Goosebumps, heebie-jeebiers or also...get the willies (cuando los pelos se ponen de punta)

¡Qué bonita es la lengua inglesa! Me resultan francamente fascinantes la sonoridad de algunas de sus palabras.  El otro día salió en clase la palabra “juggling”; ¿no me digan ustedes que no tiene un tinte onomatopéyico? Significa hacer juegos malabares. Visualícenlo, por favor: alguien con tres pelotas para arriba y para abajo, sin orden aparente… juggling y juggling. ¿No les parece que hay parte de ese movimiento de bolas en la lengua cuando se pronuncia seguida la palabra? Juggling-juggling-juggling. A veces me hubiera gustado ser sinestésico, pero no, no pudo ser… Quiero recordar que Mondrian lo era, ¿y quién es Mondrian? Un pintor, aaaah, vale.

Igual a Mondrian no le conocen pero seguro que conocen a Marilyn Monroe, o a Steve Wonder o a Jimi Hendrix. También lo eran. Y para los más jóvenes… ¿tendré lectores jóvenes? Lady Gaga y Pharrell Williams ¡también lo son!

 

“¿Y eso tiene que ver con el tema de hoy, profe? Pero, ¿cuándo empezamos la clase? ¿Esto entra en el examen?”

 

“Ok, ok, wait a minute!! Everything is impoootant” (en inglés no se pronuncia la r después de vocal así que siempre intento alargar la vocal, para que se note… pero no lo notan), lo mismo que el famoso “guoookin” o “toooquin” (que vaya manía que tienen algunos de decir “talking” o “walking” que se me clava esa “l” en mi neurona madre. Pero bueno, tampoco es que sea yo el que mejor pronuncia, así que no soy quien para decir nada. La asistente de inglés es quien debe salir destrozada de clase… lo que debe sufrir, la pobre… :S

 

Retrocedamos en el tiempo… En realidad he llegado a la sinestesia buceando por Internet. Quería saber de dónde proviene la expresión “ponerse los pelos de punta”. No lo he encontrado. Hay cosas que no están en internet, mira tú. Viene alguna acepción relativa a cuando éramos más“animales y hacíamos como los gatos, que ante una situación de nerviosismo, tensión o miedo se levantaban los pelos para aumentar el volumen y asustar al enemigo. La carne de gallina es uno de estos vestigios de la evolución que aún nos queda de nuestros antepasados homínidos, con mucho más pelo.

 

Esto me recuerda a una charla muy interesante sobre la evolución de las culturas a lo largo de la historia y los genes multialelos que tuve esta semana en la sala de profes. Hay gente muy culta entre el profesorado, debo decir… no ya en este centro, en general. Me honra formar parte de un gremio que sabe tanto y alardea tan poco. Gracias Chus, gracias Ana.

 

A lo que iba. Voy:

 

Esta semana se me pusieron los pelos de punta. Fue con música, en un concierto. Es una sensación para mí poco familiar; me desconcierta ver que a veces no puedo controlar mi propio cuerpo. Ya hace tiempo que me va ocurriendo; de hecho creo que desde que nací me hicieron con esta capacidad, solo que ha sido de adulto cuando he empezado a darme cuenta; he podido percibir, a base de fijarme mucho, que suele venirme asociado a momentos excelsos de gran agitación, y es por eso que ya, si me pasa, lo dejo estar, no me resisto, porque sé que es positivo. Pero sigue siendo extraño cuando me recorre ese escalofrío de abajo arriba y noto esa vibración que levanta los pelos instintivamente. El cuerpo es muy sabio y detecta cuándo algo le conmociona. Seguro que recuerdan su primer beso, pero ¿recuerdan cómo se sintieron después de darlo? ¿Y durante? ¿Cómo lo describirían? Seguro que de esto muchas familias no hablan con sus hijos. Ahora parece que solo interesa el coito (…).

 

Quería haber conservado esta sensación de “pelos de punta” y compartirla con ustedes pero tuve un mal día con un grupo de 2º al día siguiente de haberla vivido y  sin yo quererlo, la vivencia quedó sepultada bajo unas cuantas protestas de incomprendidos e incomprensibles pre-adolescentes con los que a veces me cuesta  más comunicarme en clase. (La comunicación no siempre es fácil, ni viable, ni posible).

 

La cuestión es que una vez que perdí el contacto con el estado de esa sensación, me ha resultado muy difícil volver a experimentarlo, con lo que tuve que abortar mi ilusión de poder escribir sobre ella. Y por más que lo intenté, no pude lograrlo, porque sencillamente “no viene” y no es algo que se pueda buscar, porque es algo que llega sin más y no sabe uno bien por qué.

