión a la caída del martillo y, una vez acumulada, pulsar y dejarlo descender en una imagen que amplifique el sonido, el efecto de la gravedad y la potencia del golpe cayendo. El momento del impacto con el clavo, si yo lo diseñara, tendría que ser corto, rotundo y penetrante, para un mayor impacto.

 

En el curso de gamificación que les comentaba antes decía una de las ponentes que todo lo que se hace se aprende: si se aprende, aunque sea virtualmente y jugando, a dar martillazos en la cabeza de alguien, se estará aprendiendo también a familiarizarse con ese tipo de acción. Por eso, si yo fuera diseñador de videojuegos y diseñara un juego en el que se dieran martillazos a las cabezas de la gente, lo que no sería moralmente ético desde el punto de vista artístico sería eliminar de la escena del impacto la sangre y los gritos de dolor del “dueño” de la cabeza golpeada, porque estaría alimentando la sensación de impunidad del jugador. En cierto modo, repetir un acto que lleva implícito un dolor físico sin expresar las consecuencias de ese dolor, induce a insensibilizar al protagonista frente a esas sensaciones.

 

Igual, por ejemplo, que ocurre a los monos de esta canción infantil, que les sale un chichón sin asustarse, llorar ni quejarse cuando les sale.

 

 

 

Y esto es, a groso modo y de un modo un poco macabro, lo que ocurre en realidad con muchos videojuegos, que ayudan a insensibilizar a los jóvenes de las consecuencias reales de sus actos, del dolor, la angustia y el llanto que van asociadas a vivir la realidad.

Me viene a la cabeza ahora esos casos que me encuentro a veces en el aula de pre-adolescentes que se están golpeando con la regla, pinchándose con el compás o amenazando con la escuadra y el cartabón, sin hacerse daño, solo jugando, como ellos dicen inocentemente. ¿Se darán cuenta de que hay juegos que encierran en sí  mismos cierta violencia, aunque ellos ya estén acostumbrados/insensibilizados a esas formas? O tal vez sea yo, que como nunca me trajeron los Reyes Magos juegos de disparos ni de guerra, haya crecido en un entorno tan alejado de la violencia que ahora esté hipersensibilizado.

 

Pero es que lo mismo que ocurre con la violencia ocurre con el amor y el sexo, que de tan descarnado y al alcance que lo tienen ahora los adolescentes, se banaliza hasta extremos que escapan a la imaginación: El erotismo de una falda por la rodilla, la insinuación detrás de un abanico, el roce en la mano ajena en el cine, las miradas furtivas en la parada del bus, prestarse un libro o un radiocassette con tu canción favorita son cosas que, desgraciadamente, dejarán para muchos/as de significar algo en un mundo donde las emociones solo se entenderán si son fuertes, cruentas o exacerbadas. Por eso tal vez la distancia entre el beso suave en la mejilla que roza los labios y el primer acto sexual en la cama tiende cada vez más a desaparecer; porque cada vez más, la sociedad invita a los jóvenes a saltarse episodios y nos induce a querer ver directamente el final de la película, sin entender que ver solo el final no resulta interesante, porque lo interesante, al fin y al cabo, es el camino hasta llegar, el deseo que se acrecienta, nos moviliza y perturba.

 

Como se acerca la primavera quisiera alentar a aquellos adolescentes que me lean a refrenar y controlar sus impulsos sexuales, a intentar (en la medida de lo posible) no dejarse sucumbir por los instintos y, sobre todo, a practicar con intensidad pero con moderación. Y para quienes sientan pena y frustración por no encontrar su media naranja, que no pierdan la ilusión. Que sepan que cada uno tenemos nuestro ritmo, que la vida ya se encargará de darnos a cada uno lo nuestro. Lo importante en el sexo no es la cantidad sino la calidad. No os apenéis si vuestros deseos no se cumplen, o se cumplen menos de lo que desearíais. Todo llega.

 

Para terminar, me atrevo a compartir con mis lectores algunos links que en su día me desconcertaron por lo asombroso de su propuesta. Espero que les valga en la educación a sus hijos/as para hacerles ver que, a veces, cuanto más lento, más se disfruta o que, tras largos períodos de abstinencia el clímax es mucho más placentero. Nunca se me hubiera ocurrido en mis tiempos que mis padres se metieran en la frecuencia con que me masturbara, pero, quien sabe, tal vez en el S. XXI imbuidos de la más desenfadada postmodernidad no sea tan extraño que un padre le proponga a su hijo estar 15 días sin masturbarse, a ver qué pasa.

 

Si necesitan ayuda pueden consultar este vídeo sobre el efecto Coolidge o si lo prefieren pueden visitar cualquier página de alguna de las asociaciones que, frente al crecimiento exponencial de la pornografía en internet, abogan por la NO-masturbación y garantizan efectos tan positivos que más se acercan al de la transverberación de Santa Teresa que al del éxtasis de un orgasmo.

 

Lo hagan como lo hagan, disfruten del sexo, y ya saben, cuanto más real y sensible mejor ;)

 

 

NOTA:

Esta entrada la dedico a:

1.- A aquel alumno “respondón” con pensamientos de peluquero para que entienda que hay situaciones en las que la profundidad del momento obliga a estar callado para sentir más lo que se hace.

2.- A todos aquellos alumnos que, aunque sea jugando, se golpean inocentemente pretendiendo no hacerse daño.

 

3.- También a todos aquellos padres y  madres que recibieron algún mensaje de violencia física, simbólica o de otro tipo, a los que agradezco haberse asustado; ello quiere decir que todavía están vivos y son sensibles a cuestiones que deben seguir importándonos a todos.

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MORAL STAMINA

Esto se acaba, amigos. Nos quedaron muchas cosas de las que hablar; sabíamos que no daría tiempo y aún así lo intentamos, cegados por un idealismo imbécil que convertía una realidad imposible en un acto de heroicidad.

Leo a Pessoa y me veo reflejado en sus palabras, cuando dice:

 

 

 

De todo quedaron tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,

la certeza de que había que seguir,

y la certeza de que sería interrumpido

antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda… un encuentro.

 

No creo haber podido enseñar todo lo que podría; acaso estábamos empezando cuando, pluf, se terminó. Aunque también es verdad que en arte hay poco que enseñar, más es cuestión de aprender, practicando, indagando, experimentando y descubriendo. Creo que bastantes alumnos han podido descubrir esto gracias al cuaderno de artista que propusimos en Plástica en la última evaluación. Y por eso quiero a ellos dedicarles esta última entrada, por haberse lanzado a explorar mundos sin respuestas, superando el miedo a sentirse perdidos y dejándose ir con el lápiz o la pluma.

En mis tiempos estudiábamos que si una cosa caracterizaba al ser humano era la racionalidad, que nos diferenciaba de los animales. Más allá de la razón y como demuestra la música, la poesía, la pintura y en general todas las artes quisiera destacar nuestra capacidad de simbolizar como singularidad inherente al ser humano: es ésta la parte que encuentro más enigmática e interesante de nosotros mismos.

Se ha colgado hace poco en el mismo muro donde hemos ensayado posibles graffitis en el último mes un cartel con el ideario del Instituto. Nada más necesario para llevar a cabo una educación exitosa que conocer sus objetivos, el marco teórico que le da sentido.

Quiero acabar volviendo a como comencé en mi primera entrada, hablando esta vez no del profesor como agente que posibilita la educación dentro de ese ideario, sino del vínculo capaz de producirse entre el profesorado y el alumnado tras del cual se hace posible el aprendizaje de esas cualidades.

Educar tiene sin duda algo de artístico: desconocer cuál será el resultado final al comenzar (a pintar), tener paciencia para adaptarse en cada momento a las vicisitudes del proceso, saber asumir las contrariedades y acoplarse al ritmo de la obra. El alumnado no deja de ser un lienzo que se va configurando por sí mismo ante la presencia de un adulto que da pautas o aconseja. Podremos como profesorXs señalar u omitir las imperfecciones, pero no somos nosotros los que tenemos el pincel para pintar el cuadro y aplicarle los colores. Nuestro mayor cometido es crear unas condiciones en las que sea posible que la persona se vea en situación de querer expresarse, se sienta confiada para utilizar sus propios recursos y así, a medida que vaya “pintando”, la persona se irá dibujando a sí misma, conociéndose más y mejor, viendo incluso esa parte suya de sombra que le hace aborrecer parte de una materia (por ejemplo, el dibujo lineal, las derivadas e integrales, la química inorgánica o el Lazarillo de Tormes) y aún dándose cuenta de eso que no le gusta, siga buscando en su interior con la curiosidad como motor; porque es esa curiosidad la que nos impulsa a querer saber más de las cosas, a profundizar en los temas, a resolver los conflictos, conocer personas, lugares físicos y áreas de conocimiento; sin curiosidad nos estancaremos y nos conformaremos con el estado actual de las cosas. Y por eso constantemente buscamos algo con lo que saciar nuestra curiosidad, ese ansia de saber, de conocer, de experimentar… sensaciones, alegrías, risas, amores… a través de los amigos, las ciencias, el arte, la lectura, la novedad del sexo… y que también, a veces, nos trae decepciones, amarguras, sinsabores, decepciones, llantos y tristeza.

 

Todo esto es a lo que nos hemos expuesto en este curso: estados de muy diversa índole que nos van ayudando (a todos) a conocernos a nosotros como personas y también a la relación que entablamos con los demás. Y gracias a todo lo que hemos vivido, vamos creciendo y madurando, creciendo y madurando, creciendo y madurando… Así que ¡¡adelante!! Que el camino sigue…

 

Go ahead 

 

 NOTA: como todo es pasajero, “la columna de PACO” también morirá para poder regenerarse en un mundo paralelo; se preve su autodestrucción para el 30 de junio de 2017.

 

CATÁLOGO DE IMÁGENES DE TRABAJOS DE PLÁSTICA.

 

 

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MALWARE

Malware es el término que se usa en inglés para designar al software malicioso.

Por software se entiende cualquier aplicación instalable en un ordenador.

El problema del malware es que se instalan sin permiso del propietario, lo mismo que los graffitis que estamos dando en Plástica, que los dibujan los graffiteros sin permiso del propietario del muro que toman por lienzo. Por eso les explico a mis alumnos que el graffiti, por muy bonito y artístico que sea no es legal, mientras que la pintura mural, que se hace en un muro con autorización del propietario, sí lo es.

Esto, tan sencillo de entender, es algo que, sin embargo, a muchos no les han explicado en la escuela. No sé si se habrán fijado cuando caminan por la ciudad la cantidad de graffitis (a menudo ni siquiera con un mínimo sentido artístico) que inundan las paredes, basuras y mobiliario urbano. No es fácil reparar en ellos; a menudo nos cuesta ver esos pequeños detalles que pasan inadvertidos si uno no se fija mucho. Es necesario ir con el “chip” activado para darse cuenta. Pero fíjense y verán, porque los hay, nos rodean por doquier.

