DE LA IMPORTANCIA DEL USO DEL DICCIONARIO Y LOS COMPLEMENTOS

Dan este mes un curso de formación en el Escorial sobre “Mindfulness aplicado a la educación”.  No sé de qué tratará pero veo cada día tantas y tantas situaciones de frustración, enfado o queja que no puedo resistirme a dar algunos “trucos” que creo bien podrían ayudar a más de uno/a.

 

Vaya por delante mi dedicatoria de esta entrada a todos los que me motivaron a escribirla: a mi fantástico alumnado de tutoría y a las mujeres de la limpieza, ambos unidos a pesar de la distancia que les separa por un sentimiento común de incomprensión que hoy me manifestaron y que, para no llevarme a la cama, vierto en estas letras, a modo de desahogo.

 

Mi padre, que era y aún hoy sigue siendo un hombre muy sabio siempre que le preguntaba algo sobre los deberes que me mandaban en clase me contestaba con la misma respuesta: “Ve al pasillo y busca el tomo de la enciclopedia correspondiente a la primera letra de la palabra y te lo traes que vamos a buscar ahí la respuesta…” y allá que iba yo, que apenas alcanzaba el metro y medio, cargando con un volumen de la enciclopedia de tamaño casi como el de mi cabeza y un peso aproximado al de mi mochila durante un día entre semana. Una vez llevaba el tomo al salón donde se sentaba mi padre, buscábamos la palabra y… ¡Ahá! Efectivamente, allí se encontraban definiciones para todos los gustos, con la suerte de que siempre había una de ellas que daba explicación perfecta a la pregunta planteada.

 

Hoy he querido rescatar cuatro palabras para investigar, como cuando era pequeño, en qué se diferencian y si tienen correspondencia con la realidad estos cuatro términos:

 

·         Quejarse.

·         Criticar

·         Mejorar

·         Ayudar

 

Si buscamos el primero de los términos en la R.A.E. (Real Academia Española), podremos ver que existen cuatro acepciones principales:

 

a)                Quejarse: Del lat. vulg. *quassiare, y este del lat. quassāre 'golpear violentamente', 'sacudir con fuerza', 'quebrantar'.

1. prnl. Expresar con la voz el dolor o pena que se siente.

2. prnl. Dicho de una persona: Manifestar el resentimiento que tiene de otra.

3. prnl. Manifestar disconformidad con algo o alguien.

4. prnl. Presentar querella.

 

Como todos sabemos lo que significa quejarse (estamos más que acostumbrados a hacerlo a diario) quisiera pararme en las cuatro letras que anteceden a cada definición (prnl); indican que se trata de un verbo pronominal que necesita, por tanto, de un pronombre pronominal (me, te, se, etc.) para conjugarse. No es correcto, por tanto, decir “yo quejo” o “tú quejas”, pues es preciso añadir el correspondiente pronombre para que el verbo tenga sentido (ej. Yo me quejo, tú te quejas, etc.).

Independientemente de la forma gramatical, me parece de lo más triste conjugar un verbo que, a priori, no contempla el uso de complementos para tener pleno significado. Sin embargo, es curiosamente éste el verbo que más utilizan muchos alumnos, despreciando por completo a la persona sobre la que recae el beneficio o perjuicio de la acción (complemento directo o indirecto, según el caso).

 

Así, puede verse a alumnos o alumnas que, por ejemplo, se quejan porque no les dejan ir al baño o porque les han puesto una nota a sus padres que va a ocasionar que les castiguen el fin de semana, o porque (les) han suspendido con un 4,8 o porque (otra vez) tienen que hacer la misma tediosa tarea de colocar las sillas encima de la mesa antes de marcharse a casa. En definitiva, aunque el contenido de la frase cambie, la estructura sigue siendo la misma

 

“yo + quejarse + de algo”

 

Una queja puede, tal vez, poder llegar a entenderse; incluso dos si uno tiene un mal día, pero cuando una persona sucede una queja tras otra sin descanso alguno, el resultado es (o al menos yo lo veo así) el de alguien cuyo único fin es destruir, plantear por sistema su disconformidad y, al fin y al cabo, dar a ver al mundo su propia tristeza e infelicidad. Como podrán comprender, de entrada no me apetece lo más mínimo pasar mucho tiempo con esa persona, más que nada porque soy más propenso a buscar las gratificaciones de la vida antes que sus calamidades. Es por esto que no me gusta demasiado pasar el tiempo con quienes, en lugar de dar gracias, buscar alternativas o dar ideas para mejorar, se dedican todo el tiempo a poner pegas e inconvenientes a todo cuanto les ocurre.

 

Hay otro verbo de significado ambivalente que puede interpretarse, sin embargo, tanto positiva como negativamente; es el verbo “criticar”, que tiene dos acepciones según la R.A.E:

 

b)           Criticar: De crítica.

1. tr. Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según los criterios propios de la materia de que se trate.

2. tr. Hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o una tacha suyos. Locritican por sus declaraciones. Le critican su ropa. U. t. c. intr.

 

Como puede verse, este verbo tiene una acepción positiva (la primera) y otra negativa (la segunda), por lo que según la manera en que se use puede ser fruto de una crítica constructiva o destructiva. Huelga decir qué forma es la que, en mi opinión, más conviene siempre utilizar.

Pero, nuevamente, quiero detenerme en las letras escritas antes de la definición (tr.) que indican que este verbo es transitivo y necesita, por tanto, un complemento directo para adquirir sentido completo.

