TIEMPO, ENGAÑO Y RENDICIÓN

Bueno, bueno… vaya semanita :D. Por fin se acabaron los agobios para el estudiantado. Los que no hayan estudiado se habrán sentido más desubicados esta semana, aunque creo que en tan magnífico centro como éste son muy contadas las excepciones de alumnos o alumnas que han tirado la toalla. A esas excepciones les deseo coraje y voluntad para afrontar su parte de responsabilidad cuando reciban las notas. Las notas son, en definitiva, un resultado del trabajo: puede que se ajusten más o menos a nuestras expectativas, pero al final, lo que está claro es que nos sitúan en la realidad, nos avisan de si el mucho o poco esfuerzo realizado ha sido rentabilizado. Obviamente, una nota numérica no deja de ser una llamada a la eficacia, pero a falta de un sistema mejor es lo que tenemos, busquemos la utilidad que tiene y sepamos aprovechar sus bondades.

 

Una de las cuestiones más evidentes que se manifiestan en la semana de exámenes es la falta de tiempo. El alto número de asignaturas impartidas obliga al alumnado a aprender a organizarse. Cada cual se sirve de las herramientas que mejor le funcionan (la agenda, la memoria, las notas escritas en la mano, el grupo de whatsapp, el amigo empolloncillo que adquiere popularidad al final de evaluación, etc.). Los hay más o menos inteligentes con la gestión del tiempo: hay quien se limita a hacer única y exclusivamente lo que le mandan y no más, y hay quien se empeña en dedicarle todo su tiempo y esfuerzo porque menos de un 10 le resulta un fracaso. También hay quien no logra abordarlo todo o se dedica mucho tiempo a algo y luego le falta tiempo para lo otra cosa. Quienes llevan sus tareas al día notarán menos la presión del final de evaluación, porque han ido repasando semana a semana, otros se encontrarán con un montón de apuntes, trabajos y entregas que realizar para los que puede que les falte tiempo material.

Es muy divertido escuchar en los pasillos las frases a la salida de un examen: “Oye, ¿tú qué has puesto en la 3? Ah, ni idea, me la he inventado” o “Uff, pues no era tan difícil…” o también “Jo, me ha caído justo lo que no me había estudiado”. Las reacciones son tan variopintas como personas en el aula.

Desde la asignatura de plástica se ha dejado la última semana sin tareas, para poder terminar las que estuvieran pendientes y se ha pospuesto la animación para que puedan hacerla después de exámenes en los días del puente. “Jo, pues vaya fastidio, yo que me iba a ir a Port Aventura…” eso mismo digo yo, “¡vaya fastidio tener que corregir en el puente!”.  A veces hay que aceptar las cosas como vienen. ¡Qué le vamos a hacer!

Aún con todo no siempre el tiempo estira lo que uno quiere y por más que queramos sacarlo de debajo de las piedras es difícil ver de qué cosas podemos prescindir para sacar más tiempo para estudiar… porque claro, de comer y dormir no puede uno privarse, ese tiempo no se puede reducir ¿o sí? “Bueno, pues dejo de ir a los entrenamientos que total, como ya no nos vamos a clasificar…” “Mamá, hoy tengo mucho que estudiar, ¿puedo dejar de ir a inglés?” “No, no, el ordenador no me lo quites que si no, me muero.” “¿Y éstas cuándo estudian si no paran de escribir en el grupo?” “Ay, con lo que me gusta ver un poco la tele después de cenar, déjame un poquito más…”

Los ladrones de tiempo están a la orden del día y lo peor es que no nos damos ni cuenta de que nos lo roban. Así que lo más rentable va a ser quejarse, que además es lo que se estila ahora, reivindicar y luchar por nuestros derechos: “Pero profe, que yo también tengo una vida propia, ¿tú qué te crees?” “Que tenemos más exámenes…” “¿Un tema en una semana? ¿Tú estás loco?”. A veces la cosa funciona y otras no, ante lo cual podemos o protestar más o acatar lo que dice el profesor/a.

 

Los más creativos/as buscarán otras estrategias sin perder ni un minuto de sueño en pensarlo. “Ah, pues a ver, ¿qué profesor/a es más probable que atienda a mis peticiones? Ah, pues ahí voy a ir a poner cara de pena, a ver si me perdona un examen o un trabajo.” “¿No? ¿Y no podría entregarlo la semana que viene?” “Pero, ¿cuándo ponéis las notas?” “Bueno, pues te lo entrego el día antes y ya está, ¿no? Mira que eres, de verdad…”

 

A veces el cuerpo ya no puede más y somatiza los nervios. Resulta inquietante el incremento del malestar físico entre el alumnado en estos días. Aunque lo más característico de cada persona es ver lo que hace con ese malestar: ¿sucumbe ante él y falta a clase o se esfuerza por ir aunque solo sea para hacer el examen que tenía a tercera hora? Cambiar un examen la semana antes del término de una evaluación no siempre es fácil para un profesor/a, pero claro, esto ya depende de lo “buena” o “mala” persona que sea el profesor/a. A veces por más que se quiera ni haciendo malabarismos en el horario es posible hacerlo.

