LA OTRA CLASE

Nuestro thanksgiving con los chicos y chicas fue ayer bullicioso y colorido. Y el centro se llenó de sabores, olores y carreras entusiasmadas.

Hoy el profesorado nos recomponemos del jaleo de ayer y nuestro compañero Paco Siminiani escribe una carta tan bonita como esta. Hoy, cada persona agradece este espacio de vida como mejor sabe y puede, con palabras o con dulces.

Hoy DAMOS LAS GRACIAS  toda la comunidad educativa del Kraus.

 

Dar clase para mí es lo más parecido a ejercer de actor sobre un escenario: Nunca sabe uno qué es lo que va a ocurrir. ¿Vendrá hoy el público animado o estará cansado porque es 7ª hora? ¿Estarán adormilados como el lunes a primera hora o sofocados como cuando vienen de Educación Física? ¿Tendrán la voluntad de estar sentados y atentos 55 minutos o habrán olvidado ir al baño en el recreo y tendrán la inminente necesidad de ir al servicio a… pintarse los labios (por ejemplo)?

Como soy muy inseguro, intento tener todo programado lo más posible para evitar cualquier sorpresa. Sin embargo, es comenzar la función y empiezan los imprevistos a atentar contra mi meticulosa programación: “profe, que hace frío, cierra la ventana…” o “¿has corregido ya la lámina que te di ayer?” o “jo, que me ha quitado el sitioooo…”. Y así, sin comerlo ni beberlo, comienzan a aflorar espontaneidades que van progresivamente minando, segundo a segundo, mi concienzudo plan. Es en estos momentos cuando más me acuerdo de mi querido abuelo, comandante de infantería, e intento con autoridad imponer orden en el aula: “A ver, nos sentamos todos que voy a ir contestando solo a quienes levanten la mano”. No sin recelo, el público, demasiado infantil como para tener que pagar entrada, se dirige a sus asientos y se coloca en sus sitios. Aunque a algunos les cuesta más tiempo que a otros, finalmente logro poner cierto orden en el caos; calmo un poco la ansiedad respondiendo a preguntas que a menudo suelen ser más de índole organizativa que de otra cosa y, una vez acalladas las intranquilidades, comienzo a explicar las bondades del compás y de la escuadra y el cartabón que nos abren las puertas del maravilloso mundo de los triángulos.

Cuanto más pasa el tiempo más me doy cuenta de que la forma que utilizaron conmigo para acercarme al dibujo ya no es válida con los estudiantes de ahora, así que intento implementar ese instrumento tan novedoso que los expertos llaman “nuevas tecnologías” y que, por lo que se ve, tiene la capacidad de hipnotizar al público más exigente. Esto ha requerido – debo indicarles – un buen número de horas dedicadas a formación para aprender un sinfín de herramientas virtuales que van quedando obsoletas cada vez con más rapidez (Hot Potatoes, Moodle, Global Classrooms, Q-Cad, prefiero abreviar la lista que no tengo ganas de ponerme nostálgico).

Sin embargo, sí me gustaría llamar al lector la atención sobre una herramienta de lo más útil que he descubierto últimamente y que nunca pasa de moda: el profesor (y también profesora, por supuesto). Tiene una gran gama de funcionalidades (lo mismo sirve para un grupo reducido de alumnos que para una clase masificada de más de treinta) y posee, además, una capacidad de adaptación  que ni el camaleón podría superarle: que hace falta aplicarla con rapidez porque el tiempo es escaso, se le aumenta la velocidad; que se necesita que funcione en inglés, se le da al modo “in english, please” y te funciona a la perfección en inglés; que se necesita mejorar el acento, se le puede acoplar un plug-in denominado “english assistant” y comienza a funcionar en tándem. Es de tal versatilidad que, si la situación lo demanda, es capaz de ejercer diferentes tareas a la vez, pudiendo utilizarse para dar clases de varias asignaturas o, si se tercia, de varias especialidades.

Siempre he considerado a las personas ligadas a la educación, gente con grandes dosis de cultura, conocedora de muchos campos, leída y bien formada. Pero no ha sido hasta ejercer en la enseñanza que he podido darme cuenta de que ese conocimiento no es ya una condición sino una necesidad impuesta por la profesión. Porque al profesor se le puede pedir de todo, que todo te lo hace: un profesor lo mismo te organiza una salida turística que te gestiona una biblioteca, que planea un viaje al extranjero, que te lleva la contabilidad de una escuela (si es que no te la dirige); por conocer hasta he conocido profesores que diseñan, editan y publican su propia revista mensual en un centro, por no hablar de las maravillas de recursos didácticos digitales que son capaces de crear por medio de blogs y wikis.

