ME ABURRO

"o lo contrario de ser creativo"

Hoy me ha pasado una cosa de lo más enternecedora: me ha confesado alguien (?) a quien doy clase que “se aburría” y como no tenía qué hacer me preguntaba por la siguiente actividad de Plástica.

Bueno, en realidad quería saber cuánto íbamos a estar con el retrato en blanco y negro. Imagino que tenía la necesidad de conocer cuánto tiempo de aburrimiento tendría que soportar hasta poder dedicarle tiempo a una próxima actividad y, así, matar el aburrimiento.

 

No me ocurría algo así desde hace 3 años, que me pasó con dos alumnos de distinto grupo que, de vez en cuando, me escribían un escueto mail del estilo “Profe, ¿qué haces?” o “Profe, recomiéndame una peli para ver que me divierta un rato”.

 

El aburrimiento, ¡qué gran enemigo!

 

Uno de los mayores hallazgos que he realizado en los últimos años es que el mundo se nutre y alimenta de polaridades y que todos albergamos ambos polos. Todo-nada / bueno-malo / bonito-feo / triste-contento / masculino-femenino / tú-yo / nosotros-vosotros / vago-trabajador / brusco-delicado / egoísta-generoso y es de lo más liberador deshacerse de las etiquetas a las que nos aferramos a veces, obsesionados por categorizarlo todo. Por ejemplo, sin ir más lejos una polaridad que yo tengo muy desarrollada es la del egocentrismo, todo lo pienso desde mí mismo. Dirán muchos “ja, y ¿cómo vas a pensar si no es desde ti mismo?” pero me ocurre: tengo tendencia a extrapolar mi pensamiento al resto de personas y no concibo que haya gente que pueda pensar de modo diferente a mí.

El otro extremo de esta visión basada en el yo sería la del altruismo (aquella persona que todo lo hace por y para los demás) y es, seguramente la que puede compensar una visión excesivamente egocéntrica del mundo.

 

Así que me voy a proponer, en adelante, para intentar reconocer la unicidad de cada alumno, profesor, conserje, profesora, alumna, conserje, ratón y “ratona” de la biblioteca, cafetería o sala de profes no usar nunca más a partir de ahora el plural maiestático, esa horrenda figura que extrapola a los demás el pensamiento individual y que anula la individualidad en pro de la colectividad. Por tanto, nada de “pensamos”, “nos sentimos”, “creemos” ni similar. A partir de ahora solo existo yo y mi circunstancia, o tú, o él o ella y cada uno que exprese lo que le plazca, que yo expresaré por mí.

 

Volviendo al tema que me ocupaba, lo del aburrimiento. Nunca he entendido cómo puede existir el aburrimiento; en mi cabeza sencillamente no cabe. ¿Aburrirse? ¿Eso qué es? ¿No hacer nada? Será porque uno quiere, porque con la de cosas que se pueden hacer… ¡Lo que fastidia no entender algo! Mira, voy a hacer una cosa, porque no soporto esto de no comprender lo que otros sienten. Voy a dar un salto y me voy a ir un pensamiento ajeno. No sé si llegaré, a veces es muy grande la distancia entre mi cerebro y el de los demás. A ver, voy a asomarme un poco, por ver si encuentro una cabeza próxima en la que adentrarme.

Me asomo un poco. No veo nada. Otro poco. Hmmm, no, todavía no. Un poco más… ya, ya veo algo.

Anda, mira, si es mi querido amigo Alberto, uy, no voy a llegar tan alto de un salto; además, como no caiga bien, me voy a resbalar y la caída puede ser mortal. De todas formas Alberto nunca está aburrido, siempre anda atareado; no, no me vale.

Seguiré mirando, a ver… alguien con cara de aburrido… no, no veo nadie con cara de aburrido, jo… espérate, voy a cambiar de género que me ha enseñado mi maestra Pilar que a veces cambiar una “o” por una “a” da muy buen resultado… alguien con cara de aburrida, aaaaaaaaahá, ya veo a una por allí, pero no se acerca, ¿qué hace que no se mueve? Pero venga, ¡¡muévete!! Si parece que se le va a caer la cabeza, mírala, sujetándola con la mano como si pesara tanto como un elefante. Y cómo se le deforma la cara al contacto con la mano, que parece un Rottweiler. Uy qué ojoooos, se le ha perdido la mirada. Oye, tú, que estás en clase, ¡haz algo!

Nada, me voy a tener que acercar yo, porque esta no se inmuta lo más mínimo.

 

(me acerco sigiloso no se vaya a asustar; por atrás, mejor, no me vaya a ver…)

 

Espérate que lo deje todo organizado, que no sé cuándo volveré.

-          No, no, no te vayas - me dicen todas las células de mi cuerpo -. ¿Qué vamos a hacer sin ti?

-          Tranquilaaaas, no será mucho tiempo – les digo -. Sólo quiero ver qué se experimenta cuando uno está aburrido.

-          Bueno, vale, pero en cuanto lo sepas te vuelves, ¿eh? – contestan preocupadas -.

-          Sí, lo prometo. Nos vemos en un periquete (espero).

-          Lleva cuidado / hasta luego / adiós, Paco, adiós.

-          Hasta la vista

 

Y me voy, lo más lejos que puedo de mí mismo para acercarme lo más que puedo a ese cuerpo pseudo-inerte paralizado por el aburrimiento.