Una de las señas de identidad de los graffiteros es su inconformismo; el graffiti se realiza como símbolo de protesta, para reivindicar una serie de ¿cosas? (no me pregunten cuales) a una sociedad que no satisface las demandas de algunos ciudadanos. El graffiti es, en sí mismo, destructivo, porque rompe con el sistema pre-establecido y se jacta de ir “en-contra”… lo que no nos dice nos dejan claro es qué es lo que denuncia. Su intención se basa más en negar y rechazar la realidad, que en construir una nueva más armónica.

Volviendo al malware, quiero dejar clara la diferencia entre malware y virus. Mientras un virus te indispone para seguir con tu actividad normal, te impide seguir trabajando o hasta puede eliminarte archivos, el malware te permite continuar con tu actividad “normal”, sin dejar inutilizado el ordenador. El malware se conforma con infiltrarse entre los archivos e impedir una experiencia plena de navegación o de uso de los programas… más o menos como una ampolla en la planta del pie, que no te impide seguir andando pero convierte seguir andando en algo incómodo y hasta doloroso.

Cuando entra un malware en el ordenador uno actúa con normalidad; al principio molesta un poco que salgan ventanas emergentes que hay que ir cerrando, o que aparezcan archivos extraños que uno no ha creado ocupando espacio. Se soporta con un poco más de paciencia al principio pero, poco a poco, uno se va enfadando más y más, cuando ve que se convierte en rutina el tener que ir cerrando ventanas flotantes cada vez que se abre el navegador de internet.

Casi prefiero ese otro tipo de malware que, sin decirme a mí nada, recaba información personal de mis costumbres de navegación o incluso de mis datos personales. A mí, mientras no me entere, la verdad, que no me importa. Lo mismo que mi madre, que a veces le tira a mi padre la caja del vídeo beta o las instrucciones de la nevera de hace 20 años que ya no está en garantía porque, total, para que estén ahí ocupando espacio, mejor limpiar.

Ignorar el perjuicio que a uno le hacen, a veces puede aliviar el daño. Sin embargo, mi amigo informático al que llevo el ordenador una vez al año, para hacer limpieza no opina lo mismo. Para él es mucho peor un virus que te destruye la información que un malware, con el que puedes convivir y seguir trabajando, por muy molesto que sea. Yo siempre le digo: “Mira Juan, a mí que se me meta alguien en mi vida sin yo darle permiso me parece un ataque a mi intimidad; me lo formateas entero y ya está…”.

Recientemente hemos sufrido según los medios de comunicación un ataque de un virus a gran escala que ha afectado a los ordenadores de grandes empresas e instituciones. Yo creo que ha sido más la alarma que el perjuicio real provocado. Aunque, la verdad, lo desconozco. Los medios de comunicación es lo que tienen, que a veces pueden crear una enorme onda expansiva de una mosca que ha caído en un vaso de leche.

Lo que sí es cierto, según informes oficiales es que los ataques cibernéticos están creciendo de forma exponencial en los últimos años. Y si hay tantos graffitis y tanto malware malintencionados yo creo que es porque algo “falla” en la sociedad que cada vez hay más gente disconforme que no sabe cómo dar escape a su frustración. Y es por ese descontento que algunos intentan llamar la atención para que nos fijemos en su dolor y su sufrimiento, porque necesitan que todos nos demos cuenta de lo mal que lo están pasando. Supongo que cuando uno no está a gusto, consuela ver que los demás tampoco lo están.

Por eso considero yo importante saber sobrellevar la angustia, la desazón, el desánimo, porque si no aprendemos a convivir con el dolor, no podemos diferenciarlo de la satisfacción y el bienestar y dejaremos que nuestras acciones se impregnen de ese malestar que, inevitablemente, se contagia.

Pero claro, para aceptar el dolor también hay que saber “ablandarse”: porque hay quien se percibe duro y seguro de sí mismo, como una piedra y en su convicción de que “tiene la razón” no se da cuenta de que es incapaz de cambiar, de asumir las críticas, las verdades bien dichas y entonces cuando alguien le dice algo que le causa dolor se pone a la defensiva y piensa que le están atacando… y a veces hasta ataca para no sentir su propio dolor. También los hay a los que ya todo “les resbala”, y ni siquiera se inmutan cunado le dicen algo (con ellos no va la historia). Y por último estamos los más “débiles”: aquellos a los que todo nos afecta, probablemente más sensibles pero también más inseguros; somos los que peor lo pasamos, porque no podemos evitar sufrir con el mínimo atisbo de dolor, a veces nos basta con imaginarlo.

Alguien a quien tengo cada día en más alta estima me sorprendió esta semana detectando en mi respiración cierta inquietud (¿podría ser la inquietud una forma de dolor?). Es curioso ver que hay gente que puede solo con sentirte percibir tu estado, sin mediar palabra. Según parece todos estamos expuesto a algún tipo de bloqueo respiratorio: unos abusamos de la inspiración y lo reflejamos con una postura corporal contraída, porque creemos que nos va a faltar el aire; otros abusan de la espiración y se muestran corporalmente “aplatanados”, tienden más a la relajación o al esparcimiento, sin saber que también pueden ocupar su espacio en el mundo.

Un ejercicio genial para liberarse la contracción para aquellos que sentimos que nos ocupan el espacio es soplar (véase el punto 7 de este link7 ). Por eso creo yo que soplamos las velas en las tartas de cumpleaños, porque así mientras soplamos, echamos todo el estrés del año y podemos comenzar otro año más vaciados de todo lo malo que nos ha pasado. Y por eso, seguramente, cuantos más años cumplimos más velas ponemos, no porque seamos más viejos, sino porque el paso de la vida trae siempre muchas amarguras y tenemos que dedicar más tiempo a soplar para echarlas fuera.

Y así, sin saberlo, el niño inconscientemente se sopla el dedo cuando se hace pupa pensando que así se le va a pasar el dolor; o resoplamos los adultos ante una dificultad muy grande, para aligerarnos de la carga que se nos avecina.

Pero hoy no quiero explayarme mucho, que estamos en época de exámenes y yo también tengo mucho que estudiar. Así que les voy a ofrecer un final abierto a mi entrada, para que ustedes mismos decidan como quieren terminar, así de paso demuestro a mi querida Pilar que la voluntad y la fe puede mover montañas :D.

Con lo que para terminar, les dejo a elegir el final de la entrada…

Si usted desea terminar esta entrada sabiendo más sobre: Cómo puede ayudar a su hijo/a el sencillo acto de soplar pulse aquí

B)  Si usted quiere conocer cómo puede ayudarle en su vida asumir el dolor pulse aquí

C)  Si no quiere leer tonterías y usted lo que quiere es arreglar su pendrive porque se le ha infectado con un malware que le ha convertido las carpetas en accesos directos, pulse aquí

 

 

Y por hoy, fin, Suerte a todos y todas con vuestros menesteres de fin de curso ;)

A LAS MADRES

Hay algo equivocado en “el día de la madre”.

*********

Hoy tengo miedo de escribir, no por mí, sino por mis lectoras, por cómo puedan recibir estas palabras. Probablemente la reacción que más me asuste de todas sea la de mi propia madre, que también “me sigue en el blog”.

Cuando alguien me dice que “lee lo que escribo”, no sé bien qué contestar; lo recibo con perplejidad, porque no sé en realidad qué quieren decir con eso ¿será buena o mala señal? Lo cierto es que reconforta saber que alguien me escucha; aunque el propósito de escribir para mí es, sobre todo, catártico (escribo más para liberarme que para ser comprendido) es extraño darse cuenta de que la difusión en una plataforma como ésta tiene necesariamente una repercusión. No es que ello vaya a hacerme cambiar. Afortunadamente este centro da cabida a todas las opiniones y es muy pluralista en ese sentido, así que me siento lo suficientemente libre como para expresarme sin restricciones.

Sin embargo, debo confesar que una de las opiniones que sí me influye y de las que me resulta más difícil liberarme es la de mi madre: a menudo me dice después de leer mis entradas que aprenda a ser más sintético, que me voy por las ramas contando historias, que empiezo con una idea y voy enlazando otras sin orden ni concierto y que al final todo queda confuso y no se comprende bien el tema, el mensaje… ¡¡como si hubiera un mensaje que comprender!! Yo me siento honrado de que por lo menos me lea, y que ejerza su crítica, porque eso es señal inequívoca de que se interesa por mí y nos comunicamos, aunque lo cierto es que hace ya mucho tiempo que dejé de aspirar a que me comprenda. Dos personas que piensan diferente no pueden nunca llegar a comprenderse; todo lo más se aceptarán. Y ese esfuerzo, el de quererme tal como soy, es el que yo reconozco que mi madre ha hecho siempre y por el cual le estaré eternamente agradecido.

Y por eso mamá, porque te quiero mucho, escribo esta entrada pensando en ti, aunque te pueda doler, para que entiendas que no por ser madre mía mi vida va a depender siempre de la tuya al igual que la tuya puede ser independiente de la mía. Así que con esa idea de soltar y dejar ir me gustaría que aceptes estas letras no como puñales que hieren sino como manos tendidas que desaparecen para que tu niño interior aprenda a sujetarse por sí solo sin ayuda de nadie.

*********

Decía E. Wenger en un libro sobre comunidades de práctica que si queremos innovar nuestra visión de futuro, debemos de olvidar nuestras estructuras mentales y adaptarnos a nuevas maneras de pensar, porque si mantenemos un patrón establecido de pensamiento, no seremos receptivos a nuevas ideas y nos parecerá descabellado todo lo que se salga de las estructuras previamente asumidas.

Es por eso que he empezado la entrada de hoy con una frase tan ¿desagradable?, para intentar dar una vuelta de rosca a la monotonía de un día que se ha convertido, como el de los enamorados, o el del padre en una tradición con cierto tufillo comercial. Así que siguiendo el ejemplo de autenticidad que nos dio Daniel en su presentación del libro, espero siendo claro desde el principio, poder desafiar los mecanismos cursis y sentimentaloides que se ocultan detrás de la institucionalización de un día dedicado a las madres.

En relación a la condición de madre, hace poco terminé de ver la tremenda serie Happy Valley. Salí tan excitado como conmocionado de ver cómo la protagonista (una mujer sargento de policía) sacrificaba su vida si hacía falta por vengar la muerte de su hija. Bien podría aplicársele - aunque con mucha más clase y autenticidad - la horripilante frase de la incalificable Belén Esteban de “por mi hija mato”. No obstante y por poco que me guste Belén Esteban, lo cierto es que se esconde una gran verdad detrás de esa rotunda afirmación y es que el vínculo que une a una madre con su hijo/a es de una fuerza indestructible. En la serie en cuestión la sargento Catherine muestra una iniciativa y valor que muchos hombres quisiéramos para nosotros; no sé si es innata esa resistencia infatigable ante un entorno hostil, pero tal como aparece retratada, yo diría que es la muerte de su hija el detonante de tanta fortaleza, como si a partir de entonces, se hubiera dado cuenta la madre de que, sin su hija, ya no es nada. Incapaz de olvidarla, encomienda su vida a hacer justicia persiguiendo al causante de su muerte y comienza a cuidar de lo único que le queda de ella (su nieto) a pesar de que éste le haga revivir el recuerdo de las dramáticas circunstancias de su pérdida.

