HISTORIA DE UNA VIDA

Con motivo del 8 de marzo, el Día de la mujer, algunas mujeres cercanas nos han aportado su visión y su experiencia personal como mujeres. 

La presencia de Mari Carmen, la abuela de una de nuestras alumnas nos ha conmovido particularmente. Escuchar su experiencia de mujer luchadora nos ha encantado y ella ha querido compartirlo con nosotros.

GRACIAS MARI CARMEN

 

Buenos días, vengo a contaros cuál ha sido mi experiencia en el mundo laboral, para que podáis ver las diferencias que existen entre mi época y la época actual en relación a las mujeres trabajadoras.

Yo nací y me crié en Segovia, una pequeña ciudad cerca de Segovia. Cuando tenía 14 años, más o menos la edad que tenéis ahora vosotros, dejé de estudiar. Yo era buena estudiante pero en aquella época era muy habitual que las familias decidieran que las chicas dejaran de estudiar con 14 años, bien para ponerse a trabajar y ayudar a sus familias o para quedarse en casa con las madres y así aprender las tareas de una casa para cuando ellas tuvieran una familia y una casa.

En el caso de los chicos era diferente, la mayoría de las familias permitían que los chicos siguieran estudiando para que así aprendieran un oficio con el que en el día de mañana pudieran ganar dinero y mantener a una familia.

Mi familia como la mayoría decidió que yo dejará los estudios, pero en vez de quedarme en casa con mi madre buscaron un taller de costura donde yo pudiera aprender el oficio de modista. En este taller no me pagaban, se supone que ya estaba pagada aprendiendo a ser modista; sin embargo, en los dos primeros años que estuve allí mis únicas tareas eran barrer el taller, comprar botones y entregar la ropa que las otras modistas cosían en casa de las clientas. Mi horario era de 9 de la  mañana a 8 de la noche.

Hasta el tercer año de estar allí no me empezaron a enseñar a coser. Yo estaba contenta, tenía muchas amigas que habían dejado el colegio al mismo tiempo que yo y que no hacían otra cosa que estar en su casa con su madre aprendiendo las tareas de la casa, yo estaba prendiendo un oficio aunque no me pagaran por ello.

En Segovia había un par de fábricas y había muchas chicas de mi edad que trabajaban en ellas, mi madre prefería que estuviera en el taller de costura a que trabajara en una fábrica y a mí me parecía bien.

Después de 3 años en el taller, con 17 años, tuve la suerte de entrar a trabajar en una tienda de ropa y de mercería que abrieron nueva en Segovia. Yo estaba muy contenta, el horario también era desde las 8 de la mañana a las 8 de la noche pero ya recibía un sueldo por mi trabajo. Todo lo que yo ganaba se lo daba a mis padres, era lo normal, yo no tenía dinero mío propio y si necesitaba algo, aunque estuviera trabajando, se lo pedía a mis padres

Las tiendas de antes no eran como las que conocéis hoy en día, las clientas llegaban y pedían la ropa en el mostrador, no como en las de ahora que tú entras y puedes coger la ropa y probarte los modelos o las tallas que tú quieras. En esa época tenías que ir sacando en el mostrador los diferentes modelos, las tallas….

Todos mis compañeros eran hombres, excepto una compañera y yo. Cuando llegaban las clientas ellos siempre eran los que las atendían, les sacaban toda la ropa para que se probaran, para que comparasen y eligiesen, pero sin embargo ellos nunca volvían a colocar las cosas en su sitio, ese trabajo lo dejaban para que lo hiciéramos mi compañera y yo.

Cuando llegaba mercancía nueva había que sacarla de las cajas, ponerles el precio, colocarla…. Todo ese trabajo había que hacerlo después de cerrar la tienda, en horas extras que no se pagaban, mis compañeros hombre nunca hacían esas tareas, daban por supuesto que eso lo teníamos que hacer las chicas.

Como veis el ambiente laboral era muy machista. Ellos, como tenían que mantener una familia, ganaban más sueldo que nosotras y además recibían una comisión de cada venta que hicieran. Mi compañera y yo, aunque ayudáramos en la venta sacando y guardando la mercancía no recibíamos ninguna comisión.