Así, por ejemplo, en lugar de conjugarse “yo critico, tú criticas, él critica… “ es recomendable completar la frase añadiendo el complemento directo (ej. Yo critico al árbitro o ella critica que la gente se deje abierto el grifo del baño o el alumno critica que salga aire frío por el tubo de ventilación).

 

 

Existen, sin embargo, otros dos verbos transitivos para mi gusto mucho más interesantes que el verbo criticar. Son dos verbos que, además de incluir un complemento directo, tienen una acepción claramente positiva: son el verbo ayudar y el verbo mejorar.

 

En cuanto al primero, se define, según la R.A.E. como:

 

c)                     Ayudar: Del lat. adiutāre.

1. tr. Prestar cooperación.

2. tr. Auxiliar, socorrer.

3. prnl. Hacer un esfuerzo, poner los medios para el logro de algo.

4. prnl. Valerse de la cooperación o ayuda de alguien.

 

Fíjense ¡qué bonito! Si en lugar de tanto utilizar el verbo criticar, comenzamos a cambiar su uso por el verbo “ayudar”. ¿Y si en lugar de quejarnos porque la clase está sucia ayudamos a limpiarla? ¿Y si en lugar de quejarnos porque no nos dejan entrar en clase si llegamos tarde ayudamos a que el profesor/a haga su trabajo y esperamos a que nos pida entrar cuando considere que no interrumpimos? ¿Y si en lugar de quejarnos porque nunca nos preguntan ayudamos al resto de alumnos a que participen teniendo nosotros calma sin impacientarnos porque llevamos 5 minutos con la mano levantada y no nos preguntan?

Pero, mejor aún, y si, en lugar de ayudar a los demás nos ayudamos a nosotros mismos, haciendo uso de la partícula pronominal del verbo para conjugarlo como verbo pronominal (ej. Como yo no tengo impresora, me ayudo de mi ingenio para pedirle a un compañero que me imprima la foto de Plástica o la alumna con el pie escayolado se ayuda de sus amigas para poder llamar al ascensor o el alumno que se puso enfermo se ayudó de sus amigos para que le dejaran los apuntes mientras estaba ausente en clase). Como podrán ver esta forma de conjugar el verbo ayudar como forma pronominal exige ya cierta creatividad y algo de ingenio y muestra que, ante la adversidad, siempre es mejor ayudar o ayudarse que criticar o quejar(se), verbos mucho más feos y además un tanto solitarios por cuanto a que carecen de complemento.

 

 

Quiero, antes de terminar, comentar un verbo que en su uso implica un avance todavía mayor, si cabe, que el uso del verbo ayudar. Me refiero al verbo mejorar.

 

Según la R.A.E. se define como:

 

 

 

 

d)            Mejorar: Del lat. meliorāre.

1. tr. Adelantar, acrecentar algo, haciéndolo pasar a un estado mejor.

2. tr. Poner mejor, hacer recobrar la salud perdida.

3. tr. Der. Dejar en el testamento mejora a uno o a varios de los herederos.

4. intr. Ir recobrando la salud perdida, restablecerse. U. t. c. prnl.

 

Obviando la última acepción, no por menos importante, sino por tratarse de un uso intransitivo del verbo – es decir, que no precisa de complemento directo – tenemos tres acepciones del verbo “mejorar” que pueden utilizarse con complemento directo. Fíjense, por favor, en cuánto importancia tiene aquí el complemento directo, ya que precisamente es éste el que designa aquella cosa o persona a quien queremos (ayudar a) mejorar.

Así, por ejemplo, podemos mejorar las circulaciones en los cambios de clase, permaneciendo en el aula y no charlando con los compañeros en el pasillo o podemos mejorar (prolongar) la vida útil de los baños si no pisamos la tapa del wáter para hacer equilibrismos sobre el retrete o podemos mejorar la confianza de los profesores en nosotros mismos si cuando termina la clase apagamos ordenadamente los ordenadores y el monitor, ponemos la silla contra la mesa y salimos en silencio de la sala de informática despidiéndonos alegremente hasta el próximo día, en lugar de salir corriendo cuando toca el timbre dejando las sillas de cualquier manera, el ordenador encendido y al profesor haciendo una tarea de recogida en el recreo que, en principio, le corresponde a los alumnos.

 

En definitiva, fíjese el apreciado/a lector/a cuánta importancia puede llegar a tener si cambiamos una sola palabra y, en lugar de quejar(nos) o criticar, nos dedicamos a ayudar o incluso a mejorar. Si dejamos de pensar en nosotros mismos y comenzamos a pensar en los demás, en los compañeros, en los conserjes, en los/las profesores/as, en las señoras de la limpieza o incluso en el centro como institución, seguro que nuestro lenguaje transformará las quejas por actitudes de ayuda y mejora. Y, lo mejor de todo, veremos como, mágicamente, la gente a nuestro alrededor deja de tener caras enfurruñadas y, poco a poco, nos veremos rodeados de una sensación más positiva que atrae milagrosamente una mejor calidad de vida y más sonrisas.

 

 

Os animo, pues, a enterrar las quejas y a desenterrar el espíritu de mejora, que algunos tienen olvidado. En el fondo, todos convivimos en el centro y todos debemos preocuparnos por ayudarnos para hacer de éste un lugar mejor.

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