LA ENFERMEDAD DEL ÚLTIMO DÍA

En estos últimos días… qué digo días… ¡¡¡ horas !!! para acabar esta primera evaluación, me gustaría hacer un repaso de estos duros momentos por los que atravesamos profesorado y alumnado. Y nada mejor para ello que rescatar el pasado, porque nada somos sin nuestro pasado.

Como profesor me maravilla la capacidad de aquellos/as super-estudiantes que son capaces de hacer en una semana las tareas de toda la evaluación. ¡Qué capacidad de trabajo! Compruebo asombrado cómo todas esas entregas que he pedido, reclamado… ¡¡suplicado!! aparecen por arte de magia a escasos días del final de evaluación. ¿Por qué será este repentino interés? No existe función posible (ni logarítmica ni exponencial) capaz de representar el ascenso en el rendimiento del alumnado conforme se aproximan las Navidades.

Desgraciadamente, de manera inversamente proporcional al ritmo creciente de entregas  de trabajos, se percibe también un decreciente interés por hacer las cosas bien hechas. Y me pone tremendamente triste ver cómo en el preludio de estas fiestas que se suponen llenas de amor y fraternidad, resurge el espíritu más “dejado” y menos pulcro de algunos estudiantes, que con tal de entregar lo-que-sea, escriben, dibujan o garabatean cuatro frases o líneas sin más intención que hacer lo justo para alcanzar el aprobado.

Es ahora cuando muchos ponen a prueba sus capacidades y comprueban su visión de la realidad: “profe, ¿tú estás loco? ¿25 páginas en 3 días? ¡Eso es imposible!”. No cae en la cuenta el despistado estudiante que el tiempo pasa - también para vosotr@s, por más que presumáis de juventud- y que por mucho que se quiera, a veces es difícil condensar el trabajo de 2 o 3 meses en solo unos pocos días.

Quiero, no obstante, romper una lanza, por aquel humilde alumno/a que sin hacer mucho ruido, semana a semana, ha ido cumpliendo con sus tareas, haciendo gala de un inusitado sentido de la responsabilidad. O aquel/la otro/a que no sin cierto pudor, escribía a/la profe para preguntarle alguna duda el fin de semana. O quien, con calma y expectación, esperaba las correcciones a su trabajo para poder aprender de él y así poder mejorar la siguiente semana. Curiosamente son est@s alumn@s los que más llaman la atención en estos días, porque frente a la vorágine y el estrés generalizado, muestran una tranquilidad fuera de lo común. Debe ser agradable nadar a veces contracorriente y ver que, mientras los demás se agobian porque les falta tiempo, uno puede, incluso, permitirse ir a dar un paseo por el parque en bicicleta o ponerse a terminar la novela que le tiene enganchad@.

Ojalá el próximo año podamos contar que hemos llegado al final de evaluación como si nada, sin notar la más mínima alteración en el estado de ánimo. Así podremos regocijarnos por llegar al final de un ciclo con el orgullo del trabajo bien realizado; veréis como el esfuerzo día a día, al final, siempre trae su recompensa.

Y ya, sin más, os dejo, que tengo una montaña de trabajos de última hora por corregir, que creo que me van a quitar hoy el sueño. Allá que voy, despacito y con buena letra – como decía mi padre -.

Saludos cordiales a tod@s

 

 

P.D.: Fernando Briones, allá donde estés, que sepas que tus alumnos/as te echan de menos. A veces me encuentro a alguno repitiendo en clase tu nombre porque lo han oído en tu canal de youtube. ¡Dedícales una entrada, Fernando!

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