TENER FE

En estos días de descanso navideños salió una noticia de una medida propuesta por el Ministerio de Sanidad por la que los padres de un menor podrían ser sancionados con sanciones económicas por actitudes reincidentes de sus hijos/as en el consumo abusivo de alcohol (lo que se viene a conocer tradicionalmente como “botellón”). Para más información consultar la noticia en “Multas a los padres, ¿la solución al botellón?

 

Coincidió que estábamos afanados en mi casa la familia al completo con unos cuantos langostinos que habían quedado de la noche de Navidad y mi madre, contrariada, paró de comer un momento para reivindicar su posición, con cierto tono de queja: “¿Y qué culpa tendremos los pobres padres de que un hijo se emborrache?” – dijo –. “¿Acaso no me quedaba yo preocupada cuando salíais vosotros por la noche los viernes que no hacía más que ver noticias de lo que pasaba en las calles en el <<Madrid directo>> y no dejaba de pensar <<ay, ¿les habrá pasado algo?>>” – continuó –. A lo que mi padre argumentó sin parar de comer: “Si es que en qué mala hora ponían el programa ése…”.

 

Aprovechando los días de relax que nos brindan las vacaciones, tuve ocasión de ver una curiosa película basada en un libro de Lionel Shriver llamada Tenemos que hablar de Kevin”. Relataba el caso particular de un hijo en una familia en Ohio (E.E.U.U.) que, ya desde muy pequeño, intentaba hacer la vida imposible a su madre buscando a toda costa provocar situaciones que la hicieran sentirse separada de su marido. Cuesta pensar que con solo unos meses pueda existir cierta intención de maldad en un bebé, pero en la película, a medida que se narra la historia del adolescente, resulta creíble que, efectivamente, todas las “travesuras” del niño vayan orientadas a hacer la vida de su madre imposible. La escena final (siento hacer spoiler) se ubica en un instituto americano en el que tiene lugar la masacre protagonizada por el niño con objeto de cargar a la madre con un peso en la conciencia que ni siquiera la separación de los padres podría paliar. No se preocupen porque les destripe la película, que tal vez sea mejor no dar difusión a este tipo de filmografía, no vaya alguien a confundir la ficción con la realidad, como pasó en un centro escolar en Barcelona.

 

En todo caso, llama la atención que en ningún momento y a pesar de las muchas canalladas que el niño lleva a cabo a lo largo de la película, la madre se plantea dejar de querer a su hijo; conviene decir, no obstante, en honor a la verdad, que la protagonista – esa inmaculada Tilda Swinton – confiesa en los “extras” cierto miedo durante su embarazo al pensar qué pasaría si, tras dar a luz, no sintiera por su bebé ese amor incondicional que toda madre profesa hacia su hijo.

 

Tener la suficiente objetividad para poder apreciar en su justa medida los deslices de alguien a quien se quiere atenta, probablemente, contra las raíces del propio amor, por cuanto a que pone a prueba nuestra voluntad de creer en la “perfección” del otro tal como es. Porque, en el fondo, un componente esencial del amor radica en la fe. Sin fe no sería posible perdonarle a la persona amada esas pequeñas equivocaciones a las que todos estamos expuestos por el mero hecho de vivir. Esta tontería tan tonta me la ha recordado precisamente este mensaje que he recibido por Whatsapp en la víspera de Reyes que a continuación transcribo:

 

Los mejores reyes

 

Una vez vi a los Reyes Magos. No eran tres, eran dos y eran los mejores magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos, lo mínimo, lo que fuere. Aunque no hubiera nada, ellos lograban que haya lo que para nosotros era todo. El tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando los camellos. Nunca, nunca olvidaré a los dos reyes magos que vi. Seguro que ustedes también lo vieron y saben quiénes son y saben que son más magos que reyes. Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acérquense a sus reyes, denles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca) y los que no los tienen con ustedes,  sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas...

Agradézcanle la herencia porque ahora muchos de ustedes se han convertido en reyes y en magos. Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertirán en reyes y en magos…. Y tal vez, dentro de unos años, ustedes recibirán el beso en la frente y así será hasta el fin de los tiempos… Feliz noche para los reyes de hoy, para los de ayer y los reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico ni mejores reyes que ustedes…

 

Y es que, ciertamente, la fantasía es un gran motor que da fuerzas para vivir.

Es por eso que me gustaría, aunque sea con retraso, desear que este año que empieza tengamos todos fe: fe en los Reyes Magos, que siempre siempre, a pesar de los pequeños despistes que hayamos tenido, se acuerdan de nosotros y para bien por estas fechas; fe en nuestros padres, que siempre estarán ahí para ayudarnos incondicionalmente; fe en los amigos y amigas a quienes siempre podremos recurrir para echarnos unas risas o consolarnos cuando estemos tristes; fe también en ese amigo/a “especial” que nos pone las mariposas en el estómago y nos hace volar a otra dimensión J; fe en los compañeros y compañeras, porque el solo hecho de estar al frente de una tarea compartida nos solidarizarnos en un sentimiento común; fe en los profesores y profesoras, que incansables no dejan de buscar la mejor forma de hacerse y hacernos más sabios y mejores y, ¡cómo no!, por supuesto, fe en los alumnos y alumnas que en su irrenunciable labor de aprendizaje intentan adaptar sus aún frágiles mentes a un exceso de información que no siempre saben donde ubicar. Que así, mientras haya fe, habrá amor y voluntad para seguir mejorando.

 

O si lo quieren en palabras más simples…

 

✪★wHappy New Year §

 

(en inglés, para no perder la costumbre :D)

Comentarios: 1 (Discusión cerrada)
  • #1

    mamichuli (lunes, 06 febrero 2017 18:53)

    Gracias nuevamente Paxo. Mis 4 reyes Magos se me fueron en 2 años. Ahora intentamos ser los mejores magos para nuestras hijas. Con FE.. mucha Fe. .porque, como alguien dijo. La fe mueve montañas.