 

Afortunadamente, mira por donde, la vida decidió volvérmelo a ofrecer en una forma diferente. Fue con un grupo de 1º con los que me atrevo más a probar cosas más “novedosas” sobre todo porque son más dóciles y disciplinados que los chicos y chicas de 2º que empiezan a tener las hormonas ya a flor de piel.

Decidí hacer una encuesta para ver qué nivel de sufrimiento tenía el alumnado de un grupo. A mí siempre me dio mucha rabia cuando decían mis padres. “Ay, hijo, verás cuando crezcan y tengas problemas de verdad.” ¡Como si mis problemas no fueran importantes! ¿Es que hay problemas banales? – me preguntaba yo -; un problema siempre es un problema. No hay problemas pequeños. Además, cuando uno se concentra en un problema, por pequeño que sea, puede hacerlo crecer hasta hacerse gigante. Como esos granos en la nariz que parece que no son nada y empieza uno a rascarse y de repente sale un bulto to´colorao que te da luego vergüenza salir a la calle porque piensas que todo el mundo te va a mirar.

 

Consciente de la importancia que tiene en la adolescencia el amenazante mundo exterior, decidí preguntar en una clase cuántos de los 30 alumnos consideraban “no tener ningún problema”. ¿Cuántos piensan que salieron? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Menos? ¿Diez? Pues salieron… tres (3) ¡¡solo tres!!

Ante esta situación, la tentación inmediata sería intentar ver qué problemas son los que atormentan a tantos alumnos/as. ¿Serán graves o los podrán sobrellevar?

Sin embargo, decidí no enterrar esta vez las buenas vibraciones y preguntar a los tres alumnos/as que se identificaron como los únicos de clase SIN problemas: “¿Qué consejo daríais a vuestros compañeros de clase que tienen problemas?

Curiosamente eran tres estudiantes que por norma general pasan desapercibidos. Diría que me sentí aliviado, porque dada la ratio cada vez mayor en el aula, me preocupo especialmente si veo que hay alguien de quien me falta información para poder atender sus necesidades. Y éstos tres justamente eran de esos alumnos que, como suelen ir bien y no arman mucho jaleo, uno tiende a despreocuparse. Así que para compensar mi falta de atención decidí darles un protagonismo que sin duda no habían tenido hasta entonces.

Escuchar el timbre de una voz poco conocida permite prestar más atención a las palabras. Pero más allá de la sonoridad de las voces, lo que me dejó impactado fue la contundencia sus respuestas:

El tercer alumno aconsejó que cuando llegaran a casa se tumbaran en el sofá y se relajaran. La segunda (alumna) recomendó con una sonrisa “don´t worry; be happy”. Y claro, todos rieron. Y el primero… ¿qué creen que recomendó el primero? Ni corto ni perezoso dijo “Live (in) the present” (Vive el presente).

 

Lo más asombroso es que según me dijo después de clase este último, nadie le había dicho nada, ni lo había leído, sino que lo había aprendido por sí mismo. A lo que uno no puede por menos que preguntarse:

 

¿De dónde aprenden hoy día los niños/as las cosas?

 

En ocasiones escucho hablar de la “excelencia” en educación; no sé muy bien a qué se refiere el término, pero yo creo que si es que se puede hablar de algún tipo de excelencia ¿? debería ir orientada a alimentar el espíritu. Y si hay asignaturas que sirvan para tal servicio seguramente sean las más vilipendiadas por las leyes de educación (la filosofía, la música, las artes…) que son las que Maslow, sin duda, pondría en la cúspide de la pirámide después de tener cubiertas las necesidades básicas y más funcionales, ligadas a las tareas productivas.

 

Si algo aprendí con la intervención de estos tres alumnos fue que a veces hay que poner el énfasis en dar liderazgo a los que tienen confianza y que esas voces que reclaman atención constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

Quiero terminar hoy haciendo un homenaje a Neil Hannon, por terminar el concierto que dio en Madrid con su magnífico “Tonight, we fly”. Y dedico esta entrada a las tres madres de los tres intervinientes de 1º, no solo por sus hijos, sino por las palabras de gratitud que me brindaron al teléfono, que me hicieron recuperar al colgar el auricular la sensación perdida de “pelos de punta”. Gracias a vosotras por emocionarme.ión constante a veces es preferible obviarlas para evitar quedar atrapado en la angustia y la pesadumbre. En este caso, por ejemplo, creo que se evidencia que focalizar la atención en estas 3 voces fue más positivo que atender a las restante 27 voces negativas, que decían tener problemas. Así es que, por favor, si alguien que esté callado tiene algo positivo que aportar, que no calle para siempre.

 

 

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Merce (martes, 28 marzo 2017 00:22)

    Gracias profesor. Cuando el esfuerzo de uno va dirigido a intentar hacer de sus hijos buenas y felices personas, se echan de menos palabras como las suyas, que hacen recobrar el aliento y hasta ponen los pelos de punta.