NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA

Queridos lectores:

 

Hoy traigo buenas noticias: ¡¡Todavía estamos a tiempo de mejorar el mundo!!

 

Me he levantado esta noche a mitad de un sueño de esos poco comprensibles en los que mi compañero Alberto y yo íbamos puerta por puerta haciendo preguntas a gente desconocida para que participasen en una quiniela. De repente me he encontrado preguntándome a mí mismo “Y ¿para qué hacemos esta “porra”?”. E instintivamente he abierto los ojos de súbito. Al despertarme estaba aún la radio encendida a un volumen que, comparado con el silencio de la noche, resultaba algo molesto por el contraste que suponía. Así que he alargado la mano para apresurarme a apagarla; en lo que extendía mi mano al interruptor, me he dado cuenta de que hablaban en la noticia que se emitía de las “porras” de unos policías durante un ataque a unos insurgentes. Me ha llamado poderosamente la atención la coincidencia en el significante entre las palabras en la radio y las que yo pensaba en mi sueño. ¿Será posible que puede haber tal conexión entre mi persona interna y el entorno externo cuando duermo? Sin duda este hecho lo sugiere. Otra cosa sería poder probarlo… Y si fuera así, imagino que podría pasar con todos los seres humanos, porque aunque sí es cierto que soy un poco “bicho raro”, tampoco creo que sea tan especial como para que este hecho solamente se manifieste en mí, como si fuera uno de los personajes de la serie “Héroes” con “superpoderes”.

En eso de probar científicamente estoy yo precisamente ahora. Me está costando horrores ponerme a escribir este año el supuesto último trabajo que tengo que hacer para la Universidad. No paro de leer; tengo ya información como para diez trabajos, pero escribir… ay, amigos, escribir es otro cantar. Lo postergo todo cuanto puedo con el afán de no escribir palabras banales, de darles consistencia y carácter de verdad. El conocimiento científico es algo muy serio y no se puede frivolizar con él. En los últimos años en la Universidad cada vez se ha ido incrementando más la importancia de investigar. Ya no solo vale con “dar clase”. Esta fiebre por saber más y más la padecemos también los estudiantes, que, cada vez más, nos vemos abocados a escribir más trabajos y menos exámenes. Seguro que gran parte de mi alumnado se alegrará de conocer estas noticias…

 

Sea como fuere, el azar ha entrado en juego entre sueño y sueño y me ha hecho retomar el contacto en estos días con una antigua amiga a la que le inquieta bastante encontrar leyes universales que den sentido a la vida. A través de ella he sabido de una teoría algo extravagante aunque también extraordinaria que, según parece, se ha probado recientemente por la comunidad científica. Se trata de la “Teoría del Desdoblamiento del Tiempo” de Jean Pierre Garnier Malet. Sin ningún ánimo proselitista voy a aprovechar este espacio para comentarles algunas conjeturas que hace el científico francés, a ver qué opinan: lo que postula el Sr. Garnier no es sino una aplicación práctica de la teoría de la relatividad, que además no es nada nuevo, pues ya en la Edad Media en la época de los Templarios se tenía conocimiento de la capacidad de la persona y del tiempo de desdoblarse. El secreto parece radicar en abandonar la noción de tiempo real como algo continuo y asumir la existencia de aperturas temporales entre instante e instante a una velocidad mucho más rápida que la que habitualmente vivimos. Algo así como lo que ocurre con el tiempo paradójico durante los sueños, del cual tenemos una percepción totalmente diferente a la que percibimos en estado de vigilia. Así, de igual modo que podemos soñar historias largas en milésimas de segundo, podría entenderse a través del pensamiento la posibilidad que tenemos de ser varias personas en una. El pensamiento, en este sentido, es la función creadora de energía que hace materializarse en actos algunas de las posibilidades que pasan por nuestra cabeza. Por tanto, podría decirse que el mero pensamiento es, de por sí, energía pura que promueve la realización, atrayendo hacia nosotros que ocurra una cosa u otra, dependiendo de cómo sea nuestra manera de mirar la vida.

 

Algo así pensé yo justamente en una de las reuniones que celebró uno de los muchos Sindicatos antes de Semana Santa para informarnos al profesorado de los cambios que se habían acordado en la Mesa Sectorial con el Gobierno para esta legislatura. En varias ocasiones surgió la frase “El enemigo es la Administración” y yo no hacía más que pensar. “¿Tan mala es la Administración?”. Y por más que lo pensaba, me parecía más perversa la persona que decía la frase que la Administración en sí. Con ganas me quedé de decir a unos cuantos: “¡¡Tú sí que eres malo, por hablar mal de la Administración!!” pero me callé por cobardía, porque pienso que no soy lo suficientemente valiente para defender a la Administración.