A la inversa, también el traer una madre al mundo a un bebé es algo que veo, por experiencia ajena, que confiere a la mujer una fuerza sinigual. Me viene a la cabeza aquella madre embarazada que visitaba la academia en la que nos preparábamos para la última oposición de Secundaria que, lejos de sentirse cansada, tenía la firme convicción de sacarse una plaza para asegurar el futuro del retoño que estaba por llegar. Y vaya que si sacó la plaza, no hubo nadie que la superara… Mi madre también sacó su plaza de funcionaria estando embarazada, para que luego digan que se discrimina a las mujeres en el mundo laboral.

Desde mi ignorancia para comprender cómo es el contacto con un ser que ha salido de tus entrañas diría que debe tener algo reptiliano, como el rabo de la lagartija, que una vez separado del cuerpo, sigue moviéndose como si estuviera en incomprensible conexión con el cuerpo del animal del que se ha escindido. La controvertida discusión sobre si los gemelos univitelinos sienten lo mismo o no, se torna indiscutible cuando se trata de hablar de los sentimientos de una madre hacia su hijo. Erich Fromm lo describía como “amor incondicional” al amor que una madre profesaba por su hijo, porque no se pone jamás en duda, independientemente de si el objeto amado se comporta de una manera o de otra.

Tal vez radique ahí el sufrimiento de una madre cuando quiere a un hijo, en que, precisamente, haga el vástago lo que haga, ella está perennemente “condenada” a quererlo.

Trayendo a colación planteamientos teóricos de la psicología - de esos que tanto me gustan -citaré aquí la teoría de las relaciones objetales, que establece que la evolución del infante pasa por un estado inicial de estado de fusión indiferenciada con la madre que va desarrollándose progresivamente hacia una mayor autonomía como individuo hasta darse finalmente la separación plena, que ocurre cuando la persona se forja con un Yo diferenciado. Ni que decir tiene que este proceso, por muy espontáneo que sea no está exento de crisis y es probablemente en la adolescencia donde más evidentes se hagan, debido a la necesidad del adolescente de adquirir su propia identidad.

También conviene decir que en España las estancias de los hijos en la casa de sus padres se prolongan por mucho más tiempo que en otros países del mundo, lo cual muy posiblemente influya en que haya más tiempo de convivencia, con el consiguiente peligro de originarse disputas familiares. La obligación de compartir un espacio conjunto hasta una edad avanzada es lógico que produzca tensiones en los vínculos familiares cuando llegados a un punto, cada uno necesita su “espacio” en unos pisos que tienden a ser cada vez más reducidos debido al alto precio de la vivienda - la culpa siempre es de los políticos, ya se sabe -.

Cuando hablo con algunos alumnos, padres o madres a menudo me asaltan recuerdos de mi propia infancia y de cosas que me decía mi madre. Pero me cuesta, si me preguntan, dar consejos sobre cómo puede actuar una madre con un alumno, porque ni creo estar capacitado para ello ni me gusta intervenir en cómo debe nadie educar a sus hijos. Aunque imagino que en el fondo, debe ser parecido a cuando pintas, que a veces uno está tan saturado ya después de haber pasado tanto tiempo enfrente del lienzo, que necesitas que alguien te haga alguna observación para separarte un poco y observar el paisaje desde la distancia, sin afectación.

En mi caso el problema es que nunca me separé lo suficiente del cuadro y por eso nunca supe diferenciar lo bueno y lo malo que había en cómo actuaba mi madre. Para mí ella siempre fue divina, la única y la mejor. En mi memoria aún guardo las pocas peleas que tuve de pequeño en el colegio, que siempre e indefectiblemente tuvieron la misma causa: En mis tiempos cuando alguien quería ofenderte te insultaba abiertamente, porque aún no existían métodos tan sofisticados como el internet y todos sabían que las agresiones físicas tenían consecuencias graves que era mejor evitar. Así que la palabra era la única forma que quedaba de agredir. No era yo un alumno dado a los conflictos, más bien me recuerdo como alguien alegre, pacífico y trabajador pero esa forma de ser tan cordial y “modélica” según algunos profesores levantaba inevitablemente  las envidias de otros compañeros; así es que a veces, solo a veces, fruto de esas envidias, me acuerdo que fui objeto de insultos por parte de los “peores de la clase”, cuando me negaba a prestarles los apuntes en víspera de exámenes; impotentes al ver que no me dejaba soliviantar por unas cuantas palabras malsonantes, sí que hubo una vez en que, tras hacer caso omiso de todos los improperios que me decía uno, estallé para mi sorpresa instintivamente cuando me llamó hijo de puta abalanzándome sobre él con toda mi rabia. No recuerdo cuáles fueron las consecuencias pero sí que guardo mi satisfacción de haber dado su merecido a aquel desgraciado. Es curioso: ni su nombre ni su cara me vienen ahora a la memoria; solamente la sensación… ¡Parece mentira cómo se advierte en estos automatismos la reciprocidad de un hijo hacia el amor de su madre!

Y a esto es a lo que voy cuando me refiero a lo erróneo de haber acuñado un “día de la madre”, como si de una mártir se tratase que hubiera que santificar, que soporta carros y carretas sin inmutarse lo más mínimo, sin objetar lo más mínimo. Lo que importa no es la madre prototípica e idealizada que se ha convertido en arquetipo social de la bondad sino la relación que, cada uno, hayamos tenido con la nuestra, que no tiene por qué ser ni siquiera cercana a la que nos venden con frases estereotipadas del estilo “madre no hay más que una” o “amor de madre”.  Porque por muy santa que sea una madre, también ellas tienen derecho a ser malas, a pensar en ellas mismas y ser egoístas y a no estar siempre pendiente de los demás para que lo estén más de ellas, de lo que quieren y desean, o de aquello que les falta por haberse entregado, tal vez en demasía, a los demás, prescindiendo incluso de sus anhelos para satisfacer los de otros.

 

Así es que desde aquí me niego a celebrar el día de la madre, como si de una ceremonia de pontificación se tratase en la que encumbrar a la madre como objeto. Porque tampoco todas las madres saben hacer lo mejor para sus hijos, por mucho que lo hagan lo mejor que puedan y sepan. A veces, de hecho, también una madre terriblemente buena puede resultar “terriblemente mala”. Pero, sobre todo, me niego a entender la maternidad como la máxima realización de una mujer, y por eso, ruego a todas las madres, empezando por la mía, para que no se preocupen de si lo han hecho bien o mal; preocúpense menos por los demás y no se olviden de sí mismas, tengan sus proyectos de vida, independientemente de los de su familia y sobre todo, no se decepcionen si, como a veces ocurre, los hijos no satisfacemos vuestros deseos incumplidos. Porque mamá: “Yo soy yo y tus sueños sueños son”.

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NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA

Queridos lectores:

 

Hoy traigo buenas noticias: ¡¡Todavía estamos a tiempo de mejorar el mundo!!

 

Me he levantado esta noche a mitad de un sueño de esos poco comprensibles en los que mi compañero Alberto y yo íbamos puerta por puerta haciendo preguntas a gente desconocida para que participasen en una quiniela. De repente me he encontrado preguntándome a mí mismo “Y ¿para qué hacemos esta “porra”?”. E instintivamente he abierto los ojos de súbito. Al despertarme estaba aún la radio encendida a un volumen que, comparado con el silencio de la noche, resultaba algo molesto por el contraste que suponía. Así que he alargado la mano para apresurarme a apagarla; en lo que extendía mi mano al interruptor, me he dado cuenta de que hablaban en la noticia que se emitía de las “porras” de unos policías durante un ataque a unos insurgentes. Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia en el significante entre las palabras en la radio y las que yo pensaba en mi sueño. ¿Será posible que puede haber tal conexión entre mi persona interna y el entorno externo cuando duermo? Sin duda este hecho lo sugiere. Otra cosa sería poder probarlo… Y si fuera así, imagino que podría pasar con todos los seres humanos, porque aunque sí es cierto que soy un poco “bicho raro”, tampoco creo que sea tan especial como para que este hecho solamente se manifieste en mí, como si fuera uno de los personajes de la serie “Héroes” con “superpoderes”.

En eso de probar científicamente estoy yo precisamente ahora. Me está costando horrores ponerme a escribir este año el supuesto último trabajo que tengo que hacer para la Universidad. No paro de leer; tengo ya información como para diez trabajos, pero escribir… ay, amigos, escribir es otro cantar. Lo postergo todo cuanto puedo con el afán de no escribir palabras banales, de darles consistencia y carácter de verdad. El conocimiento científico es algo muy serio y no se puede frivolizar con él. En los últimos años en la Universidad cada vez se ha ido incrementando más la importancia de investigar. Ya no solo vale con “dar clase”. Esta fiebre por saber más y más la padecemos también los estudiantes, que, cada vez más, nos vemos abocados a escribir más trabajos y menos exámenes. Seguro que gran parte de mi alumnado se alegrará de conocer estas noticias…

 

Sea como fuere, el azar ha entrado en juego entre sueño y sueño y me ha hecho retomar el contacto en estos días con una antigua amiga a la que le inquieta bastante encontrar leyes universales que den sentido a la vida. A través de ella he sabido de una teoría algo extravagante aunque también extraordinaria que, según parece, se ha probado recientemente por la comunidad científica. Se trata de la “Teoría del Desdoblamiento del Tiempo” de Jean Pierre Garnier Malet. Sin ningún ánimo proselitista voy a aprovechar este espacio para comentarles algunas conjeturas que hace el científico francés, a ver qué opinan: lo que postula el Sr. Garnier no es sino una aplicación práctica de la teoría de la relatividad, que además no es nada nuevo, pues ya en la Edad Media en la época de los Templarios se tenía conocimiento de la capacidad de la persona y del tiempo de desdoblarse. El secreto parece radicar en abandonar la noción de tiempo real como algo continuo y asumir la existencia de aperturas temporales entre instante e instante a una velocidad mucho más rápida que la que habitualmente vivimos. Algo así como lo que ocurre con el tiempo paradójico durante los sueños, del cual tenemos una percepción totalmente diferente a la que percibimos en estado de vigilia. Así, de igual modo que podemos soñar historias largas en milésimas de segundo, podría entenderse a través del pensamiento la posibilidad que tenemos de ser varias personas en una. El pensamiento, en este sentido, es la función creadora de energía que hace materializarse en actos algunas de las posibilidades que pasan por nuestra cabeza. Por tanto, podría decirse que el mero pensamiento es, de por sí, energía pura que promueve la realización, atrayendo hacia nosotros que ocurra una cosa u otra, dependiendo de cómo sea nuestra manera de mirar la vida.