 

Con lo que sí se pueden hacer juegos de magia es con los trabajos, y sobre todo con los de plástica. Esta evaluación el profe va pasando por las mesas para hacer comentarios personalizados a cada alumno/a. “Ya ves tú, lo que me importará a mí lo que me diga, si a mí con que me apruebe me basta.” “Pues no sé porqué no recoge todos los trabajos y les pone nota y ya está.” “Ah, bueno, pues ya sé lo que voy a hacer, como hay ahí unas máscaras que no ha recogido nadie me la cojo y digo que es mía.” “Hala, tía, cómo te pasas, mira que si es de alguien…” “¡Qué va a ser de nadie!... ¡Si lleva ahí dos semanas! Ya la habrían cogido...” “Bah, no te arriesgues, que mira que si luego te pillan…” Hay gente a la que el factor de incertidumbre no le asusta y se lanza a la aventura. Ya me había encontrado otros años con láminas con el nombre escrito sobre una tira de typpex. Lo que no había visto nunca hasta este año es a alumnas que entregaran un trabajo con el nombre de otra alumna y pretendieran que se lo corrigiera como si fuera de ellas. Desde luego el día de la mujer ha calado bien porque todavía tengo que justificar la decisión de no poner nota a esos trabajos y hasta me piden explicaciones por no querer evaluarlo.

 

Así es que como a mí a veces también me come el tiempo he decidido yo también tirar por la vía rápida y no dar explicaciones, sino sencillamente actuar y ya está. Y como la forma más rápida para educar es siempre la autoridad, me vuelvo autoritario. Y dejo de quedar en los recreos para hablar individualmente con cada alumno/a que se ha portado mal en clase y prescindo ante la necesidad de tiempo de explicar pacientemente a séptima hora en qué perjudica a la clase y al propio alumno/a su conducta. Y el que quiera que aprenda y el que no, no. Así es que asumo mi limitación humana, mi imposibilidad de estirar el tiempo por más que frunzo el ceño y me concentro en rentabilizar el mío, desistiendo de educar como a mí me gustaría a través de la comprensión. Hasta he comenzado a poner partes para agilizar los trámites ante ciertas conductas que ya son reincidentes y me doy cuenta de que no se pueden solucionar fácilmente por la vía del diálogo. “Adolfo, que te he dicho ya diez veces que no interrumpas las explicaciones, no te lo repito más”. “Pero, ¿otra vez sin material?” “¿Y tú a qué vienes a clase?” “Bueno, por lo menos no te has olvidado de traer la ropa, menos mal.” “¿Otra vez aquí? ¿Es que no has oído la campana para ir a clase?”. A veces pienso que hay quien no visita con la suficiente frecuencia al médico para que le quiten la cera de los oídos. No se lo creerán pero se acumula. Yo me quedé pasmado las bolas que sacó mi doctora cuando fui la primera vez a que me mirara una otitis pasajera que tenía. Con solo una jeringuilla y agua sacó unas pelotas que yo no sé cómo podía aquello haberse escondido en mi oreja. Pues sí, es bien importante “la higiene orejuna”. Aunque oye, también puede ser una buena excusa para quien se sigue encaramando a los retretes del baño, o le pregunta por 5ª vez a un profesor la misma cosa. “¡Ah! Es que no te había escuchado, perdona.”

 

Sea como fuere, lo que es difícil de cambiar es la dinámica de los comportamientos; porque cuando uno está acostumbrado a que todo se soluciona hablando en los descansos o en un recreo, no es sencillo comprender que recibir un parte de amonestación supone un grado de reincidencia que requiere una medida más contundente, porque igual el profesor ha decidido que ya está bien de dar oportunidades, y que prefiere no dedicar más tiempo a un alumno/a al que ni siquiera la expulsión del aula le hace ver lo inapropiado de un comportamiento.

Y ofende, ofende mucho cuando alguien no quiere hablar contigo ni darte explicaciones, porque fastidia que te hagan de menos, que tu opinión no cuente y que por más que te rebeles la cosa no va a cambiar, lo mismo que no cambia la LOMCE o tantas otras leyes que el gobierno de manera tan autoritaria nos ha impuesto a los ciudadanos. ¿Será un castigo que nos han puesto por algo que hemos hecho? “Pero bueno, ¿y qué hemos hecho nosotros para merecer esto?” “Ah, pues no, pues yo me quejo y hago huelga si hace falta, pero por ahí no paso.” “Y además, estoy en todo mi derecho de hacerla y de faltar a mis obligaciones para reclamar mis derechos.”