En el trato entre compañeros tampoco éramos iguales, cuando era el cumpleaños de alguno de ellos al salir de trabajar se invitaban a ir juntos a tomar algo, sin embargo a nosotras nunca nos invitaban.

Hartas de la situación un día fuimos a hablar con nuestro jefe, a comentarle que no nos parecía justa la situación que estábamos viviendo. Coincidió que era la época del año de venta de vestidos de comunión y nuestro jefe nos dijo que podíamos atender a las clientas cuando vinieran a pedir vestidos de comunión para las niñas.

Comenzamos a atender a las clientas que venían a buscar vestidos de comunión con tan buena suerte que a las mamás de las niñas les gustaba mucho como probábamos a las niñas los vestidos, como se los colocábamos, como elegíamos los vestidos, tanto que había  clientas que preferían que las atendiéramos nosotras y no mis compañeros chicos.

Fue una gran experiencia pues demostrábamos que podíamos ser igual de válidas que ellos para atender a los clientes.

Estuve 5 años trabajando allí y lo dejé cuando me casé, esto también era habitual, dejar de trabajar cuando te casabas. Aquí tengo que contaros que el día que me casé mis padres me dieron todo el dinero que yo había ganado en la tienda en esos años, yo se lo había ido dando pero ellos me lo habían guardado.

Tuve tres hijos y me vine a vivir a Madrid. Cuando mis hijos empezaron a ser un poco más mayores y a ir al cole tuve la oportunidad de poder trabajar en mi casa como modista, cosiendo ropa para una boutique de Madrid. Pude tener este trabajo gracias a que en el taller que estuve de joven aunque no me pagaron me enseñaron a coser. También por saber coser toda mi vida me he podido hacer mi ropa y la de mis hijas o incluso la de mis nietas. Ya hago pocas veces cosas aunque tengo una nieta de 4 años a la que todavía la hago vestidos.

Cuando cosía para esta boutique no tenía ningún contrato laboral, trabajaba desde mi casa y al mismo tiempo me hacía cargo del cuidado de mi familia y de mi casa, cosiendo mucho por la noche, antes de que mis hijos se levantaran, mientras estaban en el colegio…. Así estuve 15 años.

Mi espalda quedó bastante resentida y cuando ya mis hijos fueron más mayores lo dejé.

Como veis la vida de mi generación ha sido bastante diferente a la que puedan haber tenido vuestras madres o la que tendréis vosotros, no es que haya sido mejor o peor, simplemente ha sido diferente. Lo que sí me gustaría que tuvierais en cuenta es que mi generación ha tenido las mismas inquietudes y ganas de hacer cosas y de vivir la vida que las que podáis tener vosotros, si no hemos hecho más cosas es porque las circunstancias del momento no nos lo han permitido. Prueba de ello es que yo y muchas de mis amigas de mi edad ahora en nuestra edad no dejamos de tener ganas de viajar, hacer actividades (yo hago yoga, manualidades, llevo un grupo de ancianas…) de hacer deporte…

Y por último, me gustaría haceros un comentario acerca de lo que yo veo en cómo son las familias hoy en día y como se sigue actuando con las mujeres. Veo a mi alrededor que en la mayoría de las familias trabajan fuera de casa tanto el padre como la madre y sin embargo, veo que se le siguen exigiendo muchas más responsabilidades en los temas de la casa a las madres, me refiero en general, seguro que en algunas de vuestra familias no es así.

Me gustaría que vosotros como hijos penséis que no hay que ser tan exigentes y que no hay que exigir tanto, en especial a las madres, en la familia toda podemos aportar.

 

Y esto es lo que os puedo contar acerca de mi experiencia en el mundo laboral, muchas gracias por vuestra atención.

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Comentarios: 1
  • #1

    Graciela (jueves, 06 abril 2017 22:06)

    Gracias, Mari Carmen, por expresar tan claramente la desigualdad que aunque ha disminuido no deja de estar presente. Tu historia me hace ser un poco menos ciega ante ella.