 

Algo así pensé yo justamente en una de las reuniones que celebró uno de los muchos Sindicatos antes de Semana Santa para informarnos al profesorado de los cambios que se habían acordado en la Mesa Sectorial con el Gobierno para esta legislatura. En varias ocasiones surgió la frase “El enemigo es la Administración” y yo no hacía más que pensar. “¿Tan mala es la Administración?”. Y por más que lo pensaba, me parecía más perversa la persona que decía la frase que la Administración en sí. Con ganas me quedé de decir a unos cuantos: “¡¡Tú sí que eres malo, por hablar mal de la Administración!!” pero me callé por cobardía, porque pienso que no soy lo suficientemente valiente para defender a la Administración.

Sí que me vine con ganas de transmitir a mis alumnos/as que, por favor, no piensen que el profesorado es “el enemigo”, porque todo lo contrario: estamos para ayudar y queremos ayudaros. A pesar de las regañinas, los castigos y las malas notas que a veces podamos poner, nuestro fondo es siempre benevolente y si veis que no lo es, por favor, hacérnoslo saber desde el respeto. “Escuelas activas de educación respetuosa”, según he sabido estas vacaciones, hay ya bastantes por toda la geografía española, y me alegra mucho saber que las tendencias que desde el Equipo de Convivencia del IES Alfredo Kraus se implantan, van siendo extensivas como ideario educativo en otros centros. Pero eso es tema de otro artículo que no quiero abarcar ahora mismo.

 

Lo más interesante que quería comentar sobre la Teoría de Jean Pierre Garnier es que todo el mundo tiene acceso a ese doble temporal que materializa quién habla y actúa por uno a través del pensamiento y también que es cuestión de decisión propia encontrar qué parte del yo queremos que se materialice en nuestro cuerpo en cada situación.

Para ello, según se cuenta, se utiliza el mismo principio vital que utiliza el bebé para mamar leche del pecho de su madre, es decir, esencialmente es instintivo, como instintiva es la reacción que solemos tener cuando de adultos damos respuesta a las preguntas que se nos plantean. El único inconveniente es que a menudo que vamos creciendo, vamos aumentando el hábito al dar respuestas, de modo que tendemos a recurrir siempre al mismo “yo desdoblado” para que nos ayude a elegir entre el amplio abanico de posibles respuestas. De este modo, si una persona se acostumbra a utilizar el patrón de la queja, acabará por estar siempre quejándose de la temperatura, por ejemplo, que puede hacer en un sitio, o de lo sucio que está o del poco tiempo que tiene para comer o hacer los deberes, o de lo mal que le salen las cosas. En cambio, si uno tiene el patrón de la alegría dará igual si hace sol, nieva o llueve, que siempre verá un motivo para pasarlo bien, y si se le pierde un cuaderno verá en ello la oportunidad de comprarse uno nuevo más bonito o si le dan exceso de trabajo, verá la ocasión de aprender más o, porqué no, de poner límites y decir “ya no más, que estoy saturado”.

En realidad todo depende de con qué “yo desdoblado” quiera uno hablar.

 

Le preguntan al Sr. Garnier en una entrevista que está publicada en internet - de la cual no pongo el link porque estoy hoy perezoso - si él sabe reconocer a la gente que está más en contacto con su “yo desdoblado”. Como él es francés contesta “bien sûr” y dice seguidamente que “los niños son los que más fácil acceso tienen al yo desdoblado”, porque son capaces de estar llorando en un instante y riendo al momento siguiente. Y pensando, pensando, me doy cuenta de que también yo he experimentado este cambio tan radical en las maneras de ser que tan extraño sería en un adulto: porque tras una semana de muchos enfados después de dar las notas parece de repente haberse acabado la convulsión emocional y hemos llegado a Semana Santa con unas clases en mucha calma y mucha paz. Y no sé si será por el viaje de inmersión de los grupos de 1º, la llegada de la Semana Santa que vuelve a todos más “buenos” o porque aún no está del todo forjada la personalidad de los alumnos y son capaces de adoptar posturas y formas de ser diversas en función de la circunstancia. Me gusta pensar que es más por esto último, porque no se aferran a ser de una única forma y saben mirar también qué viven y experimentan los demás antes de elegir qué “yo” desean manifestar.

 

Y es más, estoy casi seguro, porque así me lo demostraron el año pasado un grupo de alumnos de Diver, que me dio a conocer los documentales del “Zeitgeist”, de que ellos saben de esto mucho más que yo. Y con ese convencimiento volveré a clase no porque haya ido a la Iglesia y me sienta muy buena persona, sino porque sé que no soy yo el que les va a enseñar cómo aprender y adaptarse al mundo, sino que son ellos los que van a elegir qué quieren aprender. Lo único que puedo hacer yo es ofrecerles un camino posible, más o menos agradable, bonito o feo. Decidir si tomarlo (o no) es solo cuestión de que cada alumno dialogue con su “yo desdoblado” y vea cómo quiere actuar.

 

Feliz regreso a las aulas a todos mis alumnos/as lectores y a sus lectores desdoblados. Recordadles, por favor, que os recuerden llevar el cuaderno de artista, el lápiz blando, la agenda y las ganas de experimentar. :D

 

 

 

 

Dedico este artículo a Pilar, por todo el tiempo que llevamos compartido dentro y fuera del centro. Gracias, Pilar, por tu preocupación en difundir mis pensamientos, que de otra manera se quedarían solo en eso, pensamientos. Y gracias también por modificarlos de vez en cuando voluntaria o involuntariamente. Me gusta saber que hay un filtro entre lo que pienso-escribo y lo que se publica. Me da mucha tranquilidad. Ojalá podamos seguir materializando ideas no uno, sino muchos años más ;). Un abrazo sin manchas y con mucho glamour para ti.

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TALLER AFECTIVO-SEXUAL CON ADOLESCENTES

En el Kraus entendemos la educación como un todo. Educación holística, se llama ahora. Una educación basada en el conocimiento, el espíritu crítico, la relación con el mundo y con la persona misma. Y en esa dimensión humana entra de lleno la educación afectivo-sexual. En ningún caso pretendemos suplantar el papel de la familia en este sentido, sino complementarlo, ofrecerle otros cauces y otras visiones.

Los chicos y chicas son reacios a hablar sobre estos temas en casa y, a la pregunta de ¿pero esto lo hablas con tu  padre o tu madre? siempre chocamos con un rotundo y casi unánime Noooooooooo, me resulta muy incómodo.

Y la realidad es que en plena era de la comunicación, cuando todo está a golpe de clic, la desinformación es casi la misma que en nuestra época. Porque efectivamente la información está al alcance de un ratón o un smartphone pero ¿a qué información acceden? ¿con quién contrastan? ¿quién les hace esa curación de contenidos, tan de moda hoy?

Un taller de estas características puede parecer controvertido, pero siempre nos parece fundamental para el alumnado de estas edades, sobre todo si sirve para desmontar falsos mitos, desterrar tabúes y avanzar hacia una aceptación normal y plena de la propia sexualidad.

El curso pasado las familias tuvisteis ocasión de tener un taller con Lupe García Rodríguez, educadora y sexóloga, y de ella surgió el compromiso de que interviniera en el aula. Este curso nos encontramos con que nuestro alumnado tiene un año más y mil preguntas más; tienen más interrogantes y más situaciones en los que planteárselos. Así que, a instancias de Lupe, instalamos un buzón de preguntas anónimas que recogimos para luego pasárselas a ella y sobre ellas montar el taller. Las preguntas están recogidas íntegramente en la presentación que tenéis a continuación y que, os dará idea del desconocimiento de muchos y la madurez de otros.

Y con todas nuestras preguntas y nuestras ganas de respuestas nos embarcamos esa mañana con 60 personitas por sesión en las que resultaba difícil contener el nerviosismo, las risas, los comentarios, los cuchicheos, los gestos...

Podríamos contaros mil anécdotas, mil situaciones cómicas o cuanto menos, curiosas. Pero hoy nos interesa sacar conclusiones que nos puedan servir para seguir acompañando a estos chicos y chicas en este difícil momento de la adolescencia.

El momento en el que se sitúan estos chicos y chicas es muy distinto para unos y otras. Algunas chicas comunican mediante lenguaje no verbal su todavía rechazo al sexo, en tanto que otros asienten cuando se habla de temas que les interesa y empiezan a conocer. Seguramente las conclusiones que sacaron fueron muy distintas en ambos casos.

El tema del AUTOCONOCIMIENTO es fundamental en ambos sexos; pero en el caso de las chicas por razones obvias, el desconocimiento de su cuerpo, incluso el claro rechazo a hablar de ello, resulta muy significativo. Lupe les habló con claridad de su cuerpo, de sus órganos sexuales externos que apenas conocen y que ni siquiera saben nombrar. A todo el mundo le quedó claro lo que es el CLÍTORIS (a pesar de sus variantes como clitorix y clitrix, con el que lo vimos nombrado), pero nadie parecía saber de su existencia con anterioridad. Que el primer paso para tener una futura sexualidad sana, compartida y satisfactoria es el autoconocimiento fue una de las ideas en las que más se insistió y que les quedó muy clara.

La ORIENTACIÓN SEXUAL diversa y asumida desde el respeto tanto en las familias como en sus propios ambientes, fue también otro de los temas tratados. Una pregunta que siempre aparece es ¿cómo abordarías tú la homosexualidad de tu amigo o amiga? ¿cómo afrontarías la tuya propia? ¿cómo lo asumirían en tu familia?... Resultaría interesante que nos paráramos también las personas adultas en ella.

Las dudas en cuanto a las PRIMERAS RELACIONES y las PRÁCTICAS SEXUALES fueron muchas. La sexualidad que se nos vende en los medios está centrada en el coito rápido, inmediato, y por supuesto, satisfactorio para ambos. Nuestra educadora intentó hacerles ver que la sexualidad es mucho más amplia que eso, que no hay por qué abordarla centrada en ello, sino como algo más complejo en el que caben muchas más formas de comunicación en pareja.

Que no hay que tener prisa para hacer NADA PARA LO QUE NO ESTEMOS PREPARADXS fue también un punto fundamental. No hay que hacer nada para lo que aún no te sientas preparadx, ni siquiera por presión social o de la pareja. Intentar saltarse etapas e ir directamente a aquello que vemos en las pelis puede llevarnos a la frustración y a la insatisfacción.