Pero en mi opinión, lo más valioso para lo cual puede emplearse este novedoso recurso es para aprovechar las motivaciones del alumnado y orientarlas hacia un fin que le posibilite el aprendizaje. Vigotsky denominaba “zona de desarrollo próximo” a esta zona de confluencia entre las inquietudes de un aprendiz por aprender y la capacidad de un enseñante por enseñar. Se trata de ese punto en el que ambos (profesor y alumno) se funden en la nube del conocimiento y aprenden por intercambio, desvaneciéndose los límites entre uno y otro; según Vigotsky es solo en este instante cuando se produce el verdadero aprendizaje, cuando el alumno se olvida de que es alumno y el profesor de que es profesor.

Y esto de enseñar y aprender, que tradicionalmente ha asociado la sociedad al contexto del aula es algo que, sin embargo, se da en multitud de situaciones que nos pasan desapercibidas: se puede aprender simpatía de una compañera de trabajo cuando la ves repartir saludos afectuosamente un lunes por la mañana; o se puede aprender a ser previsor observando a la anciana que echa el paraguas en el bolso cuando está nublado… “por si acaso llueve”; se puede aprender a ser piadoso con solo ver la sonrisa del mendigo al que le compras un paquete de kleenex en el semáforo en rojo; o a ser generoso en compañía de ese amigo que, no sabes por qué, siempre te invita al refresco cuando quedáis a tomar algo. Se puede aprender cariño viendo a papá los domingos cocinar paella para toda la familia; igual que de mi madre aprendí ese instinto de protección mezclado de narcisismo cuando me cortaba las uñas de los dedos del pie, sobre todo la del dedo pequeño, que yo no llegaba bien. Si nos ponemos a pensar en todos los momentos en que aprendemos a lo largo del día, la lista sería infinita.

Sin ir más lejos, no hace mucho aprendí lo importante que es dar las gracias, no solo (pero también) en Thanksgiving y quiero por eso dar las gracias a esa alumna que me ofreció tarta, a ese otro alumno que me dio a probar su pincho de pavo, o a quien mostró preocupación por mí cuando se sacó del bolsillo un caramelo de eucaliptus para mi tos. Gracias, también, a las señoritas de la limpieza por limpiar tan bien la pizarra los viernes, y por limpiar sin quejarse la mesa que ese niño díscolo no para de pintar; gracias a los conserjes por hacer tan pacientemente las fotocopias y a secretaría por todos los mails que me mandan para tenerme informado de las últimas novedades educativas. Gracias a los delegados, por ser responsables; y a los mediadores, por favorecer la armonía en clase; a los asistentes de inglés, que me ayudan a corregirme cuando digo alguna barbaridad en inglés; y a todos los alumnos puntuales, que sacan el material de dibujo, nada más llegar a clase; gracias a los que son educados y me respetan cuando hablo con su silencio (para que no tosa); y también gracias a los que participan, por hacer la clase más amena; a los que levantan la mano por participar ordenadamente. Y aunque me cueste un poco, voy a terminar dando las gracias a los que hablan a destiempo y no me hacen caso cuando pido silencio, porque sé, que en el fondo, lo que intentan es que deje de ser tímido, me ponga serio e imponga una autoridad, que, tal vez, estén, sin saberlo, necesitando. Así que la próxima vez que mande callar en clase, recordad que lo hago agradecidamente porque me lo pedís.

 

Gracias.

 

Comentarios: 11 (Discusión cerrada)
  • #1

    Alberto Medrano (jueves, 24 noviembre 2016 21:56)

    A tí, Paco. Gracias a tí. Por tantas cosas...
    Desde luego por esa capacidad multitarea que exhibes, que a mí me llega en forma amable y perfeccionista, pero también por una carta como ésta, que nos ayuda a ir entrando en esa verdad tan olvidada a veces, de que en la relación humana están los aprendizajes más valiosos. Celebro también que nos señales ese camino (que a veces da miedo) de borrar el límite entre el profesor y el alumno, de situarse en ese punto en el que el aprendizaje en ambas direcciones es posible. Quizá lo mejor que podemos enseñar son nuestras ganas de aprender. Yo hoy lo estoy haciendo de tí.

  • #2

    Ana de Pablo (viernes, 25 noviembre 2016 00:07)

    ¡Qué emotiva carta, Paco! Te ocupas de tus clases, de tus torneos y equipaciones y aún te quedan fuerzas para mostrar satisfacción por tu profesión y agradecimiento a quienes te rodean. ¡Qué grande eres!
    ¡Los dulces de Pilar estaban deliciosos, y además son fotogénicos!

