Inauguramos esta sección de relatos, a la que hemos llamado CUENTOS INDOCENTES. En ella  queremos recoger algunas letras propias o ajenas que de alguna manera estén relacionadas con esta tarea docente que nos ocupa. Cuentos in-docentes, jugando con el sonido de las palabras inexistentes, cuentos metidos dentro de nuestro cuerpo de docentes, que narran de nosotros y con nosotros. 

 


NI LA TIERRA SUSTENTA

 

(Relato de José Carlos Pino Jiménez)

No.

No. Quiero decir que me costó mucho reconocer que había nacido fuera de tiempo.

No. No creo en reencarnaciones, pero es que no me deja explicarme...

Era en sentido metafórico.

Sé que está prohibida, pero entonces ¿cómo le puedo explicar que uso una palabra para iluminar el significado de otra?

¡No es un uso desviado! ¿No comprende que sin la metáfora prácticamente no podríamos usar el lenguaje?

¿Desacato? ...

Lo siento. ¿Puedo empezar de nuevo?

No creo en reencarnaciones. Es justo porque descreo que sé que no elegí el tiempo que transcurre con mis días.

Si es o no una cita, el tribunal debería saberlo.

No me río de usted, se lo aseguro. Se ríe esta sala, se ríe el sistema, con la suficiencia del que pisa tierra firme siempre: sin dudas, mas sin oficio, perdido el tacto del pie desnudo en la arena.

Vuelvo a decirle que son ustedes quienes deberían saber si eso es una confesión.

Ya sé que no es ésa la palabra que ha empleado, pero eso es lo que busca.

Esto fue lo primero que hizo que encontrara ante mí esas miradas huidizas que corren a esconderse como quien ve una aparición o a una loca: unas palabras que suenan a cientos de años, que porque esconden la voz que citan parecen otra voz que se encarna en una, pero que no suena a una.

Claro. Era el único sitio en el que podía hacerlo sin levantar sospechas.

Durante años pude emplear palabras que me podrían haber llevado a una condena por uso ampliado de vocabulario, porque podía excusarme en que eran tecnicismos o palabras necesarias para explicar aconteceres, objetos, historias del pasado.

Nunca.

La idea era contar como quien cuenta. La idea era hacer preguntas, sembrar inquietud y sí, si lo quiere decir así, discordia, en un sentido amplio y etimológico; ¿o también está prohibido?

No.

¿Que me explique...? Me gustaba jugar con las palabras y sentir que usándolas se podía cambiar el mundo y que enseñar a usarlas me hacía más libre y los hacía más libres.

Claro. Me gustaba... Me encantaba que me llamaran maestra.

Sí.

La primera ocasión fue por citar a un clásico en un artículo periodístico.

Tres meses.

No. Eso fue por usar un verso.

De Guillén.

Sí. Hubo más veces, pero no creo que estemos aquí para escribir mi biografía. Además, correría usted el peligro de tener que hacer alusión a algún texto, o utilizar algún vocablo no autorizado para referirse a mi escritura, o incluso

¿Y de qué me va a servir parar o ser buena? ¿Acaso no tiene ya la sentencia preparada?

Vuelvo a decirle que no tengo nada contra usted, pero será usted, y no yo, quien firmará y afirmará que intenté ir más allá del lenguaje.

No tengo ya nada más que perder. Me lo han quitado todo. Hasta la ilusión: siempre quise hacer falso que contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano.

Culpable, claro.

 

Metafóricamente hablando, por supuesto.

 

 

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CANCIONES DE TIZA

 

(Relato de José Carlos Pino Jiménez)

In memoriam José Antonio Torija

(Profesor del IES Joaquín Rodrigo de Vicálvaro)

 

Había algo raro en el aula del edificio C este año. No supe lo que era al principio, pero me invadió una extraña sensación de vacío.

 

 

Recordé el día en que descubrí que no era el único en hacer repicar las pizarras a golpes de tiza. Es Tori, me dijeron los chicos, que le da todavía con más fuerza que tú. He de reconocer que en un primer momento debió de molestarme perder una exclusividad que no era tal. Pero pronto descubrí que era divertido jugar a una suerte de comunicación a través de la pared de cuyos lados colgaban sendas pizarras. Me resultaba gracioso pensar que mientras yo arrojaba docenas de corcheas sobre el encerado, al otro lado se despeñaban los números que con dificultad habían entrado en un problema. Me provocaba oír el golpeteo sonoro e insistente y aceleraba la resolución de un ejercicio o cambiaba de actividad con la excusa de replicar a la sutil llamada de Tori desde el otro lado. 

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C O R R E C T I V O

 

(Un cuento de José Carlos Pino Jiménez)

 

 

“nunca quiso este tiempo hacer mudanza de luz en sombra y frío”

A. G. C.

 

 

Cuentan que nada ocurre porque sí, y a veces hasta un escéptico incorregible como yo está tentado de dejarse convencer. Y es que andaba el otro día revolviendo papeles de mi tío -una de esas personas que a uno lo conducen al lugar que ocupará en su vida- en busca de unas partituras que quería ver si podían ser rescatadas del olvido. Y al remover en el desorden -sólo aparente- de aquella pila documental, cayó hasta el borde de la mesa, como quien resbala con elegancia, lo que parecía una carta. Desdoblé los pliegues medidos e intactos y me encontré con aquella letra estilizada y menuda, y en la tinta azul inconfundible de la pluma de mi tío.

 

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