En este sentido cabe hacer un inciso para recalcar el mensaje que dio, sobre todo a las chicas: si tú no estás preparada, no te apetece, no quieres hacerlo... SIEMPRE TIENES DERECHO A DECIR NO. NO es NO, incluso aunque hayas llegado a un punto del que no quieres pasar. La realidad nos indica que muchas veces las chicas se sienten coaccionadas por el chico para hacerlo Porque si no, no me quieres, Porque todas lo hacen, Porque eres una estrecha...Y ahí no solo tenemos que educar a las chicas, sino también, ojo, a los chicos. La violencia de género en los adolescentes tiene mucho que ver con todo esto.

Si tuviéramos que hacer un balance de lo que vimos y oímos podríamos quedarnos con el lado negativo de que cuarenta años después de haber vivido una educación marcada por la represión y la culpa en el tema del sexo, quizá se ha eliminado el elemento represor y pecaminoso; pero los miedos, la desinformación y los tabúes son muy parecidos. Pero también podemos destacar y quedarnos con el lado positivo y pensar que la actitud a la hora de preguntar, la comodidad con la que se sentían la mayoría, a pesar incluso de la presencia de sus profesoras y profesores; la curiosidad no cercenada,  nos invitan al optimismo y a pensar que están en disposición de informarse adecuadamente y crecer hacia esa plenitud que les hará personas maduras para vivir su sexualidad y sus relaciones de forma sana.

Por último quisiéramos incidir en el hecho de que:

HABLAR ABIERTAMENTE DE SEXO NO IMPLICA QUE LES ESTEMOS ANIMANDO A ELLO, 

SINO QUE LES ESTAMOS DANDO HERRAMIENTAS PARA VIVIR SU SEXUALIDAD

DE MANERA PLENA Y MADURA.

HABLAR DE ORIENTACIONES SEXUALES DISTINTAS NO SUPONE QUE LES ANIMEMOS A TOMARLAS, SINO A RESPETARLAS.

HABLAR DE PREVENCIÓN Y ANTICONCEPCIÓN NO INVITA A QUE LOS USEN,

SINO A SER MÁS CONSCIENTES DE LOS PELIGROS.

 

Muchos de los profesores y profesoras tuvimos que continuar resolviendo sus dudas, que seguían siendo muchas, cuando volvieron a clase; pero ahora os toca a vosotros, queridos padres y madres. Si con sus profes son capaces de hablar abiertamente es porque saben que no los vamos a juzgar y que les vamos a responder. Busquemos pues el ambiente adecuado y sereno para que puedan hacerlo también en la familia.

En el Kraus siempre hemos apostado por la educación compartida y la comunicación con vosotros y vosotras. En este partido nosotros hemos lanzado el primer balón, ahora os toca recoger y dirigir los rebotes.

 

Por último, no quisiéramos terminar sin agradecer a Lupe su dedicación, su esfuerzo a pesar del ambiente, su claridad y su empatía con nuestros chicos y chicas. Seguro que volvemos a tenerla en el Kraus.

 

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Prueba

MORAL STAMINA

Esto se acaba, amigos. Nos quedaron muchas cosas de las que hablar; sabíamos que no daría tiempo y aún así lo intentamos, cegados por un idealismo imbécil que convertía una realidad imposible en un acto de heroicidad.

Leo a Pessoa y me veo reflejado en sus palabras, cuando dice:

 

 

 

De todo quedaron tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,

la certeza de que había que seguir,

y la certeza de que sería interrumpido

antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda… un encuentro.

 

No creo haber podido enseñar todo lo que podría; acaso estábamos empezando cuando, pluf, se terminó. Aunque también es verdad que en arte hay poco que enseñar, más es cuestión de aprender, practicando, indagando, experimentando y descubriendo. Creo que bastantes alumnos han podido descubrir esto gracias al cuaderno de artista que propusimos en Plástica en la última evaluación. Y por eso quiero a ellos dedicarles esta última entrada, por haberse lanzado a explorar mundos sin respuestas, superando el miedo a sentirse perdidos y dejándose ir con el lápiz o la pluma.

En mis tiempos estudiábamos que si una cosa caracterizaba al ser humano era la racionalidad, que nos diferenciaba de los animales. Más allá de la razón y como demuestra la música, la poesía, la pintura y en general todas las artes quisiera destacar nuestra capacidad de simbolizar como singularidad inherente al ser humano: es ésta la parte que encuentro más enigmática e interesante de nosotros mismos.

Se ha colgado hace poco en el mismo muro donde hemos ensayado posibles graffitis en el último mes un cartel con el ideario del Instituto. Nada más necesario para llevar a cabo una educación exitosa que conocer sus objetivos, el marco teórico que le da sentido.

Quiero acabar volviendo a como comencé en mi primera entrada, hablando esta vez no del profesor como agente que posibilita la educación dentro de ese ideario, sino del vínculo capaz de producirse entre el profesorado y el alumnado tras del cual se hace posible el aprendizaje de esas cualidades.

Educar tiene sin duda algo de artístico: desconocer cuál será el resultado final al comenzar (a pintar), tener paciencia para adaptarse en cada momento a las vicisitudes del proceso, saber asumir las contrariedades y acoplarse al ritmo de la obra. El alumnado no deja de ser un lienzo que se va configurando por sí mismo ante la presencia de un adulto que da pautas o aconseja. Podremos como profesorXs señalar u omitir las imperfecciones, pero no somos nosotros los que tenemos el pincel para pintar el cuadro y aplicarle los colores. Nuestro mayor cometido es crear unas condiciones en las que sea posible que la persona se vea en situación de querer expresarse, se sienta confiada para utilizar sus propios recursos y así, a medida que vaya “pintando”, la persona se irá dibujando a sí misma, conociéndose más y mejor, viendo incluso esa parte suya de sombra que le hace aborrecer parte de una materia (por ejemplo, el dibujo lineal, las derivadas e integrales, la química inorgánica o el Lazarillo de Tormes) y aún dándose cuenta de eso que no le gusta, siga buscando en su interior con la curiosidad como motor; porque es esa curiosidad la que nos impulsa a querer saber más de las cosas, a profundizar en los temas, a resolver los conflictos, conocer personas, lugares físicos y áreas de conocimiento; sin curiosidad nos estancaremos y nos conformaremos con el estado actual de las cosas. Y por eso constantemente buscamos algo con lo que saciar nuestra curiosidad, ese ansia de saber, de conocer, de experimentar… sensaciones, alegrías, risas, amores… a través de los amigos, las ciencias, el arte, la lectura, la novedad del sexo… y que también, a veces, nos trae decepciones, amarguras, sinsabores, decepciones, llantos y tristeza.

 

Todo esto es a lo que nos hemos expuesto en este curso: estados de muy diversa índole que nos van ayudando (a todos) a conocernos a nosotros como personas y también a la relación que entablamos con los demás. Y gracias a todo lo que hemos vivido, vamos creciendo y madurando, creciendo y madurando, creciendo y madurando… Así que ¡¡adelante!! Que el camino sigue…

 

Go ahead 

 

 NOTA: como todo es pasajero, “la columna de PACO” también morirá para poder regenerarse en un mundo paralelo; se preve su autodestrucción para el 30 de junio de 2017.

 

CATÁLOGO DE IMÁGENES DE TRABAJOS DE PLÁSTICA.

 

 

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MALWARE

Malware es el término que se usa en inglés para designar al software malicioso.

Por software se entiende cualquier aplicación instalable en un ordenador.

El problema del malware es que se instalan sin permiso del propietario, lo mismo que los graffitis que estamos dando en Plástica, que los dibujan los graffiteros sin permiso del propietario del muro que toman por lienzo. Por eso les explico a mis alumnos que el graffiti, por muy bonito y artístico que sea no es legal, mientras que la pintura mural, que se hace en un muro con autorización del propietario, sí lo es.

Esto, tan sencillo de entender, es algo que, sin embargo, a muchos no les han explicado en la escuela. No sé si se habrán fijado cuando caminan por la ciudad la cantidad de graffitis (a menudo ni siquiera con un mínimo sentido artístico) que inundan las paredes, basuras y mobiliario urbano. No es fácil reparar en ellos; a menudo nos cuesta ver esos pequeños detalles que pasan inadvertidos si uno no se fija mucho. Es necesario ir con el “chip” activado para darse cuenta. Pero fíjense y verán, porque los hay, nos rodean por doquier.

Una de las señas de identidad de los graffiteros es su inconformismo; el graffiti se realiza como símbolo de protesta, para reivindicar una serie de ¿cosas? (no me pregunten cuales) a una sociedad que no satisface las demandas de algunos ciudadanos. El graffiti es, en sí mismo, destructivo, porque rompe con el sistema pre-establecido y se jacta de ir “en-contra”… lo que no nos dice nos dejan claro es qué es lo que denuncia. Su intención se basa más en negar y rechazar la realidad, que en construir una nueva más armónica.

Volviendo al malware, quiero dejar clara la diferencia entre malware y virus. Mientras un virus te indispone para seguir con tu actividad normal, te impide seguir trabajando o hasta puede eliminarte archivos, el malware te permite continuar con tu actividad “normal”, sin dejar inutilizado el ordenador. El malware se conforma con infiltrarse entre los archivos e impedir una experiencia plena de navegación o de uso de los programas… más o menos como una ampolla en la planta del pie, que no te impide seguir andando pero convierte seguir andando en algo incómodo y hasta doloroso.

Cuando entra un malware en el ordenador uno actúa con normalidad; al principio molesta un poco que salgan ventanas emergentes que hay que ir cerrando, o que aparezcan archivos extraños que uno no ha creado ocupando espacio. Se soporta con un poco más de paciencia al principio pero, poco a poco, uno se va enfadando más y más, cuando ve que se convierte en rutina el tener que ir cerrando ventanas flotantes cada vez que se abre el navegador de internet.

Casi prefiero ese otro tipo de malware que, sin decirme a mí nada, recaba información personal de mis costumbres de navegación o incluso de mis datos personales. A mí, mientras no me entere, la verdad, que no me importa. Lo mismo que mi madre, que a veces le tira a mi padre la caja del vídeo beta o las instrucciones de la nevera de hace 20 años que ya no está en garantía porque, total, para que estén ahí ocupando espacio, mejor limpiar.

Ignorar el perjuicio que a uno le hacen, a veces puede aliviar el daño. Sin embargo, mi amigo informático al que llevo el ordenador una vez al año, para hacer limpieza no opina lo mismo. Para él es mucho peor un virus que te destruye la información que un malware, con el que puedes convivir y seguir trabajando, por muy molesto que sea. Yo siempre le digo: “Mira Juan, a mí que se me meta alguien en mi vida sin yo darle permiso me parece un ataque a mi intimidad; me lo formateas entero y ya está…”.

Recientemente hemos sufrido según los medios de comunicación un ataque de un virus a gran escala que ha afectado a los ordenadores de grandes empresas e instituciones. Yo creo que ha sido más la alarma que el perjuicio real provocado. Aunque, la verdad, lo desconozco. Los medios de comunicación es lo que tienen, que a veces pueden crear una enorme onda expansiva de una mosca que ha caído en un vaso de leche.