Sí que me vine con ganas de transmitir a mis alumnos/as que, por favor, no piensen que el profesorado es “el enemigo”, porque todo lo contrario: estamos para ayudar y queremos ayudaros. A pesar de las regañinas, los castigos y las malas notas que a veces podamos poner, nuestro fondo es siempre benevolente y si veis que no lo es, por favor, hacérnoslo saber desde el respeto. “Escuelas activas de educación respetuosa”, según he sabido estas vacaciones, hay ya bastantes por toda la geografía española, y me alegra mucho saber que las tendencias que desde el Equipo de Convivencia del IES Alfredo Kraus se implantan, van siendo extensivas como ideario educativo en otros centros. Pero eso es tema de otro artículo que no quiero abarcar ahora mismo.

 

Lo más interesante que quería comentar sobre la Teoría de Jean Pierre Garnier es que todo el mundo tiene acceso a ese doble temporal que materializa quién habla y actúa por uno a través del pensamiento y también que es cuestión de decisión propia encontrar qué parte del yo queremos que se materialice en nuestro cuerpo en cada situación.

Para ello, según se cuenta, se utiliza el mismo principio vital que utiliza el bebé para mamar leche del pecho de su madre, es decir, esencialmente es instintivo, como instintiva es la reacción que solemos tener cuando de adultos damos respuesta a las preguntas que se nos plantean. El único inconveniente es que a menudo que vamos creciendo, vamos aumentando el hábito al dar respuestas, de modo que tendemos a recurrir siempre al mismo “yo desdoblado” para que nos ayude a elegir entre el amplio abanico de posibles respuestas. De este modo, si una persona se acostumbra a utilizar el patrón de la queja, acabará por estar siempre quejándose de la temperatura, por ejemplo, que puede hacer en un sitio, o de lo sucio que está o del poco tiempo que tiene para comer o hacer los deberes, o de lo mal que le salen las cosas. En cambio, si uno tiene el patrón de la alegría dará igual si hace sol, nieva o llueve, que siempre verá un motivo para pasarlo bien, y si se le pierde un cuaderno verá en ello la oportunidad de comprarse uno nuevo más bonito o si le dan exceso de trabajo, verá la ocasión de aprender más o, porqué no, de poner límites y decir “ya no más, que estoy saturado”.

En realidad todo depende de con qué “yo desdoblado” quiera uno hablar.

 

Le preguntan al Sr. Garnier en una entrevista que está publicada en internet - de la cual no pongo el link porque estoy hoy perezoso - si él sabe reconocer a la gente que está más en contacto con su “yo desdoblado”. Como él es francés contesta “bien sûr” y dice seguidamente que “los niños son los que más fácil acceso tienen al yo desdoblado”, porque son capaces de estar llorando en un instante y riendo al momento siguiente. Y pensando, pensando, me doy cuenta de que también yo he experimentado este cambio tan radical en las maneras de ser que tan extraño sería en un adulto: porque tras una semana de muchos enfados después de dar las notas parece de repente haberse acabado la convulsión emocional y hemos llegado a Semana Santa con unas clases en mucha calma y mucha paz. Y no sé si será por el viaje de inmersión de los grupos de 1º, la llegada de la Semana Santa que vuelve a todos más “buenos” o porque aún no está del todo forjada la personalidad de los alumnos y son capaces de adoptar posturas y formas de ser diversas en función de la circunstancia. Me gusta pensar que es más por esto último, porque no se aferran a ser de una única forma y saben mirar también qué viven y experimentan los demás antes de elegir qué “yo” desean manifestar.

 

Y es más, estoy casi seguro, porque así me lo demostraron el año pasado un grupo de alumnos de Diver, que me dio a conocer los documentales del “Zeitgeist”, de que ellos saben de esto mucho más que yo. Y con ese convencimiento volveré a clase no porque haya ido a la Iglesia y me sienta muy buena persona, sino porque sé que no soy yo el que les va a enseñar cómo aprender y adaptarse al mundo, sino que son ellos los que van a elegir qué quieren aprender. Lo único que puedo hacer yo es ofrecerles un camino posible, más o menos agradable, bonito o feo. Decidir si tomarlo (o no) es solo cuestión de que cada alumno dialogue con su “yo desdoblado” y vea cómo quiere actuar.

 

Feliz regreso a las aulas a todos mis alumnos/as lectores y a sus lectores desdoblados. Recordadles, por favor, que os recuerden llevar el cuaderno de artista, el lápiz blando, la agenda y las ganas de experimentar. :D

 

 

 

 

Dedico este artículo a Pilar, por todo el tiempo que llevamos compartido dentro y fuera del centro. Gracias, Pilar, por tu preocupación en difundir mis pensamientos, que de otra manera se quedarían solo en eso, pensamientos. Y gracias también por modificarlos de vez en cuando voluntaria o involuntariamente. Me gusta saber que hay un filtro entre lo que pienso-escribo y lo que se publica. Me da mucha tranquilidad. Ojalá podamos seguir materializando ideas no uno, sino muchos años más ;). Un abrazo sin manchas y con mucho glamour para ti.

Escribir comentario

Comentarios: 0