 

Pero si es por tu bien, Jaimito. Cuando seas mayor ya lo entenderás. “Pero si ya soy mayor, papá.” Sí, eso es verdad, mayor vamos a llegar a ser todos como sigamos a este ritmo, que no va a haber quien nos pague las pensiones, la educación y la sanidad, al ritmo que vamos. “Ah, no, eso no.” “Privatizar no, de ningún modo.” “¿Y de dónde sacamos el dinero si desciende el porcentaje de trabajadores? Es que no va a haber quien pague esos servicios.” “Ah, pues eso es por la corrupción que ahora no tenéis para pagar, seguro, seguro.” “¿Corrupto yo? Si acabo de tomar el cargo.” “Pues si no tú el que estaba antes de ti.” “Mira, como se privaticen servicios públicos yo hago huelga.” “Pues si tú haces huelga, yo más.” Pues hala, todos a dejar de trabajar y a ver si así se arregla la cosa.

 

 

 

PD: quisiera adjuntar aquí una anécdota que recibí en un mensaje por Whatsapp que me ha parecido muy graciosa, relacionada con el “taponamiento de oídos” al que hacía alusión en esta entrada. Que la disfruten:

 

Confidencias y confesiones de un profe de inglés.

 

"Esta trascripción, aunque parezca exagerada, es verídica y exacta. Esto me pasó dando una clase con 1º ESO (12 años) un jueves a 5º hora. Sólo es un ejemplo. Los nombres de los alumnos son ficticios para que su ignorancia quede en la intimidad de la clase.

 

Yo: Bueno chicos, hoy vamos a estudiar el vocabulario de las comidas en inglés: Copiad estas 5 categorías (las escribo en la pizarra) y escribís en cada columna todas las palabras que os sepáis.

Amanda: ¿En inglés?

Yo: Sí, mejor que en Ruso, en inglés.

Luis: Profe, ¿cuántas categorías?

Yo: 5. Las que hay en la pizarra.

Luis: A mi no me caben.

Yo: Pues prueba a poner la hoja apaisada

Luis: ¿Qué significa apaisada?

Yo: Horizontal, o sea: así (lo demuestro)

Juan: ¿Qué título ponemos?

Yo: Prueba con “Food”, que es el que he escrito en la pizarra.

Fran: ¿Puedo hacerlo a lápiz?

Yo: No, no puedes. Ya sabes que en el cuaderno sólo se escribe con bolígrafo.

Jessika:¿Cómo se dice pepino?

Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros. No el que sepa yo.

Noel: ¿El huevo es una verdura?

Yo: No, no es una verdura

Federico: ¿Qué título ponemos?

Yo: Lo he dicho ya dos veces.

Amanda: ¿Se puede poner “rechicken”?

Yo. No, porque repollo no se dice así en inglés (risas generalizadas)

Nieves : ¿Cómo se dice calamar?

Yo: He dicho que escribáis el vocabulario que sepáis vosotros.. No el que sepa yo.

Jesús : ¿Hay que escribirlo en el cuaderno?

Yo: Pues a no ser que quieras escribirlo en la mesa...

Ricardo: Profe, ¿Pero, qué hay que hacer?

Yo: ¿Pero tú te has lavado las orejas esta mañana?

Nieves: ¿Puedo poner zumo en la categoría de postres?

Yo: Mejor ponlo en la de líquidos.

Fran: ¿Puedo poner pollo en la categoría de postres?

Yo: En este continente, no.

......................................

 

10 minutos después

 

Yo: Bueno, ahora vamos a empezar. Levantáis la mano y vais diciendo palabras; yo las escribo en el encerado. Empezamos con las verduras.

 

(Levantan la mano 10 alumnos y todos gritan a la vez distintas verduras)

 

Brócoli!

Carrots!

Salad!

Pepination!

Eggs!

 

Yo: He dicho que los huevos no son una verdura. Y por favor, levantad la mano y esperad a que yo os nombre para decir la palabra porque no tengo diez orejas para entenderos a todos al mismo tiempo. ¡Arturo, no le pases notitas a María que se las leo al resto de la clase!

 

Arturo: ¿Con cuál empezamos?

Yo: Con las verduras. Empieza tú, Marisol.

Marisol. Es que se me ha olvidado el cuaderno en casa.

Yo: ¿Y qué llevas haciendo estos 15 minutos, criatura? A ver, hazlo tú, Pepe.

Pepe: ¿quién, yo?

Yo: Eres el único Pepe que hay en la clase, así que vas a ser tú.

Pepe: Orange

Yo: La naranja me la pones en frutas, por favor.

Juan: Profe, el otro día oí un chiste verde, ¿puedo contarlo?

Yo: Pues aunque haya verduras de por medio, no, no puedes contarlo.

María: ¿Esto cae en el examen?

Yo: Bueno, puede que tengáis suerte y para entonces esté recuperándome de esta clase en un sanatorio mental, y entonces no habrá examen.

Todos: ¡¡¡BIEEEEEN!!!"

 

¡Y luego dicen que tenemos demasiadas vacaciones! Yo os aseguro que con cuatro de estas clases al día alguno ya estaría pensando si tirarse al tren o al autobús de línea...

 

¡¡Como la vida misma!!

 

 

¡¡EXTENSIBLE A CUALQUIER ASIGNATURA!!

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Ana María De Pablo Campos (lunes, 27 marzo 2017 01:32)

    Menos mal que llegan las vacaciones de Semana Santa para aliviar tanta tensión y prisas. Todos las necesitamos.