Lo que sí es cierto, según informes oficiales es que los ataques cibernéticos están creciendo de forma exponencial en los últimos años. Y si hay tantos graffitis y tanto malware malintencionados yo creo que es porque algo “falla” en la sociedad que cada vez hay más gente disconforme que no sabe cómo dar escape a su frustración. Y es por ese descontento que algunos intentan llamar la atención para que nos fijemos en su dolor y su sufrimiento, porque necesitan que todos nos demos cuenta de lo mal que lo están pasando. Supongo que cuando uno no está a gusto, consuela ver que los demás tampoco lo están.

Por eso considero yo importante saber sobrellevar la angustia, la desazón, el desánimo, porque si no aprendemos a convivir con el dolor, no podemos diferenciarlo de la satisfacción y el bienestar y dejaremos que nuestras acciones se impregnen de ese malestar que, inevitablemente, se contagia.

Pero claro, para aceptar el dolor también hay que saber “ablandarse”: porque hay quien se percibe duro y seguro de sí mismo, como una piedra y en su convicción de que “tiene la razón” no se da cuenta de que es incapaz de cambiar, de asumir las críticas, las verdades bien dichas y entonces cuando alguien le dice algo que le causa dolor se pone a la defensiva y piensa que le están atacando… y a veces hasta ataca para no sentir su propio dolor. También los hay a los que ya todo “les resbala”, y ni siquiera se inmutan cunado le dicen algo (con ellos no va la historia). Y por último estamos los más “débiles”: aquellos a los que todo nos afecta, probablemente más sensibles pero también más inseguros; somos los que peor lo pasamos, porque no podemos evitar sufrir con el mínimo atisbo de dolor, a veces nos basta con imaginarlo.

Alguien a quien tengo cada día en más alta estima me sorprendió esta semana detectando en mi respiración cierta inquietud (¿podría ser la inquietud una forma de dolor?). Es curioso ver que hay gente que puede solo con sentirte percibir tu estado, sin mediar palabra. Según parece todos estamos expuesto a algún tipo de bloqueo respiratorio: unos abusamos de la inspiración y lo reflejamos con una postura corporal contraída, porque creemos que nos va a faltar el aire; otros abusan de la espiración y se muestran corporalmente “aplatanados”, tienden más a la relajación o al esparcimiento, sin saber que también pueden ocupar su espacio en el mundo.

Un ejercicio genial para liberarse la contracción para aquellos que sentimos que nos ocupan el espacio es soplar (véase el punto 7 de este link7 ). Por eso creo yo que soplamos las velas en las tartas de cumpleaños, porque así mientras soplamos, echamos todo el estrés del año y podemos comenzar otro año más vaciados de todo lo malo que nos ha pasado. Y por eso, seguramente, cuantos más años cumplimos más velas ponemos, no porque seamos más viejos, sino porque el paso de la vida trae siempre muchas amarguras y tenemos que dedicar más tiempo a soplar para echarlas fuera.

Y así, sin saberlo, el niño inconscientemente se sopla el dedo cuando se hace pupa pensando que así se le va a pasar el dolor; o resoplamos los adultos ante una dificultad muy grande, para aligerarnos de la carga que se nos avecina.

Pero hoy no quiero explayarme mucho, que estamos en época de exámenes y yo también tengo mucho que estudiar. Así que les voy a ofrecer un final abierto a mi entrada, para que ustedes mismos decidan como quieren terminar, así de paso demuestro a mi querida Pilar que la voluntad y la fe puede mover montañas :D.

Con lo que para terminar, les dejo a elegir el final de la entrada…

Si usted desea terminar esta entrada sabiendo más sobre: Cómo puede ayudar a su hijo/a el sencillo acto de soplar pulse aquí

B)  Si usted quiere conocer cómo puede ayudarle en su vida asumir el dolor pulse aquí

C)  Si no quiere leer tonterías y usted lo que quiere es arreglar su pendrive porque se le ha infectado con un malware que le ha convertido las carpetas en accesos directos, pulse aquí

 

 

Y por hoy, fin, Suerte a todos y todas con vuestros menesteres de fin de curso ;)

A LAS MADRES

Hay algo equivocado en “el día de la madre”.

*********

Hoy tengo miedo de escribir, no por mí, sino por mis lectoras, por cómo puedan recibir estas palabras. Probablemente la reacción que más me asuste de todas sea la de mi propia madre, que también “me sigue en el blog”.

Cuando alguien me dice que “lee lo que escribo”, no sé bien qué contestar; lo recibo con perplejidad, porque no sé en realidad qué quieren decir con eso ¿será buena o mala señal? Lo cierto es que reconforta saber que alguien me escucha; aunque el propósito de escribir para mí es, sobre todo, catártico (escribo más para liberarme que para ser comprendido) es extraño darse cuenta de que la difusión en una plataforma como ésta tiene necesariamente una repercusión. No es que ello vaya a hacerme cambiar. Afortunadamente este centro da cabida a todas las opiniones y es muy pluralista en ese sentido, así que me siento lo suficientemente libre como para expresarme sin restricciones.

Sin embargo, debo confesar que una de las opiniones que sí me influye y de las que me resulta más difícil liberarme es la de mi madre: a menudo me dice después de leer mis entradas que aprenda a ser más sintético, que me voy por las ramas contando historias, que empiezo con una idea y voy enlazando otras sin orden ni concierto y que al final todo queda confuso y no se comprende bien el tema, el mensaje… ¡¡como si hubiera un mensaje que comprender!! Yo me siento honrado de que por lo menos me lea, y que ejerza su crítica, porque eso es señal inequívoca de que se interesa por mí y nos comunicamos, aunque lo cierto es que hace ya mucho tiempo que dejé de aspirar a que me comprenda. Dos personas que piensan diferente no pueden nunca llegar a comprenderse; todo lo más se aceptarán. Y ese esfuerzo, el de quererme tal como soy, es el que yo reconozco que mi madre ha hecho siempre y por el cual le estaré eternamente agradecido.

Y por eso mamá, porque te quiero mucho, escribo esta entrada pensando en ti, aunque te pueda doler, para que entiendas que no por ser madre mía mi vida va a depender siempre de la tuya al igual que la tuya puede ser independiente de la mía. Así que con esa idea de soltar y dejar ir me gustaría que aceptes estas letras no como puñales que hieren sino como manos tendidas que desaparecen para que tu niño interior aprenda a sujetarse por sí solo sin ayuda de nadie.

*********

Decía E. Wenger en un libro sobre comunidades de práctica que si queremos innovar nuestra visión de futuro, debemos de olvidar nuestras estructuras mentales y adaptarnos a nuevas maneras de pensar, porque si mantenemos un patrón establecido de pensamiento, no seremos receptivos a nuevas ideas y nos parecerá descabellado todo lo que se salga de las estructuras previamente asumidas.

Es por eso que he empezado la entrada de hoy con una frase tan ¿desagradable?, para intentar dar una vuelta de rosca a la monotonía de un día que se ha convertido, como el de los enamorados, o el del padre en una tradición con cierto tufillo comercial. Así que siguiendo el ejemplo de autenticidad que nos dio Daniel en su presentación del libro, espero siendo claro desde el principio, poder desafiar los mecanismos cursis y sentimentaloides que se ocultan detrás de la institucionalización de un día dedicado a las madres.

En relación a la condición de madre, hace poco terminé de ver la tremenda serie Happy Valley. Salí tan excitado como conmocionado de ver cómo la protagonista (una mujer sargento de policía) sacrificaba su vida si hacía falta por vengar la muerte de su hija. Bien podría aplicársele - aunque con mucha más clase y autenticidad - la horripilante frase de la incalificable Belén Esteban de “por mi hija mato”. No obstante y por poco que me guste Belén Esteban, lo cierto es que se esconde una gran verdad detrás de esa rotunda afirmación y es que el vínculo que une a una madre con su hijo/a es de una fuerza indestructible. En la serie en cuestión la sargento Catherine muestra una iniciativa y valor que muchos hombres quisiéramos para nosotros; no sé si es innata esa resistencia infatigable ante un entorno hostil, pero tal como aparece retratada, yo diría que es la muerte de su hija el detonante de tanta fortaleza, como si a partir de entonces, se hubiera dado cuenta la madre de que, sin su hija, ya no es nada. Incapaz de olvidarla, encomienda su vida a hacer justicia persiguiendo al causante de su muerte y comienza a cuidar de lo único que le queda de ella (su nieto) a pesar de que éste le haga revivir el recuerdo de las dramáticas circunstancias de su pérdida.

A la inversa, también el traer una madre al mundo a un bebé es algo que veo, por experiencia ajena, que confiere a la mujer una fuerza sinigual. Me viene a la cabeza aquella madre embarazada que visitaba la academia en la que nos preparábamos para la última oposición de Secundaria que, lejos de sentirse cansada, tenía la firme convicción de sacarse una plaza para asegurar el futuro del retoño que estaba por llegar. Y vaya que si sacó la plaza, no hubo nadie que la superara… Mi madre también sacó su plaza de funcionaria estando embarazada, para que luego digan que se discrimina a las mujeres en el mundo laboral.

Desde mi ignorancia para comprender cómo es el contacto con un ser que ha salido de tus entrañas diría que debe tener algo reptiliano, como el rabo de la lagartija, que una vez separado del cuerpo, sigue moviéndose como si estuviera en incomprensible conexión con el cuerpo del animal del que se ha escindido. La controvertida discusión sobre si los gemelos univitelinos sienten lo mismo o no, se torna indiscutible cuando se trata de hablar de los sentimientos de una madre hacia su hijo. Erich Fromm lo describía como “amor incondicional” al amor que una madre profesaba por su hijo, porque no se pone jamás en duda, independientemente de si el objeto amado se comporta de una manera o de otra.

Tal vez radique ahí el sufrimiento de una madre cuando quiere a un hijo, en que, precisamente, haga el vástago lo que haga, ella está perennemente “condenada” a quererlo.

Trayendo a colación planteamientos teóricos de la psicología - de esos que tanto me gustan -citaré aquí la teoría de las relaciones objetales, que establece que la evolución del infante pasa por un estado inicial de estado de fusión indiferenciada con la madre que va desarrollándose progresivamente hacia una mayor autonomía como individuo hasta darse finalmente la separación plena, que ocurre cuando la persona se forja con un Yo diferenciado. Ni que decir tiene que este proceso, por muy espontáneo que sea no está exento de crisis y es probablemente en la adolescencia donde más evidentes se hagan, debido a la necesidad del adolescente de adquirir su propia identidad.