Subo a lo más alto de mi ser, por los vericuetos de mi retorcida nariz y las llanuras de mi entrecejo despoblado y atravieso los pocos pelos que me queda en mi frente, cada vez más prominente. Menos mal que me he cortado el pelo y lo tengo todo tieso porque igual uno de estos me puede servir de catapulta.

Veamos… (uy, no, perdón). Voy a ver… A la de una… a la de dos… y a la de… ¡tres! Allá que vooooooooooyyyyyyyyyy. Cataplof. Oy, auch, aaagh, aaaaay. Me incorporo algo dolorido del golpe, pero estoy bien. ¿He llegado? Síii, lo he logrado, ya estoy aquí, en una mente aburrida.

 

Uy, qué silencio. Qué tétrico esto, ¿no? Holaaaaaa. hola-hola-hola-hola-la-la-la. Anda, si hay eco y todo. ¿Hay alguien ahí-ahí-ahí?

 

Vaya, parece que no hay nadie. Qué mala suerte y se me ha olvidado echar un libro para el viaje, ¿y qué hago? A ver que piense…  . . . . . . . . Pues no se me ocurre nada, ¡qué raro! Con la de ideas que se me ocurren a mí siempre…  Voy a ver por ahí fuera, ya que parece que no encuentro nada dentro de mí. A ver… uuuh, qué mal lo veo todo. Qué colores más sosos tienen las cosas, ¿no? Y qué poca actividad. Lo veo todo como muy lejano. ¿Qué puedo hacer? Ay, qué pocas ganas tengo, si es que no me apetece nada. Pero ¡haz algo! ¡Muévete! ¡Algo! Vale, venga, lo voy a intentar. Andaré un poco… Uy, qué pereza. Qué poquitas ganas tengo de moverme. Y lo que cansa esto de andar. Si, total, esto es muy pequeño, voy a terminar moviéndome en círculos. ¿Para qué voy a andar si voy a terminar en el mismo sitio? Bah, pues lo dejo, me siento y a esperar.

- - - -

Espero.

Espero.

Es-pero.

Es-pe-ro.

Esp-ero

 

Nada, no viene nadie. ¿Sigo esperando? Pst. Y yo qué sé.

Jo, no se me ocurre nada.

Voy a pedir ayuda.

Sí, pero ¿a quién?

Están todos estudiando.

Me tenía que haber apuntado a algún deporte. Si es que…

 

Toc-toc

¿Quién es?

(se abre la puerta y aparece una madre)

Pero hija, ¿qué haces ahí tumbada en la cama? ¿No tienes deberes?

No, mamá, ya los hice todos.

Bueno, bueno, voy a ir preparando la cena.

Vaaaaaleee, ma-má

 

(se cierra la puerta)

 

Uff, qué pesada.

Qué mal esto de no tener nada que hacer… La verdad que el trabajo de plástica de esta semana ha molado. ¿Estaremos mucho con él? A ver si reparte pronto la próxima actividad.

Ya está, voy a preguntar al profe a ver qué me dice.

 

Alargo un poco la mano y cojo el portátil de la mesa, lo abro y le doy al email… Escribo: “Profe, ¿cuánto tiempo vamos a estar con lo del retrato? “ Enviar. Zasssss.

 

(al minuto)

 

Ay, qué rollo… y qué pronto se hace de noche…

Ding!!

Anda, ¡un correo!

Ostras, si es del profe, ¡qué rápido ha contestado! A ver qué dice…

 

“En principio íbamos a estar una semana con el trabajo, pero como veo que hay gente que se ha retrasado en traer la foto voy a dar un día más, para que todos tengan tiempo. ¿Has hecho ya la ficha de corrección del cómic?”.

 

Uff, ¡¡otro día más!! Si yo ya lo he acabado… Que síii, que lo del cómic ya lo he hecho. Era muy fácil.

 

Ding!!

¿Y esto? ¿Otro correo? A ver…

 

“Vamos a hacer una cosa, intenta en una hoja de dibujo con el carboncillo dibujar para la semana que viene una bola en tres dimensiones, a ver qué tal te sale.

Te apuesto un chupachups gigante de 20 cm de diámetro a que no se te ocurre dibujarlo como lo vamos a hacer la próxima semana.”

 

Hala, ya tienes diversión :D

 

Ostras, ¡qué guay! ¡Un chupa-chups gigante!

 

Como mola, profe! Ya tengo para pensar!

 

 NOTA: esta historia es un homenaje (a todos los niños Asperger y con autismo) en su alusión a la teoría de la mente y a Samuel Becquett por su magnífica obra de teatro Esperando a Godot.

Comentarios: 2 (Discusión cerrada)
  • #1

    Rosana (miércoles, 25 enero 2017 23:08)

    En una sociedad en la que parece que a todos nos falta el tiempo , incluidos nuestros niños, a mi tambien me parece mentira que alguien se aburra pero los tenemos mas cerca de lo que creemos. Tienen una extenuante jornada en el instituto, mucho que estudiar y aprender y un sinfin de actividades escolares además de tener que atender ¡como no¡ sus hobbies favoritos, aun así les escuchamos decir de vez en cuando aquello de " me aburro". Muchas veces he pensado que es una frase hecha. Buena reflexión Paco. Me encanta tu columna,
    Un saludo

  • #2

    IES ALFREDO KRAUS (jueves, 26 enero 2017 19:19)

    Muchas gracias, Rosana, por tu comentario. Algún compañero dice que "el aburrimiento es la madre de la creatividad". Quizá necesiten esos tiempos muertos precisamente para encontrar la medida de su personalidad, para reflexionar o simplemente "para aburrirse"...
    Saludos cordiales.