  • #3

    josé carlos (viernes, 25 noviembre 2016)

    "El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender"
    (Montaigne)

    Muchas gracias a ti, Paco, compañero, que con esta carta y con tu actitud y tu profesionalidad no haces sino encender fuegos.
    Gracias por una carta tan luminosa; por los guiños, por la autenticidad, por la emoción, por los gestos, por la duda compartida, por la herramienta y por su sustento, por el despiste y el golpe de tiza, por el orden y la sorpresa, por la escuadra y el cartabón...

  • #4

    Graciela (viernes, 25 noviembre 2016 07:06)

    Gracias, Paco, por tu franqueza. Me emociona tu carta y me saca de la rueda de mis miedos, ilusiones, etc. y me da perspectiva.

  • #5

    Andrés Verdugo (viernes, 25 noviembre 2016 09:11)

    Qué fácil nos haces a todos ponernos en fase entre nosotros y con el alumnado creando esa atmósfera de agradecimiento y reconocimiento interpersonal. Siempre he pensado, como tu, que este mundo laboral en el que nos movemos es una constante oportunidad que el alumnado y los compañeros nos brindan para aprender y, por tanto, para estar agradecidos. En estos meses trabajando juntos, mucho por cierto, ha sido buena cosa ver eso en tu tarea diaria: una ocasión para aprender de ti y agradecerte lo que ya has regalado al Centro.

  • #6

    Chus Esteban (viernes, 25 noviembre 2016 09:14)

    Paco, gracias a ti.
    Te copio la iniciativa y yo también voy a hacer un listado de agradecimientos, menos poética (que yo soy de ciencias). A saber:
    A mis profesores, que me marcaron el compás.
    A mis padres y a mi abuela, que fueron mi escuadra y mi cartabón.
    A mis hijos, que me enseñan la realidad paralela y me dan perspectiva.
    A todos mis alumnos, que son la lámina en la que se reflejan mis aciertos y mis errores (que son muchos).
    A mis compañeros de profesión, que son el color y la armonía de esta composición.
    De todos aprendo día a día, y a todos os debo tanto que sólo puedo decir GRACIAS.

  • #7

    María Jesús (viernes, 25 noviembre 2016 15:47)

    Gracias paco soy una mama de segundo
    Gracias a ti por hacerlos disfrutar en tus clases
    Gracias a ti por disfrutar en tu trabajo que es lo más importante tener esa motivación y esas ganas espero que no la pierdas nunca

  • #8

    Daniel Huerta (viernes, 25 noviembre 2016 16:16)

    Preciosa carta, Paco. Yo quiero darte las gracias a ti porque has puesto palabras a muchos de los sentimientos que yo también experimenté el miércoles y experimento a diario en el aula.

  • #9

    Paco (viernes, 25 noviembre 2016 17:42)

    Hola a tod@s:
    Asombrado estoy de tanto revuelo como ha ocasionado mi escrito de agradecimiento. No pensaba yo que fuera a dar tanto de que hablar. Me alegra mucho haber puesto palabras a lo que nos pasa a muchos. Me llegan muy sentidos vuestros comentarios y me da pena no poder compartir más tiempo con vosotros pero es difícil a veces tomarse un respiro (menos mal que tenemos fines de semana...).
    Solo quiero deciros que es una gran satisfacción ver que tenemos tantas cosas en común los que formamos parte del profesorado (guiño a la co-educación, Pilar :D).

    El camino no ha hecho más que comenzar pero tengo muchas ganas de recorrerlo con vosotros. A algunos ya os he confesado mi sensación de estar en un oasis este año. Espero que podamos extender este espíritu al alumnado.

    Aprovecho la ocasión para que todos aquellos lectores que os hayáis sentido conmovidos, devolváis vuestra alegría votando a alguno de los dibujos de los alumnos que participaron recientemente en el concurso del diseño de un sello para correos.
    Están todos en la página 46, 47 y 48 del link siguiente:
    http://www.disello.com/es/galeria?filter=juvenil#page-47

    Un abrazo con bossanova.

  • #10

    Ana (sábado, 26 noviembre 2016 23:59)

    Buenas noches Paco,
    Soy una madre de segundo, y quería decirte que has escrito una carta preciosa y llena de sensibilidad.
    Transmite pasión y motivación por tu trabajo y estas dos cosas llegarán a todos los alumnos antes o después.
    Gracias, ha sido una carta conmovedora

  • #11

    Víctor Manuel (sábado, 17 diciembre 2016 11:22)

    Una carta muy emotiva Paco, ojalá sepas transmitir todo lo que plasmas en esta carta a todos y cada uno de tus alumnos en clase, pues el proceso de adaptación de un nuevo proyecto tiene que ser flexible por las dos partes, y que las dos se enriquezcan por igual en ambos sentidos, dales conocimientos y cariño , y ellos te responderán con ese mismo cariño y trabajo multiplicado por cien. Accion- Reacción querido Paco. Felices fiestas.