También conviene decir que en España las estancias de los hijos en la casa de sus padres se prolongan por mucho más tiempo que en otros países del mundo, lo cual muy posiblemente influya en que haya más tiempo de convivencia, con el consiguiente peligro de originarse disputas familiares. La obligación de compartir un espacio conjunto hasta una edad avanzada es lógico que produzca tensiones en los vínculos familiares cuando llegados a un punto, cada uno necesita su “espacio” en unos pisos que tienden a ser cada vez más reducidos debido al alto precio de la vivienda - la culpa siempre es de los políticos, ya se sabe -.

Cuando hablo con algunos alumnos, padres o madres a menudo me asaltan recuerdos de mi propia infancia y de cosas que me decía mi madre. Pero me cuesta, si me preguntan, dar consejos sobre cómo puede actuar una madre con un alumno, porque ni creo estar capacitado para ello ni me gusta intervenir en cómo debe nadie educar a sus hijos. Aunque imagino que en el fondo, debe ser parecido a cuando pintas, que a veces uno está tan saturado ya después de haber pasado tanto tiempo enfrente del lienzo, que necesitas que alguien te haga alguna observación para separarte un poco y observar el paisaje desde la distancia, sin afectación.

En mi caso el problema es que nunca me separé lo suficiente del cuadro y por eso nunca supe diferenciar lo bueno y lo malo que había en cómo actuaba mi madre. Para mí ella siempre fue divina, la única y la mejor. En mi memoria aún guardo las pocas peleas que tuve de pequeño en el colegio, que siempre e indefectiblemente tuvieron la misma causa: En mis tiempos cuando alguien quería ofenderte te insultaba abiertamente, porque aún no existían métodos tan sofisticados como el internet y todos sabían que las agresiones físicas tenían consecuencias graves que era mejor evitar. Así que la palabra era la única forma que quedaba de agredir. No era yo un alumno dado a los conflictos, más bien me recuerdo como alguien alegre, pacífico y trabajador pero esa forma de ser tan cordial y “modélica” según algunos profesores levantaba inevitablemente  las envidias de otros compañeros; así es que a veces, solo a veces, fruto de esas envidias, me acuerdo que fui objeto de insultos por parte de los “peores de la clase”, cuando me negaba a prestarles los apuntes en víspera de exámenes; impotentes al ver que no me dejaba soliviantar por unas cuantas palabras malsonantes, sí que hubo una vez en que, tras hacer caso omiso de todos los improperios que me decía uno, estallé para mi sorpresa instintivamente cuando me llamó hijo de puta abalanzándome sobre él con toda mi rabia. No recuerdo cuáles fueron las consecuencias pero sí que guardo mi satisfacción de haber dado su merecido a aquel desgraciado. Es curioso: ni su nombre ni su cara me vienen ahora a la memoria; solamente la sensación… ¡Parece mentira cómo se advierte en estos automatismos la reciprocidad de un hijo hacia el amor de su madre!

Y a esto es a lo que voy cuando me refiero a lo erróneo de haber acuñado un “día de la madre”, como si de una mártir se tratase que hubiera que santificar, que soporta carros y carretas sin inmutarse lo más mínimo, sin objetar lo más mínimo. Lo que importa no es la madre prototípica e idealizada que se ha convertido en arquetipo social de la bondad sino la relación que, cada uno, hayamos tenido con la nuestra, que no tiene por qué ser ni siquiera cercana a la que nos venden con frases estereotipadas del estilo “madre no hay más que una” o “amor de madre”.  Porque por muy santa que sea una madre, también ellas tienen derecho a ser malas, a pensar en ellas mismas y ser egoístas y a no estar siempre pendiente de los demás para que lo estén más de ellas, de lo que quieren y desean, o de aquello que les falta por haberse entregado, tal vez en demasía, a los demás, prescindiendo incluso de sus anhelos para satisfacer los de otros.

 

Así es que desde aquí me niego a celebrar el día de la madre, como si de una ceremonia de pontificación se tratase en la que encumbrar a la madre como objeto. Porque tampoco todas las madres saben hacer lo mejor para sus hijos, por mucho que lo hagan lo mejor que puedan y sepan. A veces, de hecho, también una madre terriblemente buena puede resultar “terriblemente mala”. Pero, sobre todo, me niego a entender la maternidad como la máxima realización de una mujer, y por eso, ruego a todas las madres, empezando por la mía, para que no se preocupen de si lo han hecho bien o mal; preocúpense menos por los demás y no se olviden de sí mismas, tengan sus proyectos de vida, independientemente de los de su familia y sobre todo, no se decepcionen si, como a veces ocurre, los hijos no satisfacemos vuestros deseos incumplidos. Porque mamá: “Yo soy yo y tus sueños sueños son”.

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NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA

Queridos lectores:

 

Hoy traigo buenas noticias: ¡¡Todavía estamos a tiempo de mejorar el mundo!!

 

Me he levantado esta noche a mitad de un sueño de esos poco comprensibles en los que mi compañero Alberto y yo íbamos puerta por puerta haciendo preguntas a gente desconocida para que participasen en una quiniela. De repente me he encontrado preguntándome a mí mismo “Y ¿para qué hacemos esta “porra”?”. E instintivamente he abierto los ojos de súbito. Al despertarme estaba aún la radio encendida a un volumen que, comparado con el silencio de la noche, resultaba algo molesto por el contraste que suponía. Así que he alargado la mano para apresurarme a apagarla; en lo que extendía mi mano al interruptor, me he dado cuenta de que hablaban en la noticia que se emitía de las “porras” de unos policías durante un ataque a unos insurgentes. Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia en el significante entre las palabras en la radio y las que yo pensaba en mi sueño. ¿Será posible que puede haber tal conexión entre mi persona interna y el entorno externo cuando duermo? Sin duda este hecho lo sugiere. Otra cosa sería poder probarlo… Y si fuera así, imagino que podría pasar con todos los seres humanos, porque aunque sí es cierto que soy un poco “bicho raro”, tampoco creo que sea tan especial como para que este hecho solamente se manifieste en mí, como si fuera uno de los personajes de la serie “Héroes” con “superpoderes”.

En eso de probar científicamente estoy yo precisamente ahora. Me está costando horrores ponerme a escribir este año el supuesto último trabajo que tengo que hacer para la Universidad. No paro de leer; tengo ya información como para diez trabajos, pero escribir… ay, amigos, escribir es otro cantar. Lo postergo todo cuanto puedo con el afán de no escribir palabras banales, de darles consistencia y carácter de verdad. El conocimiento científico es algo muy serio y no se puede frivolizar con él. En los últimos años en la Universidad cada vez se ha ido incrementando más la importancia de investigar. Ya no solo vale con “dar clase”. Esta fiebre por saber más y más la padecemos también los estudiantes, que, cada vez más, nos vemos abocados a escribir más trabajos y menos exámenes. Seguro que gran parte de mi alumnado se alegrará de conocer estas noticias…

 

Sea como fuere, el azar ha entrado en juego entre sueño y sueño y me ha hecho retomar el contacto en estos días con una antigua amiga a la que le inquieta bastante encontrar leyes universales que den sentido a la vida. A través de ella he sabido de una teoría algo extravagante aunque también extraordinaria que, según parece, se ha probado recientemente por la comunidad científica. Se trata de la “Teoría del Desdoblamiento del Tiempo” de Jean Pierre Garnier Malet. Sin ningún ánimo proselitista voy a aprovechar este espacio para comentarles algunas conjeturas que hace el científico francés, a ver qué opinan: lo que postula el Sr. Garnier no es sino una aplicación práctica de la teoría de la relatividad, que además no es nada nuevo, pues ya en la Edad Media en la época de los Templarios se tenía conocimiento de la capacidad de la persona y del tiempo de desdoblarse. El secreto parece radicar en abandonar la noción de tiempo real como algo continuo y asumir la existencia de aperturas temporales entre instante e instante a una velocidad mucho más rápida que la que habitualmente vivimos. Algo así como lo que ocurre con el tiempo paradójico durante los sueños, del cual tenemos una percepción totalmente diferente a la que percibimos en estado de vigilia. Así, de igual modo que podemos soñar historias largas en milésimas de segundo, podría entenderse a través del pensamiento la posibilidad que tenemos de ser varias personas en una. El pensamiento, en este sentido, es la función creadora de energía que hace materializarse en actos algunas de las posibilidades que pasan por nuestra cabeza. Por tanto, podría decirse que el mero pensamiento es, de por sí, energía pura que promueve la realización, atrayendo hacia nosotros que ocurra una cosa u otra, dependiendo de cómo sea nuestra manera de mirar la vida.

 

Algo así pensé yo justamente en una de las reuniones que celebró uno de los muchos Sindicatos antes de Semana Santa para informarnos al profesorado de los cambios que se habían acordado en la Mesa Sectorial con el Gobierno para esta legislatura. En varias ocasiones surgió la frase “El enemigo es la Administración” y yo no hacía más que pensar. “¿Tan mala es la Administración?”. Y por más que lo pensaba, me parecía más perversa la persona que decía la frase que la Administración en sí. Con ganas me quedé de decir a unos cuantos: “¡¡Tú sí que eres malo, por hablar mal de la Administración!!” pero me callé por cobardía, porque pienso que no soy lo suficientemente valiente para defender a la Administración.

Sí que me vine con ganas de transmitir a mis alumnos/as que, por favor, no piensen que el profesorado es “el enemigo”, porque todo lo contrario: estamos para ayudar y queremos ayudaros. A pesar de las regañinas, los castigos y las malas notas que a veces podamos poner, nuestro fondo es siempre benevolente y si veis que no lo es, por favor, hacérnoslo saber desde el respeto. “Escuelas activas de educación respetuosa”, según he sabido estas vacaciones, hay ya bastantes por toda la geografía española, y me alegra mucho saber que las tendencias que desde el Equipo de Convivencia del IES Alfredo Kraus se implantan, van siendo extensivas como ideario educativo en otros centros. Pero eso es tema de otro artículo que no quiero abarcar ahora mismo.

 

Lo más interesante que quería comentar sobre la Teoría de Jean Pierre Garnier es que todo el mundo tiene acceso a ese doble temporal que materializa quién habla y actúa por uno a través del pensamiento y también que es cuestión de decisión propia encontrar qué parte del yo queremos que se materialice en nuestro cuerpo en cada situación.

Para ello, según se cuenta, se utiliza el mismo principio vital que utiliza el bebé para mamar leche del pecho de su madre, es decir, esencialmente es instintivo, como instintiva es la reacción que solemos tener cuando de adultos damos respuesta a las preguntas que se nos plantean. El único inconveniente es que a menudo que vamos creciendo, vamos aumentando el hábito al dar respuestas, de modo que tendemos a recurrir siempre al mismo “yo desdoblado” para que nos ayude a elegir entre el amplio abanico de posibles respuestas. De este modo, si una persona se acostumbra a utilizar el patrón de la queja, acabará por estar siempre quejándose de la temperatura, por ejemplo, que puede hacer en un sitio, o de lo sucio que está o del poco tiempo que tiene para comer o hacer los deberes, o de lo mal que le salen las cosas. En cambio, si uno tiene el patrón de la alegría dará igual si hace sol, nieva o llueve, que siempre verá un motivo para pasarlo bien, y si se le pierde un cuaderno verá en ello la oportunidad de comprarse uno nuevo más bonito o si le dan exceso de trabajo, verá la ocasión de aprender más o, porqué no, de poner límites y decir “ya no más, que estoy saturado”.

En realidad todo depende de con qué “yo desdoblado” quiera uno hablar.

 

Le preguntan al Sr. Garnier en una entrevista que está publicada en internet - de la cual no pongo el link porque estoy hoy perezoso - si él sabe reconocer a la gente que está más en contacto con su “yo desdoblado”. Como él es francés contesta “bien sûr” y dice seguidamente que “los niños son los que más fácil acceso tienen al yo desdoblado”, porque son capaces de estar llorando en un instante y riendo al momento siguiente. Y pensando, pensando, me doy cuenta de que también yo he experimentado este cambio tan radical en las maneras de ser que tan extraño sería en un adulto: porque tras una semana de muchos enfados después de dar las notas parece de repente haberse acabado la convulsión emocional y hemos llegado a Semana Santa con unas clases en mucha calma y mucha paz. Y no sé si será por el viaje de inmersión de los grupos de 1º, la llegada de la Semana Santa que vuelve a todos más “buenos” o porque aún no está del todo forjada la personalidad de los alumnos y son capaces de adoptar posturas y formas de ser diversas en función de la circunstancia. Me gusta pensar que es más por esto último, porque no se aferran a ser de una única forma y saben mirar también qué viven y experimentan los demás antes de elegir qué “yo” desean manifestar.

 

Y es más, estoy casi seguro, porque así me lo demostraron el año pasado un grupo de alumnos de Diver, que me dio a conocer los documentales del “Zeitgeist”, de que ellos saben de esto mucho más que yo. Y con ese convencimiento volveré a clase no porque haya ido a la Iglesia y me sienta muy buena persona, sino porque sé que no soy yo el que les va a enseñar cómo aprender y adaptarse al mundo, sino que son ellos los que van a elegir qué quieren aprender. Lo único que puedo hacer yo es ofrecerles un camino posible, más o menos agradable, bonito o feo. Decidir si tomarlo (o no) es solo cuestión de que cada alumno dialogue con su “yo desdoblado” y vea cómo quiere actuar.

 

Feliz regreso a las aulas a todos mis alumnos/as lectores y a sus lectores desdoblados. Recordadles, por favor, que os recuerden llevar el cuaderno de artista, el lápiz blando, la agenda y las ganas de experimentar. :D

 

 

 

 

Dedico este artículo a Pilar, por todo el tiempo que llevamos compartido dentro y fuera del centro. Gracias, Pilar, por tu preocupación en difundir mis pensamientos, que de otra manera se quedarían solo en eso, pensamientos. Y gracias también por modificarlos de vez en cuando voluntaria o involuntariamente. Me gusta saber que hay un filtro entre lo que pienso-escribo y lo que se publica. Me da mucha tranquilidad. Ojalá podamos seguir materializando ideas no uno, sino muchos años más ;). Un abrazo sin manchas y con mucho glamour para ti.

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TALLER AFECTIVO-SEXUAL CON ADOLESCENTES

En el Kraus entendemos la educación como un todo. Educación holística, se llama ahora. Una educación basada en el conocimiento, el espíritu crítico, la relación con el mundo y con la persona misma. Y en esa dimensión humana entra de lleno la educación afectivo-sexual. En ningún caso pretendemos suplantar el papel de la familia en este sentido, sino complementarlo, ofrecerle otros cauces y otras visiones.

Los chicos y chicas son reacios a hablar sobre estos temas en casa y, a la pregunta de ¿pero esto lo hablas con tu  padre o tu madre? siempre chocamos con un rotundo y casi unánime Noooooooooo, me resulta muy incómodo.

Y la realidad es que en plena era de la comunicación, cuando todo está a golpe de clic, la desinformación es casi la misma que en nuestra época. Porque efectivamente la información está al alcance de un ratón o un smartphone pero ¿a qué información acceden? ¿con quién contrastan? ¿quién les hace esa curación de contenidos, tan de moda hoy?

Un taller de estas características puede parecer controvertido, pero siempre nos parece fundamental para el alumnado de estas edades, sobre todo si sirve para desmontar falsos mitos, desterrar tabúes y avanzar hacia una aceptación normal y plena de la propia sexualidad.

El curso pasado las familias tuvisteis ocasión de tener un taller con Lupe García Rodríguez, educadora y sexóloga, y de ella surgió el compromiso de que interviniera en el aula. Este curso nos encontramos con que nuestro alumnado tiene un año más y mil preguntas más; tienen más interrogantes y más situaciones en los que planteárselos. Así que, a instancias de Lupe, instalamos un buzón de preguntas anónimas que recogimos para luego pasárselas a ella y sobre ellas montar el taller. Las preguntas están recogidas íntegramente en la presentación que tenéis a continuación y que, os dará idea del desconocimiento de muchos y la madurez de otros.

Y con todas nuestras preguntas y nuestras ganas de respuestas nos embarcamos esa mañana con 60 personitas por sesión en las que resultaba difícil contener el nerviosismo, las risas, los comentarios, los cuchicheos, los gestos...

Podríamos contaros mil anécdotas, mil situaciones cómicas o cuanto menos, curiosas. Pero hoy nos interesa sacar conclusiones que nos puedan servir para seguir acompañando a estos chicos y chicas en este difícil momento de la adolescencia.

El momento en el que se sitúan estos chicos y chicas es muy distinto para unos y otras. Algunas chicas comunican mediante lenguaje no verbal su todavía rechazo al sexo, en tanto que otros asienten cuando se habla de temas que les interesa y empiezan a conocer. Seguramente las conclusiones que sacaron fueron muy distintas en ambos casos.

El tema del AUTOCONOCIMIENTO es fundamental en ambos sexos; pero en el caso de las chicas por razones obvias, el desconocimiento de su cuerpo, incluso el claro rechazo a hablar de ello, resulta muy significativo. Lupe les habló con claridad de su cuerpo, de sus órganos sexuales externos que apenas conocen y que ni siquiera saben nombrar. A todo el mundo le quedó claro lo que es el CLÍTORIS (a pesar de sus variantes como clitorix y clitrix, con el que lo vimos nombrado), pero nadie parecía saber de su existencia con anterioridad. Que el primer paso para tener una futura sexualidad sana, compartida y satisfactoria es el autoconocimiento fue una de las ideas en las que más se insistió y que les quedó muy clara.

La ORIENTACIÓN SEXUAL diversa y asumida desde el respeto tanto en las familias como en sus propios ambientes, fue también otro de los temas tratados. Una pregunta que siempre aparece es ¿cómo abordarías tú la homosexualidad de tu amigo o amiga? ¿cómo afrontarías la tuya propia? ¿cómo lo asumirían en tu familia?... Resultaría interesante que nos paráramos también las personas adultas en ella.

Las dudas en cuanto a las PRIMERAS RELACIONES y las PRÁCTICAS SEXUALES fueron muchas. La sexualidad que se nos vende en los medios está centrada en el coito rápido, inmediato, y por supuesto, satisfactorio para ambos. Nuestra educadora intentó hacerles ver que la sexualidad es mucho más amplia que eso, que no hay por qué abordarla centrada en ello, sino como algo más complejo en el que caben muchas más formas de comunicación en pareja.

Que no hay que tener prisa para hacer NADA PARA LO QUE NO ESTEMOS PREPARADXS fue también un punto fundamental. No hay que hacer nada para lo que aún no te sientas preparadx, ni siquiera por presión social o de la pareja. Intentar saltarse etapas e ir directamente a aquello que vemos en las pelis puede llevarnos a la frustración y a la insatisfacción.

En este sentido cabe hacer un inciso para recalcar el mensaje que dio, sobre todo a las chicas: si tú no estás preparada, no te apetece, no quieres hacerlo... SIEMPRE TIENES DERECHO A DECIR NO. NO es NO, incluso aunque hayas llegado a un punto del que no quieres pasar. La realidad nos indica que muchas veces las chicas se sienten coaccionadas por el chico para hacerlo Porque si no, no me quieres, Porque todas lo hacen, Porque eres una estrecha...Y ahí no solo tenemos que educar a las chicas, sino también, ojo, a los chicos. La violencia de género en los adolescentes tiene mucho que ver con todo esto.

Si tuviéramos que hacer un balance de lo que vimos y oímos podríamos quedarnos con el lado negativo de que cuarenta años después de haber vivido una educación marcada por la represión y la culpa en el tema del sexo, quizá se ha eliminado el elemento represor y pecaminoso; pero los miedos, la desinformación y los tabúes son muy parecidos. Pero también podemos destacar y quedarnos con el lado positivo y pensar que la actitud a la hora de preguntar, la comodidad con la que se sentían la mayoría, a pesar incluso de la presencia de sus profesoras y profesores; la curiosidad no cercenada,  nos invitan al optimismo y a pensar que están en disposición de informarse adecuadamente y crecer hacia esa plenitud que les hará personas maduras para vivir su sexualidad y sus relaciones de forma sana.

Por último quisiéramos incidir en el hecho de que:

HABLAR ABIERTAMENTE DE SEXO NO IMPLICA QUE LES ESTEMOS ANIMANDO A ELLO, 

SINO QUE LES ESTAMOS DANDO HERRAMIENTAS PARA VIVIR SU SEXUALIDAD

DE MANERA PLENA Y MADURA.

HABLAR DE ORIENTACIONES SEXUALES DISTINTAS NO SUPONE QUE LES ANIMEMOS A TOMARLAS, SINO A RESPETARLAS.

HABLAR DE PREVENCIÓN Y ANTICONCEPCIÓN NO INVITA A QUE LOS USEN,

SINO A SER MÁS CONSCIENTES DE LOS PELIGROS.

 

Muchos de los profesores y profesoras tuvimos que continuar resolviendo sus dudas, que seguían siendo muchas, cuando volvieron a clase; pero ahora os toca a vosotros, queridos padres y madres. Si con sus profes son capaces de hablar abiertamente es porque saben que no los vamos a juzgar y que les vamos a responder. Busquemos pues el ambiente adecuado y sereno para que puedan hacerlo también en la familia.

En el Kraus siempre hemos apostado por la educación compartida y la comunicación con vosotros y vosotras. En este partido nosotros hemos lanzado el primer balón, ahora os toca recoger y dirigir los rebotes.

 

Por último, no quisiéramos terminar sin agradecer a Lupe su dedicación, su esfuerzo a pesar del ambiente, su claridad y su empatía con nuestros chicos y chicas. Seguro que volvemos a tenerla en el Kraus.

 

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